La cosa, Juan José Millás.

De pequeño tuve una caja de zapatos que llegó a ser mi juguete preferido, entre otras cosas porque no tenía otro. Pero envejeció más deprisa que los zapatos que había llevado dentro, de manera que a mi caja se le cayó un día la primera a y se
quedó en una cja, que así, a primera vista, parece un juguete yugoslavo. Busqué entre las herramientas de mi padre una a de repuesto, pero no había ninguna y tuve que sustituirla por una o. De este modo, sin transición, tuve que olvidar la
caja para hacerme cargo de una coja, lo que es tan duro como pasar directamente de la niñez a los asuntos.
Jugué mucho con aquella coja, todavía la recuerdo, pero se fue haciendo
mayor también y un día se le cayó la jota. Hay quien piensa que las vocales se estropean antes que las consonantes, pero yo creo que vienen a durar más o menos lo mismo. El caso es que tampoco encontré entre los tornillos de mi padre una jota en buen uso, así que la sustituí por una pe que estaba prácticamente sin estrenar. La coloqué en el lugar de la jota y me salió una copa estupenda, con la que he bebido de todo hasta ayer mismo, que se me cayó al suelo y se rompió.
A decir verdad, se rompió justamente por la pe, y como es muy antigua no he encontrado en ninguna ferretería una igual. Ayer fui a casa de mis padres, y después de mucho rebuscar en el trastero di con una ese que no desentona con
el conjunto. O sea, que ahora tengo una cosa, pero no sé qué hacer con ella. La caja, la coja y la copa eran muy útiles para guardar secretos, jugar o
emborracharse. Pero la cosa me da miedo;además, la escondí en el bolsillo
interior de la chaqueta, de manera que desde ayer tengo una cosa aquí, en el pecho, que me llena de angustia. Lo peor de todo es que, como no sé qué es, tampoco sé cómo se rompe.
Qué vida, ¿no?

CARMEN MARTÍN GAITE


 

LOS BUENOS MOMENTOS

La verdad, es que a veces entro en un estado confusional que se parece a un estado de coma casi profundo. Y es que todo me confunde y hasta la noche me confunde y tal como decía aquél sátrapa que decía ser cubano que se había casado con una cantante española y que si me dieran a escoger entre tener que escuchar una canción de ella o que me colgaran del palo mayor, yo por supuesto escogería que me colgaran. El menda del cubano que sólo tenía otra gran polla en su podrido cerebro y los huevos eran sus ojos y por sus oídos sólo salía semen todo descompuesto y todo podrido.
Hecho de menos los momentos claros, como esa birra de cerveza bien fría (cuando me gustaba la cerveza) y en buena compañía o ese buen canuto fumado en un precipicio con maravillosas vistas al mar infinito y con aquella puesta de sol al fondo...Yo que sé, yo hecho de menos los buenos momentos y ya está...pues los buenos momentos son las pilas que te ayudan y mucho, a seguir viviendo dentro de ésta selva donde nos han puesto.
Ahora entre otras cosas, mi función es recopilar todos mis buenos momentos, ordenarlos en el tiempo y en el espacio y por fin, ponerme a ver la película de mi vida. Aunque os advierto, empieza regular y acabará bien y simplemente acabará así y porque yo lo digo. Y no tengo otros argumentos y tampoco los quiero dar.

JOHN IRVING


 

SEPTIEMBRES

 Septiembre. Maravilloso mes o así lo era antes y hablo de los Septiembres de mi tierna, aunque a veces dura, infancia y de una pequeña primera parte de mi adolescencia y digo que yo  de aquellas lo tenía clasificado como mejor mes del año. Y a partir de ahí nunca dejó de serlo y actualmente lo sigue siendo.Volvían las temperaturas suaves, llovían más días, el sol y la lluvia jugaban más veces al ahora me toca a mí y tú ponte en la cola y sobre todo, aprendían a tener paciencia y al saber esperar. La playa de mis septiembres se presentaba casi vacía y hasta el mar manifestaba su alegría con la hermosura de sus mareas más vivas que nunca y lo mismo una semana te quedabas sin playa por la mañana, que por la tarde la misma playa se multiplicaba por dos o por tres o por cien y gracias a que el mar se batía en su máxima retirada y entonces, la extensión de arena mojada era una verdadera pasada, eran como varios campos de fútbol de arena mojada unidos el uno al otro y todo aquello, era casi todo para tí y digo casi todo, porque había algún que otro superviviente al que también le encantaba la playa en el mes de septiembre. Y con el paseo por la arena mojada podías ir comprobando como la orilla estaba llena de algas, de todo tipo de algas que emanaban un precioso olor a yodo y a sal. Es de suponer que en verano y viendo la verbena en que se convertía aquella playa, no se atrevían ni a salir. Todo era distinto en el mes de Septiembre y hasta el color del mar cambiaba y poco a poco iba pasando del azul fino y transparente del verano al verde más oscuro de Septiembre. Las dunas de aquella playa volvían a coger forma de dunas y porque ahora sólo el viento las tocaba y transformaba y así sería hasta que llegado el verano siguiente, los pies humanos las volvieran a destrozar.

Hasta los pinos del pinar se sentían sumamente agradecidos y movían sus altas copas en señal de alegre agradecimiento y supongo que pensarían, hemos sobrevivido otro verano más y porque en el fondo ellos mismos sabían que más tarde o más temprano la mano del hombre los iba a destrozar y por eso hacían sus cuentas de verano en verano y porque sabían que en un verano cualquiera, a un listillo de mierda (que para nuestra desgracia abundan mucho más de lo que nos pensamos) se le ocurriría la idea de hacer más aparcamientos y eso requerirá cargarse a miles de pinos. Y por las fotos que he visto últimamente de esa preciosa playa (hablo de entre 55 a 60 años después), pude observar que solo quedaron en pie unos cuantos pinos. Además, 10 años después de saborear por última vez tan preciosa playa (yo le llamo, la playa de mi infancia), se cargaron todas sus dunas y para crear un paseo de ladrillo y cemento que ya jodió del todo aquél hermoso monumento de la naturaleza y aquella playa de mi infancia perdió gran parte de su hermosura y se convirtió en una fotocopia de la peor gestión urbanística
inimaginable.

EDUARDO GALEANO


 

Mariana Matija (Blog de Emma Gunst)

Me gusta hacer muchas cosas. Pasé mucho tiempo pensando que eso era un problema —falta de foco, de concentración, de claridad—, pero he descubierto que todas las cosas que amo están profundamente conectadas y, como pasa en la Tierra, es la diversidad la que me permite mantener un dinámico equilibrio.

URSULA K. LE GUIN


 

FORGES


 

Como los erizos (Luis Cernuda)

"Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.
¿Qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra de aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis".

PERDERSE...


 "Perderse también es parte del camino"

Lorena Larrañaga. "Lo que sostiene el aire"

Hay una hora en que la casa se llena de caballos que nadie ha llamado. Sus crines recorren los pasillos como agua peinada por una madre muer...