Y es verdad, que no todo es lo que parece. Como no todo lo que reluce, es oro. Ojalá lo fuera, pero no lo es. Hay mucho pufo y sobre todo hay mucha apariencia de pavo real y hay unos buenos, malos o peores decorados para contar determinada historia. Hay personas que lo escenifican perfectamente y de tanto mentir al final se llegan a creer sus propias mentiras. Hay otras que se pasan dos pueblos y sobreactúan tanto, que al final se hacen excesivamente barrocos, sobrecargados y sobreactuados. Demasiado palabrerío vacío, demasiada gesticulación rimbombante y demasiadas medallitas a sí mismos... y porque yo hice esto y estuve con aquél tío que al final, resultó ser el puto héroe y hablé con aquél otro que salvó muchas vidas. En fin, sobreactuación de su puto ego y siempre muy por encima de todos los demás.
Yo tengo un conocido al que le debían haber dado el oscar al empalago. Siempre estuvo en los sitios más importantes y con mayor poder de decisión. Y es verdad que el tío tuvo una cierta relación con estamentos de cierto y relativo peso, pero no es lo mismo estar en éstas reuniones ejecutivas haciendo el papel de chicuco de los recados, que por cierto es un papel como cualquier otro, pero para éste tipo de señores no lo es y porque éste tipo de faqntasmas sólo quiere estar rodeado de mandamases, de grandes jefes, de superiores de alto cargo y de los que dirigen todo el tinglado que lo mangonea todo y más. Y aquí es donde se perdía el tío conocido mío, pues el decía que tenía más poder que el gran jefe (ya quisiera él). Y gracias a él (eso decía y repetía a cada segundo) y gracias a sus brillantes iniciativas, el mundo seguía en el camino correcto que debía seguir. A esto tengo que decir, que lo de camino correcto...lo será para algunos, pero para mí, mi camino correcto no tenía nada que ver con lo que pensaba el tío. Pero nada de nada. Ahora bien, que importa eso cuando un tío se quiere a si mismo tanto y más que a su propia madre.
El problema no está en que fuera un fantasma (que lo era), el problema estaba en que el tío se lo creía y a pies juntillas y por eso flotaba sobre nuestras cabezas. Y claro acababa viendo a los demás desde la misma perspectiva que tiene dios desde el cielo. Y ahí conecto de nuevo con que no todo es lo que parece. Pues algún atontado siempre caía en sus historias alucinatorias y al final, acababa endiosando al elemento objeto. Y si te creías algo de su historia al final, corrías el peligro de convertirte en un adicto hacia su propio heroísmo. Pocos, fuímos capaces de pararles los pies y aunque fuera un poco, pero ese poco podía ser suficiente para poder darte cuenta que era un puto pedante de mierda. Pocos, pero convencidos. Pocos, pero valientes y aguerridos. Pocos, pero éramos los suficientes.
Solo que el tiempo, oh!! el tiempo, pone a cada uno en su sitio y al final el tío con tanta mentira que salía por su boca, acababa metiendo la pata y porque se confundía de días, de hechos, de sitios y lugares y así mezclaba historias y fechas y hasta nombres. Pero, ¿no eras tú el que habías dicho esto? y no el otro que acabo de hablar con él y me dijo que ese día no estuvo contigo, y ¿en ese mes no estabas en Madrid? y no en Barcelona. Bueno, lo que le pasa siempre con los grandes mentirosos, que se tejen a si mismos sus propios barrotes con sus putas mentiras. Y por eso insisto, que nada es lo que parece y muy pocas veces es como nos lo cuentan.

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