[EL BESO] Julio Cortázar

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Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

LAS 6 DE LA MAÑANA...


Las 6 de la mañana...abro un ojo y sigo durmiendo.
A las 8 suena el despertador con todo su estruendo,
lo miro de reojo
mientras me digo...
hoy es domingo
además, hoy no trabajo
y lo único que tengo que hacer
es escribir
y no quiero entrar en la lista pendiente de mis tareas domésticas,
a esa hora me niego,
y aún así y todo,
seguro que me sobran horas
para tocarme los huevos a dos manos
(pienso para relajarme un poco más).
Y en el último momento
se suma el ruido de la lluvia
y entonces,
ya me siento dotado con todos los argumentos
para apagar el despertador
y dejar la cuestión del despertar
en manos del destino...
A las 9 de la mañana abro los dos ojos
a los dos minutos estoy sentado en la cama
y a las 9 y cinco tengo los dos pies en el suelo,
afuera, sigue lloviendo y con todo su descaro,
día oscuro y nublado
hasta yo me siento nublado,
bajo al baño,
y tengo que encender las luces,
se hace de noche en pleno día,
aún bajo un piso más en mi casa
(tiene tres alturas o dos pisos,
aparte de un sótano)
y me presento en la cocina,
me hago un sabroso desayuno,
que a su vez lo subo a mi sitio de ser y de estar
y de ser yo mismo
abro el ordenador,
leo lo que hay sobre el coronavirus en el mundo,
mientras como y bebo un delicioso café,
ahora, oigo un clink que no identifico,
hasta que el clink se hace más continuo
y eso enciende mis alarmas,
entonces localizo una pequeña gotera,
que me hace pensar
que debe de ser como las que tengo dentro de mi cerebro,
pequeñas pero que varias juntas,
crean fuertes hemorragias,
pienso que voy a poner un periódico en el suelo
para que se seque el charco
y que no me joda la madera del suelo,
al mismo tiempo me digo
que menos mal que aquí llueve muy poco,
a mi edad no me atrevo a subir al tejado,
en lo físico me atrevo mucho menos que antes,
en lo psíquico me pasa al revés,
me siento más intrépido y más atrevido que nunca...
me pongo música
y para calmar a mi fiera
(la que llevo dentro)
y poco a poco voy entrando en una especie de trance,
pero sigo leyendo
ahora leo a otros poetas,
y para ver si alguno de ellos
tira de mi hilo poético
y entonces empiezo con éste poema,
y ahora estoy buscando su punto final
y es que a veces,
es más difícil dar el punto final y definitivo
a algo que ha empezado en plan espontáneo.

DUDÉ UN DÍA

Un día dudé y miré a los ojos de mis compañeros. Ellos me dijeron...que adelante, que todo duele, pero que el fin merecía la pena. Más adelante, en un día gris otoñal, volví a dudar y ésta vez lo hice con más fuerza y de nuevo busqué los ojos amigos, los ojos que me dieran de nuevo, la respuesta y los miré y esos ojos yacían vencidos y muertos, y entonces ya no tuve que preguntar nada. Guardé mi ideario revolucionario en un rincón de mi ático.
Pasaron los años y de vez en cuando me asaltaba la duda, pero me faltaban el valor y el poder de aquellos ojos amigos. Así pasó el tiempo, hasta que un día de primavera, noté que la duda me atravesó como un rayo y tuve que desempolvar mi viejo ideario, aún no sé el porqué, ni el como y creo que no lo sabré nunca, pero el ideario estaba igual que como lo había dejado, con muchas ideas pero en un orden descuidado y caótico. Entonces me puse a leerlo y la duda me volvió de nuevo, la duda siempre pendiente. Al final de darle lectura, lo primero que hice fue buscar los ojos de mis compañeros y de nuevo no estaban, pero sí que estaban los míos.

