Déjalo ir
dëjalo que se vaya
tiene todo el derecho tanto a ir como a venir
o ¿acaso no te acuerdas cuando y como llegó a mi vida?
y como de repente empecé a sentir distinto
y todo a mi alrededor se había convertido
en un árbol en flor.
Me había convertido en un ser desbordado de amor
y era tan maravilloso todo aquello
que llegué a definir como mi estado ideal
el tener que estar enamorado
y salirme de ahí era no estar a gusto conmigo mismo.
Y es verdad que a lo largo de mi vida
me enamoré más veces
pero con esa idea de base,
nunca llegaron a ser las suficientes.
Y con el paso de los años,
esos sentimientos fueron perdiendo intensidad por mi parte
y porque para querer a tope
hay que enamorarse hasta las trancas
pero también
hay que dejarse llevar por la grandeza de ese momento
y abrirte en canal
y simplemente dejarse llevar por el amor.
Y esto último y de cada vez
me resultaba más difícil
y porque me negaba a dejarme llevar por nadie
confiaba en la otra persona, sí,
pero al parecer
no con la intensidad suficiente
o como también se dice...
hasta cierto punto llegaba.
Ahora pasa en mí
lo que a lo largo de mi vida
nunca quise que me pasara
y era levantar la bandera blanca
y rendirme ante la evidencia
de que en ésta vida no todo es amor
y porque detrás de él
hay demasiados condicionantes
que eran con los que tropezaba últimamente
y te presento a todos mis amigos
y yo pensaba, menudo palo
y a mis hijos y nietos
y yo volvía a pensar
pues que mala historia me estás contando
y viviremos siempre juntos
y entonces, me entraba un sudor frío y temeroso
y signo inequivoco de que ese amor
comenzaba a diluirse dentro de mí.
