Gioconda Belli | Fragmento de “Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres".

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.
II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
conque yo estaré al lado suyo.
III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.
IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo. (…)
IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos”.

UN PEDAZO DE NADA (Juan J. Millás)

Estamos sucediendo todos los segundos, todos los minutos, todos los días, todas las semanas, todos los meses, todos los años de nuestras vidas. Cada latido de la sangre es un suceso; cada respiración, un acontecimiento; cada parpadeo, una aventura. ¿Cómo averiguar si llegará el siguiente parpadeo, si sobrevendrá la respiración sucesiva, si comparecerá el próximo latido? ¿Quién sabe, cuando se mete en la bañera, si volverá a salir de ella? Se me ocurre esto mientras subo las escaleras porque el ascensor está averiado. El esfuerzo me hace consciente de la condición accidental de la existencia, de la calidad de peripecia de todas las biografías. Entonces suena el móvil. Es un señor que me ofrece gigas sin límites a un precio de risa.
- ¿Quiere usted decir gigabytes? -pregunto.
-Eso es, gigabytes
-Estoy subiendo unas escaleras -le digo.
-Pagará menos de la mitad de lo que paga ahora -insiste.
Cuelgo y continúo mi ascenso pensando ahora en este comercio nuevo, el de los bytes, de los que hablo a veces sin saber nada de ellos, más allá de que constituyen una unidad de almacenamiento. ¿De almacenamiento de qué? De datos, supongo.
Me parece mentira que las compañías telefónicas se hagan millonarias con la venta de esa cosa inmaterial. ¿Dónde adquieren los bytes estas compañías? ¿O los cultivan ellas? ¿Podría yo tener un huerto de bytes como el que tiene un huerto de lechugas?
De modo que una unidad de almacenamiento. ¿Podríamos decir que un byte es un cofre digital, un joyero en el que guardar nuestras riquezas virtuales? Soy capaz de imaginar el tamaño de una botella de un litro, pero ignoro cómo representarme un byte. O un gigabyte, que son mil millones de bytes.
Acabo de llega al sexto piso casi sin darme cuenta, enredado en estos pensamientos. Pero respiro mal. Y ahí es donde caigo en la cuenta de que estoy sucediendo, de que soy un suceso que en cualquier momento puede dejar de suceder. Una ocurrencia que en cualquier momento puede dejar de ocurrir. Una mota de polvo llevada por el aire. Un pedazo minúsculo de nada. Suena otra vez el móvil, pero no lo cojo.

¿DE DONDE VIENE EL MUNDO?.

Es una buena pregunta que parece un poco de pardillo, pero que en realidad no lo es tanto.
El mundo viene de donde quiere venir y de como más te guste a tí. La cuestión es unir el pasado a tu futuro, es darle la forma adecuada, es darle un sentido y para ello puedes partir del principio del origen del todo o coger de unos años para aquí (por ejemplo, desde el año de tu nacimiento) o desde donde te salga de los cojones u ovarios... pues la cuestión final es la misma y es que el mundo puede ser una mierda o puede ser una maravilla. Vamos, que saber de donde venimos no nos va a dar la solución de nuestro futuro y si la fuera, pues para eso están las mentes calenturientas que se dedican a interpretar el origen del mundo y los principios de nuestra historia.
Yo quiero decir... que está muy bien analizar el pasado, pero sin olvidar el presente y lo que nos queda por delante.
Y no es que me ponga en plan flamenco y que me importe una mierda nuestra procedencia, pero a lo que no estoy dispuesto es que las tradiciones se conviertan en nuestras cadenas humanas e inhumanas.
Si hay que romper con todo, se rompe, si hay que destrozar los prejuicios, se destrozan sin dejar ninguno a flote y entonces vendrán otros tiempos futuros que seguramente no conocemos y me temo que viendo como van las cosas, ni conoceremos. Pero en sí, la duda sobre nuestro futuro es buena, la duda nos hace avanzar.
Pues resulta que en la sociedad en la que vivimos, la duda no está permitida o está infravalorada. Ser un tío seguro por fuera y aunque por dentro estés temblando como un junco en un temporal, tiene un valor casi absoluto y serás calificado como una persona frágil y débil (y eso socialmente está castigado).
Entonces, si estás seguro de ti mismo y te basas en el pasado ciegamente, serás la hostia bendita y serás el puto rey de las tradiciones más ancestrales. Yo odio (odio...de esa manera que al final no es la palabra exactamente apropiada) a los que interpretan el mundo basándose en que siempre se hizo así y toman ese hecho como una verdad inamovible y como si fuera un acto de fe.
Que nadie se sorprenda con que en estos tiempos negros en que vivimos resurjan los odios racistas más profundos, las envidias más cochinas, las patrias feudales con sus castillos medievales y por supuesto que se imponga de nuevo la Santa Inquisición y empiecen a rodar cabezas.
Lo antiguo, siempre hay que verlo desde una perspectiva de que fueron otros tiempos y que haremos lo que sea para extraer de ellos lo mejor que han tenido, pero eso sí, a la vez repudiando lo malo y lo peor.
Cosa que no hacen los yidahistas y católicos y protestantes más ortodoxos o los mismos evangelistas de los cojones, pues ellos sólo quieren volver a lo más oscuro y más primario de nuestro pasado. Y eso a mi personalmente, me resulta cuando menos que aterrador.