Así que por fin entendí el mensaje: no tenía que esperar los ojos de nadie, sólo tenía que mirarme en el espejo y ver mis ojos claros. Y así es como empecé de nuevo mi vieja tarea pendiente. Yo era el que tenía que darme la vuelta y revolucionarme por dentro y eso hago ahora y en cada instante de mi vida. La otra, la revolución social aún está ahí, delante de mí, y no creo que yo la viva. De todas formas sigo buscando otros ojos iluminados, pero ello ya no me obsesiona, pues sé que algún día los encontraré y entonces ese día empezaremos de nuevo el camino hacia esa revolución pendiente y no me pidáis que os la defina y concrete, pues eso rompería todo su encantamiento. Un sueño es un sueño y por tanto es sólo un deseo que cuando se concreta demasiado pierde casi toda su magia. Aunque a éstas alturas, donde los años pasan más rápidos que los días, nuestra revolución pendiente va a ser dentro del geriátrico.
Desde ese dia, que no fue hace mucho, apenas hace un año, yo ya soy otro y puedo verme todos los dias en el espejo y disfruto con mi nueva compañera de viaje, la vida. Ahora la vida me está enseñando a sentir a cada instante, a acariciar y ser acariciado, a dar un beso y recibir muchos, a ser sincero y que los demás me entiendan y sobre todo me ha enseñado a participar con ella y de ella, a compartir, a amar, y a ser partícipe activo, que no pasivo. Por eso mi mensaje, ahora es abierto y sincero, y por eso os tengo algo que decir: la vida la cojes o la dejas, pero si la cojes, aunque ya te parezca tarde, cójela hasta exprimirla la última gota de su savia. De verdad que merece la pena.

LO EVIDENTE


A veces cambia lo evidente

y lo que estaba perfectamente demostrado

se queda corto o pasa de largo

o da un giro copérnico 

y entonces, se demuestra lo contrario.

SOY...


Soy más carne que hueso,
soy más alma que cuerpo,
soy más puro que impuro,
soy más volátil que duro,
soy de las dos partes...,
la lúcida y nítida
y la negra y oscura,
y entre ellas, no hay fronteras...
y una, entra en la otra
y la otra, envuelve a la una
y mi cuerpo es su coraza
y mi alma es su latido...
Todas las reaccione

Antonio Buero Vallejo


 “En el mundo todo es señal, amigo mío. El azar no existe”.

AQUÉL HERMOSO PUEBLO

 

Era de noche,

todo estaba oscuro y cerrado,
aquél pueblo tan admirado por su extraordinaria belleza,
era una sombra de lo que para mí había sido,
visto así, desde dentro de sus entrañas,
era una visión tétrica y con demasiadas telarañas,
tú allí sólo y en aquél edificio sin sustancia,
feo y frío,
y en medio de aquel destartalado descampado,
lejos del centro del pueblo
y más cerca del polígono industrial,
no sé, visto así,
pensaba que debería acogerme a la suerte
y cruzar los dedos unas cien veces,
y esperar que no pasara nada,
dormir con un ojo abierto
y con el otro medio cerrado,
mientras el viento golpeaba con saña una ventana
y yo pensado que alguien golpeaba en la puerta,
frío en el aire ambiente,
frío por mis adentros,
frío en mis peores enemigos, los miedos,
frío por las calles solitarias y húmedas,
frío en aquél centro de salud
que se parecía más a un esqueleto de un muerto,
y yo era su médula espinal
y de noche, su único habitante,
frío, más frío,
mucho miedo,
a veces pavor y temor,
ruidos,
pequeños ruidos,
ventanas, puertas que chirriaban,
silbidos de viento,
timbres dentro de mi cabeza
y vueltas y más vueltas en aquella cama de mierda
y las 2 y las 3 y las 4 y las 5
y a las 7 de la mañana me decía a mi mismo
¡que bien! sólo queda una hora
y tanto fue el cántaro a la fuente
que una noche casi me parten la cara,
un desalmado y borracho hasta las trancas,
llamó a aquél maldito timbre
y serían las 4 de la mañana,
eran dos, dos pintas puestos hasta las cejas,
y nada más abrir la puerta,
me empujaron brutalmente a un lado
y empezaron a romperlo todo
y porque sí y por sus cojones,
y cuando se aburrieron de romper cosas
dirigieron sus miradas etílicas hacia mi,
y yo claro, pies en polvorosa y pies para que os quiero
y corriendo todos los pasillos del centro de salud
y hasta que me fijé en una ventana que estaba medio abierta
y por allí me colé como una sabandija por una rendija
y aquél penoso descampado que rodeaba al centro de salud
me pareció un territorio lleno de amor y gloria...
desde esas, 
nunca me dejaron trabajar sólo en la noche,
claro, tenía que pasar algo y pasó
y eso que tuve la suerte de haberme librado por los pelos,
pero ya véis, 
a pesar de todo sigo vivo y coleando,

pues tengo 7 vidas co
mo las que tiene un gato.

