ANÉCDOTA
JORGE LUIS BORGES
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA (Blog "Rua das Pretas")
Hace veinte años el futuro era metalúrgico.
Desde luego, no era esta ciudad,
estas calles amarillas que fotografío,
estos cafés de debate y mercadillo.
Ni esta casa donde habito,
patrocinada por las repúblicas independientes de Ikea;
ni mi madre en una silla de ruedas,
viuda y con dos piernas como columnas jónicas;
ni mi hermano en el paro,
cosido a una incertidumbre
patrocinada por el Banco Santander;
ni los amigos tan lejos,
en los extrarradios de Europa.
Por supuesto, no entraba dentro de los planes
de aquel futuro siderúrgico y profiláctico
este trabajo que me abochorna y aletarga,
que se come mis memorias de domingo;
ni esta mascarilla que me proporciona
el oxígeno suficiente para seguir ejerciendo
el difícil arte del sueño;
ni una hermosa ahijada en Lyon
que enciende cualquier primavera
y que crece durante llamadas telefónicas.
Algunas certidumbres sí que estaban:
Lisboa, París, Roma, Pekín
y el dulce reencuentro con la nieve,
siempre bienvenida.
Pero de alguna manera tú sí estabas.
Comenzabas a mostrarte en aquella nebulosa,
a convertirte en lo que acabaste siendo:
esa melodía a la que uno siempre regresa,
como regresamos a Mozart o a Pessoa,
y que nos obliga a sentirnos cómodos
y en armonía con la vida,
por muy cenicienta que se nos presente,
agazapada entre nieblas y dudas.
Porque la vida es Luciano cantando Nessun Dorma
y no lo que asoma por los telediarios.
Es tu pure, o Principessa, Nella tua freda stanza,
y no caídas en las bolsas europeas,
cadáveres en Siria o Palestina,
matanzas en Boston o en Connecticut.
La vida es tu mano mostrándome el futuro,
semilla y certidumbre.
Ángel Manuel Gómez Espada
VIVO DE SUEÑOS
Hay un niño que se esconde dentro de mi nariz,
todo crece y todo tiene que crecer,
y todo crece menos mi niño y mi nariz.
Hay tanta infancia sin comprender,
que jamás podré olvidar lo que un día fue.
Vivo de sueños,
pero no de sueños rotos
en mi infancia soñaba de cuerpo entero
y ahora sueño que mi cuerpo es de otro,
ahora soy de mantener mis pequeñas aspiraciones
y que nadie me las toque
y antes, era de crear olas gigantes...
ahora voy vestido de humildad
y antes me disfrazaba
de vendedor ambulante.
Ahora no vendo
pero tampoco compro
y en tal caso regalo lo que puedo,
soy espléndido y de ángulo abierto,
te ofrezco y te doy lo que puedo,
un beso, una caricia
una flor, una planta
un yo te quiero
y todo acompañado de la mejor de mis sonrisas.
A. Muñoz Molina, "La dama y el unicornio"
"Los gatos y los unicornios son los dos animales más hermosos que haya inventado nunca la literatura. De los unicornios, tenues criatur...
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Tengo escamas en los dedos de tanto nadar a contracorriente. Tengo telarañas en el techo por tanto pensar y que algún día tendré que limpiar...


