Dicen que al final del final,
todo acaba en su sitio.
Y sin ser un ferviente creyente
de las frases hechas y totalmente resolutivas,
tengo que reconocer que en éste caso,
y después de pensarlo muchas veces
digo que tarde o temprano
todo vuelve a su sitio.
Hay el engaño de un día de sol tras la ventana,
o hay aquellas vistas al mar que todo lo curan
y las heridas cicatrizan adecuadamente
y hasta las malas ideas desaparecen,
o hay la luna mostrando sus encantos de diosa
enamoradiza
y entonces,
hay un momento de aquella noche
en que nos confundimos de idea...
y tú me pareciste la mejor persona que había conocido
y yo me sentía feliz
allí envuelto en mi hechizo encantado.
Pero la noche dura lo que dura
y con el primer rayo de sol sobre tu rostro,
me di cuenta que tú no estabas en tu sitio
o a lo mejor era yo, el que no lo estaba.
Y de repente sentí la punzada de que algo no cuadraba,
y no sé lo que pasó por mi cabeza,
pero tuve que romper aquella foto imaginaria
y porque nada es lo que parece
y porque el paso del tiempo
se encarga de poner cada cosa en su sitio.
Ahora te escucho pero no te oigo
ahora te veo y siento que ya no te llevo dentro
ahora te hablo
y sé que no me estás escuchando.

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