En el Siglo V hubieran sido una muchedumbre de monjes fanáticos y cristianos fervorosos acorralando a la pobre Hipatia en una calle de Alejandría.
En el Siglo XIV serían una turba enfurecida asaltando la judería de Sevilla y degollando familias enteras.
Y dos siglos más tarde serían una comunidad puritana enardecida en Massachusetts exigiendo quemar y aplastar a pedradas a una veintena de mujeres de Salem.
A finales del Siglo XVIII serían aquellos sans-culottes asaltando las prisiones de París para ejecutar sumariamente a los miles de detenidos que había dentro.
Ya en la primera decena del Siglo XX serían una jauría humana con capuchas y túnicas blancas ahorcando o quemando vivo a cualquier chaval afroamericano en gringolandia.
Pocos años más tarde podemos encontrarlos patrullando las calles de Berlín o de Roma con sus camisas pardas o negras, ansiosos de derramar sangre indefensa para saciar su odio.
Ahora están en Ceuta.
¿Habéis visto el episodio del coche?
Son los mismos.
En Ceuta tienen el aspecto de señoras furibundas de sesenta años o de veinteañeros de mirada enloquecida, van envueltos en banderas de España o en cruces de Borgoña pero son los mismos. El lixiviado ético de una sociedad. Los palos en la rueda del progreso humano. La misma puta vergüenza de nuestra especie que descuartizó a Hipatia recorre ahora impunemente las calles de Ceuta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario