Bueno, pues en el aspecto más personal de éste asunto, me indignan o me producen rabia, las medias palabras, el no mojarse, el quedar bien y cojonudamente y mientras que otro las está pringando por él. Me indignan los fariseos y los vendedores de sueños y también y como no, los falsos profetas, los que sientan sentencia sobre cualquier cosa y además, se creen con todo el derecho del mundo para hacerlo y porque ellos dicen y siempre dicen que han hablado con dios o con quién sea (alguien divino de la vida) y entonces y a modo de resumen: "palabra de dios y te adoramos señor". Me indigna la gente mala y malvada, la que nació así y que después y a modo de disculpa dicen que fue la mala vida y los malos hábitos la que la hizo ser más mala y más malvada y como si la maldad se adquiriera y no se naciera con ella y debido al puto tema del código genético o código de barras.
No hay nada como la alegría de descubrir algo completamente nuevo, de comprobar que, por mucho que los años induzcan a la melancolía o a la simple desgana, el espectáculo de lo real siempre es inabarcable. Siempre hay ciudades y libros y música y películas a los que llegar por primera vez, que lo toman del todo por sorpresa, despertándole la limpia pasión de admirar y aprender. Entonces resulta que no haber leído algo todavía no es una deficiencia inconfesable, sino la oportunidad de una celebración. Un espejismo mezquino de la edad es suponer que el mundo está en decadencia porque uno ya no es joven. Un cierto grado de escepticismo es inevitable con el paso del tiempo, pero no hay nobleza en el cinismo. Que tú hayas perdido la capacidad de apreciarla no quiere decir que la belleza ya no exista.





