HABLO CON TU AUSENCIA, NO CONTIGO.


Y no sé que hago aquí

aquí escribiendo un poema sobre tu ausencia

y cuando lleva meses o años declarado como caso cerrado

pero debe ser que a pesar de todo y de vez en cuando

que me guste recordarte o imaginarte no ya como eres

sino como te estoy imaginando.

Debe ser que soy algo masoquista

que de alguna manera disfruto con esa parte de mi pasado

pero creo que lo que ahora más me pesa...

es volver a ese terreno tan pantanoso

libre de causas, deudas y de impuestos

y sin más implicaciones posibles e imposibles.

Mi única condición 

es que me dejes la puerta abierta

y por si me tengo que ir pitando

y eso tiene un significado muy concreto, 

que solo me dejes pasar durante un rato

o lo que dure un momento o un instante.

Claro que si le estoy hablando a una ausencia

no tengo que pedirle permiso a nadie

ni que tenga que dar unas disculpas por delante

y porque entre otras cosas

no estoy hablando de tí

si no que hablo de tu ausencia.

Ausencia que a veces será inventada o imaginada

que en otras, quizá tenga una parte real

pero en las que siempre y pase lo que pase, vencerá lo irreal.

Y entonces vuelvo a preguntarme

que hago yo aquí escribiendo

sobre algo que no existe

algo que no tiene cuerpo

que no te da besos y que ni siquiera te dice:

¡buenos días!.

Pues no sé muy bien

lo que puedo decir

y porque es una tentación

que a veces me domina

y hace de tu ausencia

otra forma más de vida que vive dentro de mí.

Está más que claro que lo tuyo y lo mío

es un caso cerrado que ahí se ha quedado

caso cerrado, bien digerido y bien cagado

y esto me lo digo a veces

y para que no te confundas conmigo

lo nuestro está completamente muerto

y yo personalmente he asistido a su funeral y entierro

le he dejado una corona de flores

y le dí un beso al viento

y para que lo acercara a tu mejilla

que ahora yace con el resto de tu cuerpo

y a medio metro bajo tierra.

Y ahora que lo pienso

a lo mejor lo que a mí me está pasando

es como aquél que hace visitas una vez cada equis días, al

 cementerio de su pueblo

y allí, se pone a hablar con sus muertos

y siendo plenamente consciente de que están muertos

y de que nadie los podrá resucitar ni ahora ni nunca

pero que aún así, 

le encanta tener conversaciones con ellos

y por eso, vuelve cada equis tiempo.















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