SALVADOR NIEBLA

No voy a callarme.
He pasado unos días de vacaciones con mi hija Noora. Días para disfrutar, desconectar, pensar y coger aire.
Al volver a casa he podido leer algunos de vuestros comentarios en mis posts.
Y a quienes vienen a mi muro a despotricar, a insultar, a decir barbaridades o simplemente a intentar que me canse de compartir mis pequeñas reflexiones, solo quiero decirles una cosa:
No me conocéis...
Si pensáis que unos cuantos improperios van a conseguir que deje de escribir, vais a tener que esperar sentados.
Estos días hay muchas noticias sobre las que podríamos hablar, pero hay una que me ha producido especialmente tristeza y preocupación: los últimos resultados del Informe PISA, publicados por la OCDE en septiembre de 2026.
Y los datos son demoledores.
España ha obtenido sus peores resultados históricos en PISA: 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Desde la anterior evaluación de 2022 hemos perdido 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias.
No estamos hablando de fútbol. No hablamos de banderas, de escaños ni de quién gana el próximo debate televisivo. Estamos hablando del futuro de nuestros hijos.
Y ante semejante fracaso, ¿quién asume responsabilidades?
Durante más de cuatro décadas, PP y PSOE se han alternado en el Gobierno de España. Con acuerdos, apoyos o cesiones a diferentes fuerzas políticas, incluidas los nacionalistas, para cambiar nuestro sistema educativo nueve veces en 40 años...Algo inaudito.
Y nosotros tampoco podemos mirar hacia otro lado: también los hemos votado.
Gobiernos de un color y de otro han utilizado demasiadas veces la educación como terreno de batalla ideológica. Mientras discutían, reformaban y contrarreformaban, nuestros hijos seguían entrando cada mañana en las aulas. Y ahora llegan los resultados.
No podemos normalizar el fracaso.
Por eso, hoy quiero contestar por primera vez a algunos de los improperios que dejáis en mi muro.
No dejaré de escribir.
No dejaré de gritar que representáis, en demasiadas ocasiones, la guinda de la estulticia.
No dejaré de denunciar las injusticias que algunos defendéis, por mucho ruido que hagáis.
Y la izquierda tampoco debe amedrentarse.
Tenemos que dejar de actuar como si la extrema derecha representara a una mayoría social incontestable.
No. No sois mayoria. Ni sois invencibles.
Por mas que ensuciais, en nuestros pueblos, barrios y ciudades hay mucha más bondad, solidaridad y humanidad que odio.
No dejaré de denunciar los discursos supremacistas, vengan de donde vengan y se envuelvan en la bandera que se envuelvan.
Porque antes que españoles, catalanes, vascos, andaluces, musulmanes, cristianos, ateos, blancos o negros, somos personas.
No dejaré de decir a los cuatro vientos que la ignorancia, la indiferencia y el pasotismo son el mejor oxígeno para quienes viven de enfrentar a la sociedad. Y por ello las urnas están a veces alejadas de la realidad.
Porque cuando la gente deja de informarse, otros piensan por ella.
Cuando dejamos de leer, otros escriben nuestro relato.
Cuando dejamos de votar, otros deciden nuestro futuro.
Por eso debemos leer. Informarnos. Contrastar. Escuchar. Y, sobre todo, analizar los programas políticos y preguntarnos una cosa muy sencilla:
¿A quién benefician realmente sus decisiones?
No dejaré tampoco de señalar cómo una parte del poder político y mediático ha contribuido a normalizar determinados discursos de la extrema derecha de VOX o Aliança Catalana.
Como tampoco aceptaré sin más que se presente al PP como si todas sus políticas fueran simplemente liberales y de centro, o al PSOE como si representar unas siglas bastara automáticamente para ser de izquierdas.
Las siglas no definen una política. Los hechos sí.
Y cuando gobiernan, sus decisiones muchas veces los retratan.
No dejaré tampoco de señalar las coincidencias que encuentro entre PP, Vox, Junts y PNV cuando se trata de determinadas políticas económicas o de defender sus propios intereses.
Sé que esto puede molestar incluso a algunos amigos catalanes y vascos.
Una bandera no se convierte automáticamente en política progresista.
El nacionalismo es en su ecencia profundamente conservador.
Y por mucho que un político sonría, hable nuestra lengua, agite nuestra bandera o nos resulte simpático, debemos preguntarnos siempre lo mismo:
¿A quién está defendiendo realmente?
Así que podéis ahorraros el esfuerzo de intentar cansarme.
Seguiré escribiendo.
Seguiré equivocándome.
Seguiré rectificando cuando sea necesario.
Seguiré leyendo.
Seguiré aprendiendo.
Y seguiré diciendo lo que pienso.
Con los años he aprendido a saltar obstáculos y a hacer algún que otro quiebro. Y, sobre todo, he aprendido algo mucho más importante: cada día sé un poco más de todo lo que todavía me queda por aprender.
Si no os gustan mis escritos, la solución es muy sencilla:
No los leáis. Nadie os obliga.
Pero no vengáis a mi muro a insultar ni a hacer proselitismo pensando que vais a imponer vuestra verdad a gritos.
Podemos discrepar.
Podemos discutir.
Podemos incluso estar en las antípodas ideológicas.
Pero el respeto debe ser la frontera.
Mi padre me enseñó hace muchos años una máxima muy sencilla que intento no olvidar:
«Lo que no quieras para ti, no lo quieras para los demás».
Yo seguiré mi camino. Vosotros sois libres de seguir el vuestro.
Pero no esperéis que me calle.
Porque todavía quedan demasiadas cosas por decir...