POR UN DÍA ME VOY A OLVIDAR DEL PUTO VIRUS (Tiempos de Pandemia)

 

Por un día me voy a olvidar del puto virus,
como decía el Boris Jonhson a sus conciudadanos,
olvidémonos de su existencia,
salgamos a los parques, calles y plazas,
ciudadanos no cortaros de salir y de retozar al sol que más calienta
hermanos...disfrutemos de lo que tenemos,
porque somos británicos y somos un pueblo poderoso y aguerrido,
y así fue
y hasta que un puto virus se le coló en el pecho
y entonces, 
el Boris se puso de color cereo tipo vela de cementerio
y casi se le apaga del todo la mecha,
pero como les pasa a casi todos los populistas baratos,
que casi siempre tienen la suerte de cara
y va el puto virus y acabó perdonándole la vida,
se paseó por sus pulmones,
anidó en sus alveolos,
hasta que el virus se acabó dando cuenta
que no podría anidar 
dentro de un animal con un cerebro tan primario
y es que el Boris, como el Putin de los cojones
o como el Trump o el Bolsonaro o el Maduro
o el de México o el de Jamaica o el de las islas Fiji,
todos tienen un común que les puede el populismo,
tiene sangre de horchata
y piel de encantadores de serpientes,
mudan la piel y de palabras,
las cambian y con ellas hacen himnos patrios
y ponen una bandera delante
y gritan
¡todos por la patria!
y mientras se sigue muriendo gente.



CUENTOS EN VERSO PARA NIÑOS PERVERSOS 2 (Roald Dahl).


LOS TRES CERDITOS
El animal mejor que yo recuerdo 
es, con mucho y sin duda alguna, el cerdo.
El cerdo es bestia lista, es bestia amable,
es bestia noble, hermosa y agradable.
Mas, como en toda regla hay excepción,
también hay algún cerdo tontorrón.
Dígame usted si no: ¿qué pensaría
si, paseando por el bosque un día,
topara con un cerdo que trabaja
haciéndose una gran casa... de PAJA?
El Lobo, que esto vio, pensó: Ese idiota
debe de estar fatal de la pelota...
¡Cerdito, por favor, déjame entrar! .
¡Ay no, que eres el Lobo, eso ni hablar!
¡Pues soplaré con más fuerza que el viento
y aplastaré tu casa en un momento!
Y por más que rezó la criatura
el lobo destruyó su arquitectura.
¡Qué afortunado soy! ‑pensó el bribón.
¡Veo la vida de color jamón!
Porque de aquel cerdito, al fin y al cabo,
ni se salvó el hogar ni quedó el rabo.
El Lobo siguió dando su paseo,
pero un rato después gritó: ¿Qué veo?
¡Otro lechón adicto al bricolaje
haciéndose una casa... de RAMAJE!
¡Cerdito, por favor, déjame entrar!
¡Ay no, que eres el Lobo, eso ni hablar!
¡Pues soplaré con más fuerza que el viento
y aplastaré tu casa en un momento!
Farfulló el Lobo: ¡Ya verás, lechón!
y se lanzó a soplar como un tifón.
El cerdo gritó: ¡No hace tanto rato
que te has desayunado! Hagamos un trato.
El Lobo dijo: ¡Harás lo que yo diga!
Y pronto estuvo el cerdo en su barriga.
No ha sido mal almuerzo el que hemos hecho,
pero aún no estoy del todo satisfecho,
‑se dijo el Lobo‑. No me importaría
comerme otro cochino a mediodía.
De modo que, con paso subrepticio,
la fiera se acercó hasta otro edificio
en cuyo comedor otro marrano
trataba de ocultarse del villano.
La diferencia estaba en que el tercero,
de los tres era el menos majadero
y que, por si las moscas, el muy pillo
se había hecho la casa... ¡de LADRILLO!
¡Conmigo no podrás!, exclamó el cerdo.
¡Tú debes de pensar que yo soy lerdo!
‑le dijo el Lobo‑. ¡No habrá quien impida
que tumbe de un soplido tu guarida!
Nunca podrás soplar lo suficiente
para arruinar mansión tan resistente,
le contestó el cochino con razón,
pues resistió la casa el ventarrón.
Si no la puedo hacer volar soplando,
la volaré con pólvora... y andando,
dijo la bestia, y el lechón sagaz
que aquello oyó, chilló: ¡Serás capaz!
y, lleno de zozobra y de congoja,
un número marcó: ¿Familia Roja? .
¡Aló! ¿Quién llama? ‑le contestó ella‑.
¡Guarrete! ¿Cómo estás? Yo aquí, tan bella
como acostumbro, ¿y tú? Caperu, escucha.
Ven aquí en cuanto salgas de la ducha.
¿Qué pasa?, preguntó Caperucita.
Que el Lobo quiere darme dinamita,
y como tú de Lobos sabes mucho,
quizá puedas dejarle sin cartuchos.
¡Querido marranín, porquete guapo!
Estaba proyectando irme de trapos,
así que, aunque me da cierta pereza,
iré en cuanto me seque la cabeza.
Poco después, Caperu atravesaba
el bosque de este cuento.
El Lobo estaba en medio del camino, con los dientes
brillando cual puñales relucientes
los ojos como brasas encendidas,
todo él lleno de impulsos homicidas.
Pero Caperucita ‑ahora de pie
volvió a sacarse el arma del corsé
y alcanzó al Lobo en punto tan vital
que la lesión le resultó fatal.
El cerdo, que observaba ojo avizor,
gritó: ¡Caperucita es la mejor!
¡Ay, puerco ingenuo! Tu pecado fue
fiarte de la chica del corsé.
Porque Caperu luce últimamente
no sólo dos pellizas imponentes
de Lobo, sino un maletín de mano
hecho con la mejor... ¡PIEL DE MARRANO!

