“El libro de los Baltimore”. Joël Dicker

«Somos muchos los que buscamos darle algún sentido a la vida, pero la vida solo tiene sentido si somos capaces de cumplir estos tres propósitos: dar amor, recibirlo y saber perdonar. Todo lo demás es una pérdida de tiempo.»

SPANISH REVOLUTION


 

CEUTA. La ultraderecha está presente y así, va.







 El problema ya no es la «confusión»

El domingo, decenas de personas atacaron en el puerto de Ceuta el coche en el que viajaban la diputada Julia Ferreras, el activista Rafael Borrego y la abogada Sofía Cánovas. Lanzaron piedras y huevos, golpearon el vehículo e intentaron llegar hasta sus ocupantes. Borrego lo resumió después de salir de allí: «Nos iban a matar». Todo comenzó cuando alguien lo señaló entre la multitud: «Este es uno de ellos, es un proetarra». Se habían «confundido»: esperaban a miembros de Negu Gorriak, una organización navarra que llegaba con ayuda humanitaria para personas migrantes.
Y no es la primera «confusión». ElDiario ha documentado durante el último mes y medio en Ceuta insultos, agresiones y hostigamientos contra personas por ser migrantes, ayudarlos o simplemente parecer miembros de una ONG. Antes del ataque del domingo circuló además por grupos de WhatsApp un audio que describía falsamente a los brigadistas como «gente muy peligrosa», vinculada a ETA y dispuesta a atacar a policías y ceutíes. Cuando llegó el coche de Ferreras, algunos de los presentes ni siquiera sabían quién estaba dentro: «Eran de esos de ONG», explicó después uno de ellos.
Las agresiones tienen autores concretos y serán ellos quienes deban responder por ellas. Pero las «confusiones» empiezan a dibujar algo bastante reconocible cuando el migrante es convertido diariamente en invasor, delincuente o enemigo y quienes lo ayudan pasan a ser presentados como colaboradores de una amenaza. El diputado de Vox José María Figaredo llegó a hablar de «cazar a los inmigrantes uno a uno». Después alguien señala a una persona en mitad de una multitud y grita: «Este es uno de ellos». En Ceuta ya sabemos qué puede ocurrir durante los segundos siguientes.

Catherine Rambert

"La felicidad no es tan exigente como nosotros.

Se conforma con poco.

Es una gran silenciosa que no se deja ver nada más que en la

quietud

y en las pequeñas cosas.

Es aquel rayo de sol que se cuela

por la rendija de una puerta, es un libro abierto, una taza de

café humeante,

son críos que juegan y ríen en la calle,

es abrir los ojos y mirar.

Tal vez sea ahí.

Sencillamente ahí.

De acuerdo consigo mismo."



RAQUEL PELÁEZ


 

Christian Boltanski


 «Desde muy joven tuve la sensación de que una prenda usada, un cuerpo muerto y la fotografía de alguien eran, en el fondo, la misma cosa: un objeto que remite a un sujeto desaparecido. He comprado mucha ropa en los mercadillos. Me conmueve mucho encontrar una chaqueta tirada en la acera y pensar que perteneció a alguien, que quizá esa persona murió o simplemente dejó de quererla, y que por eso esa chaqueta se ha quedado falta de amor. Entonces uno la mira y le dice "ven conmigo". Y esa chaqueta vuelve a vivir, vuelve a tener aventuras, vuelve a ser querida.»


