KLOPP


 

PABLO NERUDA

 Hoy dejadme

a mí solo

ser feliz,

con todos o sin todos,

ser feliz

con el pasto

y la arena,

ser feliz

con el aire y la tierra, ser feliz,

contigo, con tu boca,

ser feliz.

Hannah Arendt

“Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras.”

FERNANDO PORTOLÉS REBOUL

 Los ojos somnolientos se me abrieron de golpe. La vista se me quedó clavada en una fotografía del diario digital que estaba leyendo. Era tarde y el insomnio me había llevado hasta allí. Leí la noticia que acompañaba a la imagen y se me puso un nudo en la garganta. Volví a mirar la foto. No tuve ninguna duda. Era él.

La ciudad amortiguaba ya sus ruidos y mi memoria viajó en el tiempo, como tantas veces, a los días de colegio.
El patio era de tierra. Había junto a un muro un charco de agua negra que no se secaba nunca. En los recreos, unos destrozaban los zapatos jugando al fútbol y otros se sentaban en los bancos, atentos al vuelo de las faldas de las niñas que saltaban a la goma. Si a alguna se le levantaba más de la cuenta, el banco se llenaba de risitas y codazos.
Pero a mí no me gustaba aquel patio. Mi tendencia solitaria provocaba que los líderes del grupo -altos, guapos y jactanciosos- vinieran a reírse de mí, inventando insultos supuestamente ingeniosos con mi apellido. Yo aguantaba el tipo como podía.
Pero entonces aparecía Mateo.
Se interponía entre ellos y yo y decía con los dientes apretados y los ojos entornados:
- Dejadle en paz.
Todos se callaban, se miraban un momento y se daban la vuelta. Se marchaban mientras seguían lanzando burlas al aire para disimular su humillación.
Mateo era de mi clase. No era un chico corpulento. Muy al contrario: era delgado y fibroso, como de alambre. Tenía el pelo negro y ensortijado y un diente partido. Encima del labio superior le asomaba un bozo juvenil, como dibujado a carboncillo.
Vivía muy cerca del colegio, en una casita baja de la Colonia Iturbe. Recuerdo que tenía un dálmata precioso. Estilizado y guapo.
Un día Mateo no vino al colegio.
- Ayer un coche atropelló a Tizón - me dijo su vecino Molina, que era de un curso superior - No le pudieron salvar.
Al salir de clase fui a verle.
- Está en el patio de atrás - me dijo su madre con la voz cuarteada. Toda la casa olía a tabaco.
Mateo le daba patadas a un banco de piedra con los dientes apretados y las manos en los bolsillos.
- Hola, Porto - me dijo cuando me vio.
Se sentó en el banco y yo con él. Estuvimos allí sin hablar hasta que casi se hizo de noche. Después me fui.
- Gracias - me dijo levantando una mano cuando ya salía.
Un día me trajo una navaja pequeña y me la quiso regalar.
- Es de monte, para que te defiendas si no estoy yo - me dijo.
Aquello me asustó un poco.
- No, no... - le dije. No insistió. Cerró la navaja y se la guardó en un bolsillo.
Cuando acabó el colegio, dejé de verle. Alguien me contó que se había ido a trabajar de mecánico con su tío. Y aunque no volvimos a hablar, siempre guardé su recuerdo en un rincón luminoso de mi memoria.
Volví a leer el titular de la noticia.
"Detenido en Madrid Mateo R. D., peligroso delincuente con numerosos antecedentes de robo con violencia".
Cerré el portátil y salí a la terraza, atrapado en la desconcertante contradicción de la naturaleza humana. Me preguntaba cómo podía la vida tejer estas paradojas tan insoportables.
Miré alrededor. Los edificios se punteaban de luces.
Pensé que los recuerdos nos pertenecen. Son pequeñas cajitas de regalo guardadas en un baúl. Y en mi memoria había una con el nombre de Mateo. Y dentro, todas las veces que me salvó.
Así que cerré la cajita y la guardé arriba, en el maletero. Lejos de todo. En el lugar de las gratitudes clandestinas.
Buen fin de semana a todos.

LOS VIEJOS, COMO YO

Los viejos, como yo,
andamos como los cangrejos,
hacia atrás y removiendo viejas historias.
Vivimos pensando que nos morimos
y nos moriremos pensando
que lo pudimos haber hecho mejor...

 

FERNANDO PESSOA


 

ALBA FLORES


 

QUE TE DESPEINE LA VIDA

Que te despeine la vida,

que te alborote el pelo,

que te remueva los rizos del cabello,

que te haga tanto reír como

llorar,

que te de un beso y un abrazo amigo

o que simplemente te diga:

¡TE QUIERO!.

Que te despeine la vida

que te despierte de madrugada,

que te regale sueños y te obsequie deseos,

que extienda su mano suave de terciopelo,

que te sonría en las noches de luna llena

y que no sé olvide

de que gracias a tí y también a ella,

la vida sigue y seguirá
fluyendo.

Virginia Woolf

"Y de repente, te das cuenta de que las pequeñas cosas importan. No éxito, no riqueza, no apariencias. Son las sonrisas inesperadas, las miradas silenciosas, los actos de bondad que calientan el corazón. En la quietud de esos momentos, encontramos el significado de la vida, algo que los mayores triunfos nunca podrán darnos".


PROYECTOS

 Sí, lo sé

hay días y días

tal y como hay noches en que nunca se hace de noche

y porque a su cita faltó la luna

y sin luna no hay noche

o por lo menos

no será una noche que merecezca la pena.

Yo, desde luego sin luna 

no sería nada

sería como mucho, un proyecto de lo que podía ser

o de lo que pude haber sido

y porque los proyectos, en su mayoría,

se quedan en proyectos olvidados por el autor

que sí, que en sus tiempos significaron mucho

pero que poco a poco

fueron perdiendo valor

y hasta quedarse en el fondo de un cajón.


HAY MÁQUINAS...

Hay máquinas del tiempo que además del paso del tiempo miden el destiempo y también, las ganas de querer...