SEÑORES...¡QUEDA MENOS!

 


Era la mañana de hoy,

tibia y después, ardiente,

mañana de agosto y de inmenso calor.

Los pájaros de mi calle han emigrado.

Los árboles han sido podados

y para que ardamos más fácilmente.

Los ruidos que hace dos meses eran amortiguados,

ahora con el sol y el turismo, han crecido

y también se han puesto el traje de verano.

Yo sólo espero a que pase el mes de agosto

y es más, cuando pienso en mi amado mes de septiembre,

me emociono y me pongo a llorar

y como decía aquel perpetuo optimista...

señores... ¡queda menos!

AHORA SOY MÁS PEZ QUE CULEBRA


Podría combatir sin armas,

pero ahora... ya no combato

ahora soy más de paz y concordia

y si no me quedara otro remedio y como mucho... 

echaría un pulso compulsivo con mi peor enemigo.

Es que ahora no estoy para guerras y batallas sanguinarias,

ahora soy más pez que culebra,

tengo escamas

respiro por mis agallas

y poseo unas hermosas branquias,

y sino me gusta lo que veo,

 puedo nadar hasta las profundidades del océano

y allí, esconderme.

VIENTO DEL NORTE

 


El tiempo es como el viento,

es sabio, ávido, liviano,

persistente y obstinado,

además, es irreverente y carente de principios,

pero de verdad... le doy gracias viento, 

gracias,

gracias por refrescarme en las insoportables noches de verano

gracias por ese sueño tan placentero y reparador,

y por dejarme flotar entre tus burbujas de aire,

gracias, 

de verdad gracias VIENTO del NORTE.

SI TÚ NO ME IMPORTARAS

 


Si tú no me importaras
no llamaría a las flores por tu nombre,
ni cabalgaría sobre un caballo blanco y hacia no sé donde.
Andaría descalzo y desnudo tal como vine al mundo.

Si tú no me importaras,
no te buscaría en el fondo de los mares,
ni tu cara sería mi mascarón de proa,
y tu rompiendo las olas,
y yo surcando los mares
y así hasta perdernos en medio de una galerna.

RUTINAS

 


Cada día la misma lucha,

levantarse, desayunar y una buena ducha,

currar, comer y si cabe, pensar en la vida,

cenar y sobar,

y  antes de dormir,

 un beso de buenas noches,

y sin más...hasta el día siguiente.



Día a día,

y con la misma rutina,

el día y la noche, 

la noche y el día,

las mañanas, las tardes,

y los mediodías,

los domingos, los lunes,

el viernes, el fin de semana,

me duermo y después, me levanto,

meo, cago y como,

desayuno y más tarde, meriendo,

me afeito hoy o me afeito mañana,

dudo y me lo pienso dos veces,

y entonces y por fin, decido,

me siento y trabajo,

me concentro y resuelvo lo que puedo,

pienso de nuevo...

y me hago todos los días misma pregunta:

¿merece la pena vivir con tanta rutina?.

ELLA ES PERFECTA

 


Es perfecta,

ella es perfecta,

yo no...yo no lo soy,

yo soy todo lo contrario,

yo soy anarquía en estado puro,

soy despistado en todo lo que hago, 

soy miope de vista y torpe de miras,

en fin, que soy un don nadie olvidado y 

arrinconado...

A veces... hasta soy mala persona.

Pero ella no, 

ella es la perfección de lo perfecto,

ella es un ángel caído del cielo,

y cuando ella sonríe,

yo abriría las puertas del infinito,

y juntos nos iríamos por ese insondable 

precipicio...

y cuando ella llora,

yo pararía el mundo un instante antes

y para que ella jamás pudiera llegar a llorar,

y cuando ella me dice...

 ¡te quiero!,

yo no podría responder de mis actos,

 me convertiría en un ser irreconocible, 

 en un monstruo, 

en un engendro,

y en un ser paranoico y obsesivo

y con esa única idea andaría por la vida

y en las noches de luna llena

hasta mi alma se saldría de mi cuerpo,

y sería tal la intensidad de ese 
sentimiento,

que hasta a veces llego a pensar

 que sería mejor...

seguir viviendo dentro mi mundo imperfecto.

No soporto las palabras afiladas y oxidadas.

 


No soporto las palabras afiladas y oxidadas.

No soporto las palabras que primero te hieren 

y después te estallan como granadas en la boca.