DAVID TRUEBA (Cineasta)


 

Fernando Portolés Reboul

- Es el abuelo - me dijo mi madre en la casa de Málaga, mientras yo señalaba una salamanquesa de ojos muy redondos y cuerpo casi blanco que nos miraba bajo el vasar de madera del comedor.
Mi hermano mayor estaba sentado a la mesa tomándose el jarabe de fresa que siempre nos preparaba la abuela. Miró hacia la repisa llena de platos de cerámica con el bigotillo blanco de la leche, y detuvo la vista en la salamanquesa, que no se había movido ni un milímetro.
- ¿El abuelo? - preguntó él, frunciendo el ceño.
- Y mi hermana Carmen - terminó de decir mi madre.
Mi abuela sonreía mientras miraba a aquel tierno bichito que se pegaba a la pared con las ventosas de sus patas.
- Los que se van vuelven siempre en forma de lagartija de plata - dijo mi abuela - A cuidarnos.
Mi hermano y yo nos acercamos a la pared y miramos fijamente al animal, que giró la cabeza muy levemente hacia nosotros al tiempo que tensaba las patas. Hubiera jurado que disimulaba una sonrisita. Yo le miraba a los ojos, que eran dos bolas negras, muy redondas y brillantes.
- El abuelo... - dije yo.
- Y la tía Carmen... - repitió mi hermano.
- Siempre están aquí, viven detrás de la nevera - siguió diciendo mi abuela - Así que cuando la veáis, no tengáis miedo.
Había olvidado esta historia de infancia hasta que mi madre encontró ayer una salamanquesa igual a aquella pegada a los azulejos de su cocina. Tenía los mismos colores e idéntica mirada a la que yo recordaba de niño. Pero esta era más grande y tenía una cola larga y lustrosa.
- Esta es más grande que la de Álvarez - le dije yo.
- Claro - me respondió mi madre - Ahora también está mamá, que viene a hacerme compañía.
Volví a aquella tarde de infancia. Intenté recordar la mirada que entonces teníamos todos. Busqué una foto de ese verano y encontré esta en el mirador del Compás, en Mijas. Se ve el mar al fondo y la costa de Fuengirola, donde los nuevos edificios empiezan a dibujar un electrocardiograma de hormigón. Entre la costa y nosotros, se extiende la vega fértil, punteada de huertas y cañaverales.
Mi abuela mira a la cámara con ojos brillantes y sonrisa disimulada. Como una salamanquesa blanca asomando detrás de un mueble.
Feliz día.

Bob Marley

"Siempre cometemos errores.
Cometemos errores por ira, por amor, por celos.
Cometemos errores para aprender pero aprende a no repetir ciertos errores.
Cometemos errores para disculparnos, para admitir nuestros errores.
Cometemos errores para crecer y madurar.
Cometemos errores porque no somos perfectos".

"Prólogo para una guerra", Iván Repila


 "Lo que no se dice, no existe. Lo que no se recuerda, no vive. Lo que no se nombra, no es".


Luis Cernuda

 “Creo en la vida,

Creo en ti que no conozco aún,

Creo en mí mismo;

Porque algún día yo seré todas las cosas que amo:

El aire, el agua, las plantas, el adolescente”.


SLAVOJ ZIZEK


 

JULIO CORTÁZAR


 

HUÍR...

Huír...
huír y callar,
huír de las malas y peores historias,
escapar del mal rollo que a veces, apesta,
del prefiero hablar antes de callar....
Huír del temblar,
del pasarlo mal,
del no saber como tragar,
del menos mal y ya veremos como va.
Porque lo que se trata es de estar y de sentir,
y del volver a estar y no tragar,
de hacer frente a todo lo que venga,
es hora de ponerse de pie,
de alzar la voz,
y todo... hacerlo con suma tranquilidad....
con dulce y agradable sosiego,
y acariciando las olas del viento
y jugar con las sombras del bien y del mal,
y dudando...
por supuesto dudando y hasta la eternidad,
y soñando...
y soñando con ser o no ser,
pero al final, siempre ser,
y existir y no perder,
y creer y creer con o sin fe,
o pensar y libre como el mar,
o querer y hasta el amanecer...
o sentir y dejarse querer...
no sé,
hay que huír pero siempre habrá que volver.

