MARRONES

 

"Los únicos marrones que me gustan son los del Otoño"

MILAN KUNDERA


 

¿PORQUÉ?

A mí me gustaría saber porqué habiendo nacido mirando el océano Atlántico y de cara y sin filtros que lo difuminaran...ahora, me toca estar viviendo a orillas del mar Mediterráneo. Sin despreciar al mar Mediterráneo (nada más lejos de mi intención)...pero es que mi problema (entre otros muchos) es que añoro el Atlántico por todas mis células y poros. Disfruto con el Mediterráneo...pero hay algo dentro de mí...que me hace sentirme foráneo y forastero. No es mi Atlántico con su mar embravecido, con sus grandes olas espumosas, con sus inmensas mareas vivas y muertas. Es el mar Mediterráneo, que es un mar y que lo adoro igualmente...pero lo que me hace temblar de verdadero estremecimiento, es mi querido océano Atlántico. Volveré a él, sé que volveré a él y volveré a mojarme los pies sobre su arena tersa y húmeda, mientras me inundan los aromas de la marea baja...y sé que una vez que esté pisando su arena, ya nunca jamás nadie me volverá a sacar de allí. No hay vuelta de hoja


















GEMA CEPEDA


No sé si hacemos el amor o
el amor nos hace a nosotros.
Sábanas blancas al sol ondean
por un murmullo machacado.
¡Cuéntamelo al oído!
Aviso que las sardinas tienen más
agallas que algunos sentimientos.
Polvo de estrellas hacen migas
en una noche en pañales.
No todos besan igual, ni todos
los besos saben a frambuesa.
Humedad cristalina en
cada trozo de recuerdo.
No tengas temor a entregar el alma.
Se busca una eternidad en las costillas.
Llorar y llorar, limpiarse las lágrimas
y volver a sonreír.
Aferrarse al último halo de un sueño intacto.
Sesgar la herida para que vuelva a sangrar.
Tierra, fuego, oxígeno, luz y serotonina.
Salvando reos fugados de la
prisión de la pasión.
Se lustran las aldabas que abren
las llagas de un mutismo voluntario.
De los corazones salen voces,
de los lagos cisnes.
Los ilustrados escriben poesía
sobre unos pergaminos
tan especiales que
no se encuentran en ningún libro.
Un hombre y una mujer.































María García Zambrano


Olor a madrugada
Anduve haciendo viruta
con la madera de tu espalda
y al ver que no eras tú
amanecí
en el año del silencio.
Boca cerrada.
Me mordí los dientes y no brotó
la saliva de tus labios.
Es difícil no tener la tentación de embarcarse
en el crucero nocturno que ofreces.
Me contengo y enloquezco:
los barbitúricos se los doy al pájaro
me acuesto con la alfombra
me como tus camisas.
Una sombra ausente ha despertado.
Olía a madrugada.
Detrás de esa sombra estaba
todo el silencio posible.
Este valle tiene alas,
que aparecen en fragmentos.
A temperatura normal me desdoblo:
medio poeta medio ministra
pero siempre dividida por tu cuerpo.




















FINAL PARA UN CUENTO FANTÁSTICO - I.A. Ireland -

 

-¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada!
La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!
-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.




























GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ("Un señor muy viejo con unas alas enormes")


En 1961, durante una visita al estado de Michoacán en México, García Márquez observó que algunos indígenas del lugar fabricaban ángeles de paja. Esta visión suscitó el germen primordial para la creación de “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, en donde un ángel decrépito cae en el patio de una casa, tumbado por las fuertes lluvias que anegan los hogares del pueblo con cientos de cangrejos.
— Es un ángel –les dijo—. Seguro que venía por el niño, pero el pobre está tan viejo que lo ha tumbado la lluvia.
Al día siguiente todo el mundo sabía que en casa de Pelayo tenían cautivo un ángel de carne y hueso. Contra el criterio de la vecina sabia, para quien los ángeles de estos tiempos eran sobrevivientes fugitivos de una conspiración celestial, no habían tenido corazón para matarlo a palos. Pelayo estuvo vigilándolo toda la tarde desde la cocina, armado con un garrote de alguacil, y antes de acostarse lo sacó a rastras del lodazal y lo encerró con las gallinas en el gallinero alumbrado. A media noche, cuando terminó la lluvia, Pelayo y Elisenda seguían matando cangrejos. Poco después el niño despertó sin fiebre y con deseos de comer. Entonces se sintieron magnánimos y decidieron poner al ángel en una balsa con agua dulce y provisiones para tres días, y abandonarlo a su suerte en altamar.


















