VUELVE A INTENTARLO. Karmelo C. Iribarren

Esas mañanas de domingo,
en invierno,
a primera hora:
las calles recién regadas,
el aire fresco,
limpio,
el olor a cruasán de las cafeterías,
la locura
de los pájaros...
Como si la vida
te dijese:
mira, aquí me tienes,
vuelve a intentarlo.

PENSANDO POR EJEMPLO...

Que la tarde pasa,
que la luz cambia conforme pasa el día,
que algunos recuerdos duelen
y que otros, se entumecen
y te dejan anestesiado o en estado latente...
Son tardes de horas interminables
y de calor insoportable,
tardes de apacible aburrimiento,
pensando por ejemplo... ¿porqué se tortura?,
debió de ser un mal átomo o una molécula maligna
que mismamente cayó del cielo,
se incrustó en el cerebro de algunos
y desde ese día...
hay quién defiende la tortura.
Y porque no hay otra forma
de explicar semejante anomalía.

LEILA GUERRIERO


 

BATANIA decía en tiempos de pandemia y yo estoy completamente de acuerdo...

Ha dicho la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso que la causa de la multiplicación del coronavirus en la capital radica en "la forma de vida" de los inmigrantes que viven en los barrios de la zona sur. Los inmigrantes, al parecer, viven hacinados en los pisos porque les gusta, no por la condiciones económicas que padecen o el racismo estructural en los alquileres; los inmigrantes salen a la calle en plena pandemia porque les gusta, no porque sean trabajadores esenciales que no pueden faltar un día sin que reciban la carta del despido; los inmigrantes no guardan la distancia social porque son muy cariñosos, no porque tengan que ir al trabajo en el metro pegados los unos a otros, a veces apilados como sardinas, porque la incompetente de Ayuso hace que la frecuencia de cada metro muchas veces supere los doce minutos.
Vengo diciendo que el índice de excelencia de una sociedad se mide por el trato que reciben los inmigrantes. El índice de Madrid es subterráneo, bajo cero, infrahumano, vergonzoso, Madrid no cuida ni respeta a los inmigrantes.

MARIO BENEDETTI


"No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo tambien el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,
No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada dia es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero."

José Miguel García,


 

KLOPP


 

PABLO NERUDA

 Hoy dejadme

a mí solo

ser feliz,

con todos o sin todos,

ser feliz

con el pasto

y la arena,

ser feliz

con el aire y la tierra, ser feliz,

contigo, con tu boca,

ser feliz.

Hannah Arendt

“Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras.”

FERNANDO PORTOLÉS REBOUL

 Los ojos somnolientos se me abrieron de golpe. La vista se me quedó clavada en una fotografía del diario digital que estaba leyendo. Era tarde y el insomnio me había llevado hasta allí. Leí la noticia que acompañaba a la imagen y se me puso un nudo en la garganta. Volví a mirar la foto. No tuve ninguna duda. Era él.

La ciudad amortiguaba ya sus ruidos y mi memoria viajó en el tiempo, como tantas veces, a los días de colegio.
El patio era de tierra. Había junto a un muro un charco de agua negra que no se secaba nunca. En los recreos, unos destrozaban los zapatos jugando al fútbol y otros se sentaban en los bancos, atentos al vuelo de las faldas de las niñas que saltaban a la goma. Si a alguna se le levantaba más de la cuenta, el banco se llenaba de risitas y codazos.
Pero a mí no me gustaba aquel patio. Mi tendencia solitaria provocaba que los líderes del grupo -altos, guapos y jactanciosos- vinieran a reírse de mí, inventando insultos supuestamente ingeniosos con mi apellido. Yo aguantaba el tipo como podía.
Pero entonces aparecía Mateo.
Se interponía entre ellos y yo y decía con los dientes apretados y los ojos entornados:
- Dejadle en paz.
Todos se callaban, se miraban un momento y se daban la vuelta. Se marchaban mientras seguían lanzando burlas al aire para disimular su humillación.
Mateo era de mi clase. No era un chico corpulento. Muy al contrario: era delgado y fibroso, como de alambre. Tenía el pelo negro y ensortijado y un diente partido. Encima del labio superior le asomaba un bozo juvenil, como dibujado a carboncillo.
Vivía muy cerca del colegio, en una casita baja de la Colonia Iturbe. Recuerdo que tenía un dálmata precioso. Estilizado y guapo.
Un día Mateo no vino al colegio.
- Ayer un coche atropelló a Tizón - me dijo su vecino Molina, que era de un curso superior - No le pudieron salvar.
Al salir de clase fui a verle.
- Está en el patio de atrás - me dijo su madre con la voz cuarteada. Toda la casa olía a tabaco.
Mateo le daba patadas a un banco de piedra con los dientes apretados y las manos en los bolsillos.
- Hola, Porto - me dijo cuando me vio.
Se sentó en el banco y yo con él. Estuvimos allí sin hablar hasta que casi se hizo de noche. Después me fui.
- Gracias - me dijo levantando una mano cuando ya salía.
Un día me trajo una navaja pequeña y me la quiso regalar.
- Es de monte, para que te defiendas si no estoy yo - me dijo.
Aquello me asustó un poco.
- No, no... - le dije. No insistió. Cerró la navaja y se la guardó en un bolsillo.
Cuando acabó el colegio, dejé de verle. Alguien me contó que se había ido a trabajar de mecánico con su tío. Y aunque no volvimos a hablar, siempre guardé su recuerdo en un rincón luminoso de mi memoria.
Volví a leer el titular de la noticia.
"Detenido en Madrid Mateo R. D., peligroso delincuente con numerosos antecedentes de robo con violencia".
Cerré el portátil y salí a la terraza, atrapado en la desconcertante contradicción de la naturaleza humana. Me preguntaba cómo podía la vida tejer estas paradojas tan insoportables.
Miré alrededor. Los edificios se punteaban de luces.
Pensé que los recuerdos nos pertenecen. Son pequeñas cajitas de regalo guardadas en un baúl. Y en mi memoria había una con el nombre de Mateo. Y dentro, todas las veces que me salvó.
Así que cerré la cajita y la guardé arriba, en el maletero. Lejos de todo. En el lugar de las gratitudes clandestinas.
Buen fin de semana a todos.

LOS VIEJOS, COMO YO

Los viejos, como yo,
andamos como los cangrejos,
hacia atrás y removiendo viejas historias.
Vivimos pensando que nos morimos
y nos moriremos pensando
que lo pudimos haber hecho mejor...

 

Lorena Larrañaga. "Lo que sostiene el aire"

Hay una hora en que la casa se llena de caballos que nadie ha llamado. Sus crines recorren los pasillos como agua peinada por una madre muer...