PATRICIO HERNÁNDEZ PÉREZ


 En las circunstancias actuales es muy difícil que un gobierno progresista sobreviva en España y en casi todas partes. Es relativamente fácil generar problemas para desestabilizarlo. Multiplicar la sensación de crisis permanente y alimentar la tentación autoritaria. No podemos frivolizar con la expresión 'emergencia' porque la crisis climática es una terrible realidad que ya nadie puede negar (aunque haya todavía quien lo haga), pero es que los años del gobierno de coalición de Sánchez han sido una emergencia tras otra. Los ultras y la derecha que le ha comprado el discurso dirán que es Sánchez el problema, que muerto el perro de acabo la rabia. Sabemos muy bien que no es así, al contrario, muchos problemas aumentarán si llegan al gobierno estos reaccionarios, que añadirán la degradación de una democracia que tiene dificultades para su consolidación porque ha dejado problemas sin resolver -como la endogamia conservadora en buena parte de la justicia y su pulsión de intervención política, entre otros- en sus cincuenta años de existencia.
¿Qué puede dañar más al gobierno que una crisis migratoria inducida cuando aún no ha terminado el proceso regularizador de inmigrantes abierto? ¿Alguien puede tener dudas razonables de que estas salidas masivas en pocas horas de miles de marroquíes, jóvenes en su mayoría, no es posible en ese país sin la connivencia de su gobierno? Marruecos además es el país árabe más alineado con el tándem Trump-Netanyahu. No les resultara dificil a estos tres sátrapas -añadamos al rey marroquí- desencadenar una crisis que tiene difícil gestión y que tiene como damnificado principal al gobierno y beneficiario a la ultraderecha y a una derecha que abandonó la política de estado y cuyas convicciones democráticas se muestran cada vez más endebles al haber elegido como socio y como discurso a Vox. Esta crisis se resolverá en unos días pero el gobiermo se dejará un nuevo jirón de credibilidad ante una parte de la opinión pública y estará más cerca de su derrota electoral. Aunque objetivamente el gobierno pueda presentar un balance muy positivo, no le servirá en las actuales condiciones porque la ciudadanía no es objetiva. Ya lo dejó dicho en uno de sus aforismos Bergamín: "si fuera objeto sería objetivo, pero como soy sujeto soy subjetivo'. Y estos sujetos que somos en esta sociedad de la digitalización, de redes y plataformas cortroladas por oligarcas comprometidos políticamente con la nueva reacción, somos muy influenciables. Y el resultado es el que estamos viendo en todas partes. ¿Íbamos a ser nosotros una excepción? El último eslabón de esta cadena es que nos resignemos a que las cosas son así y no hay nada que hacer, que abandonemos la resitencia. Y esto es lo único que no podemos hacer.

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Nelson Romero Guzmán