No soporto las palabras que no parecen nada

 que se cubren de un suave velo de terciopelo,

pero que en realidad son dardos envenenados

que se clavan en el alma y las entrañas

y que por fin, te matan.

¡MORIR CON DIGNIDAD!

 


 Cuando la muerte venga a por mi,

espero que venga de cara y con las cosas bien claras,

que no me diga... vendré dentro un mes o dentro de un año,

y porque si viene, que vendrá,

yo quiero que me diga,

vas a morir y ahora y aquí.



No quiero prórroga,

no quiero un tiempo extra

y a cambio de no se sabe qué,

no quiero sufrir sabiendo que voy a morir,

sólo quiero las palabras justas,

te vas a morir

y ya y sin más preámbulos.

Y así el mundo por fin, me dejará en paz...

y por supuesto yo a él,

y no quiero lágrimas negras de cocodrilo,

ni gritos de dolor, 

ni aullidos interminables, 

ni últimas palabras ante mi tumba,

porque en realidad lo único que quiero es

es...¡morir con dignidad!. 

AHORA...


 Ahora...

no sueño apenas nada,

ahora vivo de antiguos sueños casi narcóticos,

ahora vivo de playas, 

de viejos pinares,

de hogueras que casi nunca se apagan,

de noches estrelladas,

de amores de fuego y de linterna,

de silencios entre chispas de leña,

 mira por delante tenemos la mejor noche del mundo,

disfrutemos de los fuegos del averno,

seamos pólvora que se enciende con un beso,

cubrámonos con helechos que trae el viento,

y sobre todo, miremos al cielo,

por allí se anda y se circula a otra velocidad,

tú en un segundo ves pasar una estrella fugaz

y al mismo tiempo

luego te dicen y después te cuentan

que han pasado millones de años luz en un segundo sideral.

LAS AFUERAS (Luis Felipe Comendador)

 


Las afueras,

ese cáncer brutal de las ciudades

donde el bullicio olvida a los sin nombre

más allá del olvido.

 

“Tienes que ir”

–me dijo con los ojos

asomados tan adentro de mí–.

“Tienes que ir a darles esperanza,

aunque sea mentira”.

 

Fui como un niño atento,

con la boca asombrada,

con las manos temblando,

con un miedo caucásico

de no estar a la altura

de todo aquel desastre.

 

Trepaba el taxi viejo por los cerros,

patinaba en las curvas inconcretas,

derrapaba en la arena

y salvaba los ranchitos de milagro.

Yo no era de aquel sitio

ni de aquella miseria,

yo no era de sus rasgos

ni de su hablar pausado,

yo no era de esa mugre de chinches

y zancudos y agua sucia.

 

Se sucedían las casas de plásticos y adobe,

los niños sin zapatos mirando con asombro,

algún hombre sentado con la mirada huraña,

cerro tras cerro, arena.

 

El taxi dijo basta.

 

Trepar era ya el único artilugio

con el que abrirse paso por los cerros.

 

Arriba, justo en la línea gris del horizonte,

puntitos de colores

rodaban por la cuesta hasta nosotros.

Eran niños hermosos

empañados de arena, sin zapatos,

con sonrisas de ángeles sin alas…

 

¡Esa suciedad limpia de los pobres!

 

Sin mediar los prejuicios de occidente,

me abrazaron fortísimo,

me llenaron de besos y miradas de asombro,

hicieron piña en mí, como si fuera alguien,

y ya no fue posible dar el paso siguiente.

 

¡Éramos uno juntos!

 

Sin más, me dieron todo,

todo lo que tenían:

su sonrisa y sus brazos.

 

Yo les prometí un mundo occidental

y un futuro.

 

Les mentí y lo sabía.

 

Les mentí y lo sabían.

SEMBRARON VIENTOS DE ODIO

 



Sembraron vientos de odio

y recogieron tempestades y ciclones

y ahora ya es tarde para empezar de nuevo,

ahora el viento va en aumento

mientras el odio contamina cerebros,

corrompe almas y destruye espíritus

y su consecuencia más inmediata

 será la aniquilación de todo lo humano.


El odio no es un atajo hacia ningún tipo de libertad.

A. Muñoz Molina, "La dama y el unicornio"

"Los gatos y los unicornios son los dos animales más hermosos que haya inventado nunca la literatura. De los unicornios, tenues criatur...