CONEXIÓN CÓSMICA

Hoy...¿cuanto tiempo dormiría?. Entre dos o tres horas como mucho y porque a las 8 a.m. salí de guardia y la noche fue de escándalo pero a lo malo. Y bueno, ahora revolotean las 12 del mediodía, hora del ángelus y de nuevo estoy entrando en barrena o en bajada criminal y asesina. Estoy en medio de los sube y baja, hace un rato estaba allí arriba y junto a las nubes y ahora, soy carne de rata de alcantarilla. Creo que estoy durmiendo despierto. Un ojo abierto y el otro cerrado. O como decía el otro, para dormir bien y de la forma más complaciente...uno se debe meter un dedo en el culo y si es el pulgar mucho mejor, es más grande y además es más agradecido. Dos putas horas de mierda y debo estar agradecido, pues pude dormir menos o no dormir nada. También podría dormir como las Gallinas cuando lo hacen en el palo del gallinero, haciendo equilibrios y de vez en cuando abriendo los ojos y por si el zorro asesino, les ataca. Aunque viendo como va el día si llego vivo hasta después de comer (lo que normalmente se llama siesta), pues la cosa ya tendría su gran mérito. Y eso que no hay tour, ni vuelta ciclista, ni giro, ni (como hoy es domingo) documentales de animales todo fieros que acechan por las estepas africanas. Al parecer las fieras descansan los domingos y fiestas de guardar.
Por cierto yo no tengo zorro que me ataque, ni zorra. Pero después de las últimas escaramuzas amorosas, prefiero no tener zorro o zorra que me ataque. Ahora, voto por mi paz interior y voto por el buen hacer de cada día. Me hice asceta y anacoreta y por lo tanto prefiero vivir en pelotas dentro de una puta cueva húmeda y fría y comiendo lagartijas y culebras al por mayor que vivir rodeado de lujos en el palacio más lujoso. Yo medito y pongo mi alma al servicio de la meditación. Como aquél convento o santuario budista situado en lo alto de las hermosas y alucinantes Alpujarras (forman parte del macizo de Sierra Nevada). Con unas vistas bestiales de necesidad. Con un camino de cabras donde te jugabas la vida para llegar hasta él. Con cuatro chozas diseminadas sobre un manchón de tierra y una quinta o central, que era donde se hacían vivir los curas budistas. Es decir, tú alquilabas una choza de las de al lado de la nave central, para meditar como un cabrón y para encontrar tu yo interior. Pero ellos, los curas budistas, no te ayudaban a encontrar el camino de la meditación transcendental. Ellos, te ponían la choza con maravillosas vistas al valle o a la montaña de enfrente, te llamaban para desayunar, comer y cenar en la choza central. Y después te dejaban todo el resto del día para meditar tus mierdas deprimentes. De hecho, mis pensamientos transcendentales siempre versaban en como escaparme de todo. En como huir y desaparecer y de una puta vez por todas.
Aunque de aquellas tenía los hijos pequeños y toda ésta mierda insípida, deprimente y demasiado llorona, se quedaba en un canto de sirena ( y a menos mal) en medio de una montaña perdida en las Alpujarras (Granada). Pues resulta que por éstas montañas anduvieron los musulmanes del reino de Granada cuando fueron vencidos por el reino cristiano de España y tiene muestras musulmanas en cada rincón y en cada esquina. Pero volviendo al monasterio budista. Pues resulta que de ese monasterio granadino había salido un niño budista que era la siguiente reencarnación de Buda (no sé, si era la siguiente o la anterior. Soy muy lerdo en estos temas). Y claro, había fotos por todos lados del susodicho niño prodigio. Y fotos del antes (en el monasterio) y del después (cuando ya lo tenían instalado en el Tibet en un choza mucho más confortable que la primera). Por tanto y por si no lo sabíais, existe una gran conexión cósmica entre las hermosas Alpujarras granadinas y el famoso Tibet budista.

Ángeles Caso


 De la periodista y escritora asturiana Ángeles Caso: ".

En este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una persona amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada o todo.

TARDE OTOÑAL

 Tarde otoñal  y por sus cuatro costados. Tarde nublada vestida con su traje gris plomizo tarde no cansina ni aburrida porque el aburrimient...