Elvira Sastre

 "La felicidad es tan sencilla...

¿Por qué nos empeñamos

en volverla inalcanzable?

Son los pequeños gestos,

los detalles,

los que completan el dibujo."


MANUEL VICENT. "LÍDERES"


 

NORBERTO BOBBIO


 

ÉRAMOS

No cabíamos todos en aquél tugurio donde nos reuníamos
éramos pocos pero parecíamos muchos,
íbamos sobrados,
invencibles, intocables,
sobrepasados e ingobernables,
Éramos pocos pero hablábamos mucho
y ladrábamos más...pero mucho más...
y ahora, el paso del tiempo
nos ha enterrado por lo menos, parcialmente
y sólo han quedado las cenizas de aquella hoguera...
pero que igualmente, han dejado su huella impresa.

MIRADME BIEN

Miradme bien...
yo estoy aquí,
no soy de aquí pero aquí estoy...,
en realidad...
soy de otro lado, soy de otro sitio,
soy de la otra mitad del mundo por donde se pone el Sol,
ahora en donde vivo,
estoy muy cerca de donde sale el Sol
y antes, era de los que acostaba el Sol en su cama...
y siempre lo acostaba con mis maravillosas Islas Cíes.
Miradme bien...
soy extraño porque extraños son mis pensamientos,
pero tengo carne, tengo fuertes tendones,
tengo músculos y muchas historias por contar,
sí y ya sé, que alguien me va decir,
tío estás viejo para estos cuentos tan de héroe venido a menos...
y es verdad, estoy viejo y a mucha honra
y joder y joder y joder...
estoy viejo porque me toca estar viejo
y ¿qué pasa?
y estoy viejo pero antes era puro veneno,
más o menos como ahora,
sólo que ahora mi veneno está más viejo,
pero no menos eficaz y mato cuando tengo que matar
y vivo cuando quiero vivir
y no hiero si no quiero herir
y hasta puedo dormir sobre un palo de un gallinero.
Miradme bien...
yo fui guerrillero y luchador de calle
por donde pasaba, era como Atila en sus mejores tiempos
y a mi paso quedaba todo arrasado y bien quemado,
pero semejante historia duró (y menos mal),
duró, unos pocos años
después, me hice médico todoterreno
y lo mismo servía para un grano en el culo
que para un Golondrino en el sobaco más sudado,
me hice hombre y de pelo en pecho
y no sé...
y miradme bien
yo estoy aquí
y podía estar en otro sitio,
tengo ese poder en mis dedos,
con el anular me traslado a la Sierra de Cádiz
y con el índice tengo mis pies en mis rías gallegas,
es lo que tiene tener esos poderes
y yo estoy aquí,
pero podía estar en Vigo o en Cádiz
o atravesando los Montes Urales
¿que no me creéis?
pues miradme y miradme bien
porque en éste momento estoy pasando por alguna ventana,
no sé, miradme bien
y me veréis pasar al otro lado del cristal.

DE ENTRADA...

De entrada...yo soy amable
o esa es mi primera intención
de salida...puedo parecer imbécil,
pero arrepentíos...acólitos de Satanás o del diablo,
¡no lo soy!
y aunque me he pasado media vida,
queriendo tener ese título tan satánico y tan merecido,
sólo pasa que al final resulta que soy
un ser humano sin cuernos, ni rabo,
y ni rosmo, ni muerdo
sólo soy un ser que come con los dedos
que beso con los labios descarnados y macerados,
que quiero con el ansia que te da el querer
y para que al final,
me caiga rendido a los pies de la diosa impotencia,
y es que debo ser tan humano
cuando puedo volar en picado
y cuando puedo sentir como me duele la vida,
y tal y como ahora, me está doliendo...

MINIMALISTA DE LAS PALABRAS

Decir en 3 o 4 palabras
lo que se podría decir en 16,
esa es mi meta,
es una de mis metas,
...escribir poco
y al mismo tiempo decir mucho...
pero es de suponer
que todos, sin excepción,
tenemos la misma o parecida idea.
O sea, ojalá pudiera ser
un minimalista
de las palabras.

Rosette Poletti

  "Cuidar de si mismo, es escucharse es escuchar lo que vive en el fondo de nosotros, es descubrir esa llama que necesita ser nutrida, ...