LIMONES Y JUDÍAS

 

Os puedo preguntar una cosa...

¿Que váis hacer con mi cuerpo?

que se puede hacer con él para sentirme útil en el otro lado

quemarme y hacerme cenizas, no es una opción

a no ser que las cenizas sirvan de abono

y encima de ellas, se plante un limonero.

En casi todas mis casas

siempre hubo un limonero

alguno con más limones que otro

así como hubo otros que inundaron mi olfato de azahar 

y claro y de vez en cuando

había que hacer limonadas

y para eliminar el exceso de limones

y porque había veces que convivir con tanto limón

me saturaba y sólo pensaba que otra cosa podía hacer 

aparte de hacer zumo de limón.

Las limonadas estaban muy bien

pero con el desayuno, con la comida,

con la cena y en la merienda

era demasiado para mi pobre cuerpo.

Había que regalar limones

llevar bolsas llenas de limones

y repartirlos en el curre

o en una comida de trabajo

o en una cena familiar

y porque ante todo la familia

se merece mis limones.

De pequeño esto que os estoy contando

me pasaba con las judías

y llegaba el mes de las judías

y había que comer judías todos los días

tortilla de judías, judías cocidas con patatas,

pastel de judías

judías con huevos fritos

judías de mañana, al mediodía

y por la noche

judías obsesivas compulsivas

que inundaban mi alma y mi mente.

Y llegó un momento en que las odié

no las soportaba

era una tortura alimentaria

que me hacía odiarlas más.

Años después, 

de todo esto me curé

y pude volver a comer judías

y acompañadas de unas exquisitas limonadas.














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Karmelo C. Iribarren.