Yo no nací en una ciudad triste
siempre tuvo el mar de fondo
y ese mismo mar la salvó incontables veces.
Mi ciudad cuando yo nací
estaba en pleno proceso de cambio
y porque del campo se estaba pasando a la ciudad
y todo por el susodicho tema de la revolución industrial.
Todo dios se quería venir a la ciudad
y porque en el campo se pasaba hambre
pero en la ciudad también se pasaba
pero con el efecto llamada
seguían llegando más masas de gente.
Nací en una ciudad que estaba
en pleno proceso de cambio
aunque realmente no se sabía hacia que cambio se iba
y que se iba hacer con tanta mano de obra que iba llegando en
oleadas humanas
y mientras mi ciudad dormía
siempre quedaba alguna persona despierta
y todos sabemos que las peores ideas se producen de noche
y entonces al día siguiente salía en el periódico local
que no había trabajo para todos
y que la única posibilidad que tenían los que se habían
quedado sin trabajo
sería emigrar
y que lo mejor que podían hacer
es que se fueran hacer las américas y a currar de sol a sol.
Y yo me acuerdo de aquellos grandes barcos reventados de
personas y éstas a su vez, reventadas de tristeza.
De todas formas con toda la gente que se quedó,
mi ciudad creció mucho
digo muchísimo
y poco a poco se fue llenando de nuevos proyectos de barrios
y toda la periferia de mi ciudad se llenó de inmensos
manchones de tierra
que era como también se le llamaba a aquellos enormes
descampados de tierra revuelta y donde solo podían crecer las
malas hierbas
que en teoría indicaban que ahí iban a crecer grandes edificios
que entre otras cosas no destacaban precisamente por su
belleza urbanística
pues eran todo un homenaje al feísmo
pero claro, los que construían semejantes engendros decían
que su misión no era crear belleza
y por eso construían aquella especie de ratoneras enlatadas
y cuanta más gente entrara dentro de ellas
era su principal y único objetivo
Mi ciudad menos mal que tenía mar
un mar precioso de necesidad
y sobre él no pudieron construír grandes edificios
pero aún así se cargaron alguna que otra pequeña isla
y por haberle metido un edificio de más de 20 plantas
a una isla que no llegaba a tener ni 500 metros en su máxima
distancia.
Pero creo y estoy convencido de ello,
que mi ciudad se salvó gracias al mar.
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