La cosa, Juan José Millás.
LOS BUENOS MOMENTOS
SEPTIEMBRES
Septiembre. Maravilloso mes o así lo era antes y hablo de los Septiembres de mi tierna, aunque a veces dura, infancia y de una pequeña primera parte de mi adolescencia y digo que yo de aquellas lo tenía clasificado como mejor mes del año. Y a partir de ahí nunca dejó de serlo y actualmente lo sigue siendo.Volvían las temperaturas suaves, llovían más días, el sol y la lluvia jugaban más veces al ahora me toca a mí y tú ponte en la cola y sobre todo, aprendían a tener paciencia y al saber esperar. La playa de mis septiembres se presentaba casi vacía y hasta el mar manifestaba su alegría con la hermosura de sus mareas más vivas que nunca y lo mismo una semana te quedabas sin playa por la mañana, que por la tarde la misma playa se multiplicaba por dos o por tres o por cien y gracias a que el mar se batía en su máxima retirada y entonces, la extensión de arena mojada era una verdadera pasada, eran como varios campos de fútbol de arena mojada unidos el uno al otro y todo aquello, era casi todo para tí y digo casi todo, porque había algún que otro superviviente al que también le encantaba la playa en el mes de septiembre. Y con el paseo por la arena mojada podías ir comprobando como la orilla estaba llena de algas, de todo tipo de algas que emanaban un precioso olor a yodo y a sal. Es de suponer que en verano y viendo la verbena en que se convertía aquella playa, no se atrevían ni a salir. Todo era distinto en el mes de Septiembre y hasta el color del mar cambiaba y poco a poco iba pasando del azul fino y transparente del verano al verde más oscuro de Septiembre. Las dunas de aquella playa volvían a coger forma de dunas y porque ahora sólo el viento las tocaba y transformaba y así sería hasta que llegado el verano siguiente, los pies humanos las volvieran a destrozar.
Hasta los pinos del pinar se sentían sumamente agradecidos y movían sus altas copas en señal de alegre agradecimiento y supongo que pensarían, hemos sobrevivido otro verano más y porque en el fondo ellos mismos sabían que más tarde o más temprano la mano del hombre los iba a destrozar y por eso hacían sus cuentas de verano en verano y porque sabían que en un verano cualquiera, a un listillo de mierda (que para nuestra desgracia abundan mucho más de lo que nos pensamos) se le ocurriría la idea de hacer más aparcamientos y eso requerirá cargarse a miles de pinos. Y por las fotos que he visto últimamente de esa preciosa playa (hablo de entre 55 a 60 años después), pude observar que solo quedaron en pie unos cuantos pinos. Además, 10 años después de saborear por última vez tan preciosa playa (yo le llamo, la playa de mi infancia), se cargaron todas sus dunas y para crear un paseo de ladrillo y cemento que ya jodió del todo aquél hermoso monumento de la naturaleza y aquella playa de mi infancia perdió gran parte de su hermosura y se convirtió en una fotocopia de la peor gestión urbanística
inimaginable.
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