CUENTOS EN VERSO PARA NIÑOS PERVERSOS 1 (Roald Dahl).


CAPERUCITA ROJA Y EL LOBO.
Estando una mañana haciendo el bobo,
le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
"¿Puedo pasar, Señora?", preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando "¡Este me come de un bocado!".
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
"Sigo teniendo un hambre aterradora"...
¡Tendré que merendarme otra señora!"
Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
gruñó con impaciencia aquella fiera:
"¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva!"
-Que así llamaba al bosque la alimaña,
creyéndose en Brasil y no en España-.
Y porque no se viera su fiereza,
se disfrazó de abuela con presteza,
se dio laca en las uñas y en el pelo,
se puso la gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó por fin Caperu a mediodía
y dijo: "¿Cómo estás abuela mía?
Por cierto,¡me impresionan tus orejas!"
"Para mejor oírte, que las viejas
somos un poco sordas". "¡Abuelita,
qué ojos tan grandes tienes!". "Claro, hijita,
son las lentillas nuevas que me ha puesto,
para que pueda verte, Don Ernesto
el oculista", dijo el animal
mirando con gesto angelical
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el rancho precedente. De repente
Caperucita dijo: "¡Que imponente
abrigo de piel llevas este invierno!"
El Lobo, estupefacto, dijo: "¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo...? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa".
Pero ella se sentó en un canapé
y se sacó un revolver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y -¡pam!- allí cayó la buena pieza
Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el Bosque...¡Pobrecita!
¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?
Pues nada menos que un sobrepelliz
que a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.

YO CREÍA EN UN AMOR UTÓPICO


Yo creía en un amor utópico,
corto, evanescente,
amor de un día, de un mes,
de un año, de una década
de lo que dura una pila alcalina,
un amor que siempre se va
y que muy pocas veces, vuelve.
Mi concepto de amor, era y es así,
transitorio,
ligero como un suspiro,
con etapas pero con un solo objetivo...
seguir queriendo
y con más intensidad, si cabe
y hasta reventar...
Pero ahora me he quedado sin argumentos
ahora me falta mi compañera de viaje
y no me entendáis mal,
no estoy llorando y rogando,
tengo muy claro
que en temas de amor,
no hay que ser llorón y pedigüeño,
el tema del amor es de aparición súbita
y repentina,
una mañana te levantas
y a la vuelta de la esquina,
está el amor,
está el amor esperándote
o no y porque a veces asoma la cabeza
y al ver lo que hay
simplemente se esconde
y eso te hace pensar que...
habrá otro momento
y puede ser en otra esquina
o en otra calle
o en una estación de tren,
o mismo puede ser hoy que mañana,
pero en mi caso que se de prisa,
estoy entrando en esa zona prohibida para escenas de amor apasionado
poco a poco se me aflojan los tornillos,
se me descoyuntan las articulaciones
y los dolores de huesos se hacen insoportables
y antes de que me quede sin dientes,
quiero dar un beso con lengua y con dientes
y escuchar un "te quiero"...
después de ello,
ya me puedo decir
¡objetivo cumplido!.

A. Muñoz Molina, "La dama y el unicornio"

"Los gatos y los unicornios son los dos animales más hermosos que haya inventado nunca la literatura. De los unicornios, tenues criatur...