ADICTO


Sigo ahí, de pie y con la frente alzada y enfrentándome a las malditas estadísticas. Me he liberado de los números y cifras y me importa una mierda que ahora me lean 2.500.000 que 5.000 personas o cifras que representan las veces que me están leyendo. Iba por las 2.500.000 pero ya no me ata ese número, ni me alimenta el ego, ni como he dicho siempre no me hago esclavo de mis propias estadísticas. Ahora prefiero lo poco y bueno o no es que lo prefiera, pero mi pretensión es que no me influya y me esclavice. Además mi personalidad tiene muchos rasgos de adicto y me convierto en un ser totalmente compulsivo y entusiasta y con una facilidad que te cagas. Toda mi puta vida fuí adicto a algo. De pequeño estaba atado a mis pensamientos, pensaba que eran tan profundos y atrevidos que podrían hasta tener de valor de poder atravesar el mundo. Después me hice adicto a la militancia política, empecé por sentirme un poco jipi, un poco rebelde y le añadí unas dosis de revolucionario y de esa sopa viví unos cuantos años. Hasta que un día se me cayó todo mi chiringuito al suelo y eso fue un golpe muy fuerte, demasiado fuerte diría yo y porque había dejado tantas cosas en el camino y por la revolución pendiente, que a continuación me sentí vaciado de todo principio.

Después me hice adicto del descontrol, bebía como un cosaco y más y para poder olvidarme de todo lo que me había bebido y por eso empecé a darle a las pastillas dormideras y que mezcladas con el alcohol, era una mezcla cuando menos que explosiva. Después y durante unos años me hice adicto a la heroína, aunque entraba y salía y volvía a entrar y de nuevo salía y hasta que un día dije basta. De la cocaína no, porque la cocaína me excitaba demasiado y por tanto me descontrolaba al instante. Y después me hice limpieza interna y externa y tuve mis muy buenos períodos sin ningún tipo de enganche. Tuve épocas de psiquiatras y loqueros y psicólogos, a que me los pasaba a todos por el mismo forro. Me encerraron dos veces y por petición propia, en un loquero. Dos meses en total los pasé entre rejas y entre pastillas de todos los colores y formas.

Nada que objetar, esa fue mi puta vida en plan resumida en cuanto a mis adicciones. Desde luego al sexo no me hice adicto, aunque tuve mis pinitos que fueron más bien cortitos. Ahora vivo del cuento, vivo dentro de mis recuerdos, hago ejercicio, me cuido por dentro y por fuera y una vez al mes y como mucho, me hago una paja. Ahora soy adicto al escribir y eso que he bajado la frecuencia y la intensidad de mis escritos.


























¿ARTISTA?


Hay tanto arte desperdiciado
que hasta a veces me cuesta pensar en clave artista,
claro que cuando pienso en esto, me pregunto...
¿artista de qué?, ¿de qué película?
Y lo único que puedo contestar
es de mi película o de mi vida
y ahí sí que me siento el protagonista
el que llora, ríe, ama y quiere y sufre
y lo hace sobre sus propias carnes.
Soy el que no duerme si está despierto
el que no ama si así no lo siente,
el que se rebela si alguien le oprime
el que se cabrea si alguien le ataca.
Hay tanto de artista en mí
como lo puede haber en tí.

























UN TÍTULO

 

Yo tengo un título igual que pude tener un piano, sólo que después aprendí a darle un sentido al título y me acabó gustando el tema. El tema médico a eso me refiero. Y por cierto y ya que estamos con ello, hablando de pianos, tengo primero que aclarar que para interpretar música creo que lo haría mejor un pato mareado. Que no para oírla y porque me encanta escuchar música y es más, la considero una parte esencial en mi vida. Sin música yo no sería nada o sería muy poquita cosa. Y creo tener buen gusto para ella y no es un asunto banal y baldío, escuchar música es de las mejores cosas que sé hacer y con las que más disfruto. Hay quién me dirá, escuchar música es un asunto muy simple, pero lo que él no sabe es que se requiere tener unas determinadas condiciones, que te guste o te entusiasme el asunto, que le pongas ganas y sobre todo, que tengas un fino gusto por ese dulce sonido. Nadie nació aprendido y al oído hay que  saber cultivarlo con mucho tesón y cariño. Hasta hubo tiempos ya muy lejanos en que si no me gustaba la música que ponían en ese sitio, me iba a otro.

Yo a lo largo de mi vida hice muchas locuras y casi siempre esas locuras fueron acompañadas de música y por eso si ahora se escucho una determinada canción de inmediato me traslado a aquella antigua situación (es decir, la revivo), pero también tengo que decir que mis peores momentos vitales se acompañaron de música y por eso algunas canciones en concreto me siguen produciendo angustia y agobio. Ahora bien, mi vida tampoco ha sido tan loca como realmente me hubiera gustado. Mi locura, como mi cordura, fueron limitadas por eso que algunos llaman, precaución. Nada de que he sido libre por los cuatro costados y auténtico, sincero, loco y verdadero. He tenido una parte de pufo que mejor o peor fuí vendiendo. He sido héroe, pero también he sido villano y cobarde y miedica. He sido amigo de mis amigos, pero a veces he sido menos de lo que hubiera de haber sido. Años más tarde, he sido consciente de mis grandes fallos en éste aspecto y cuando ya era demasiado tarde para poder darle un remedio. Lo he intentado (el darle un remedio), pero claro el amigo que me había sufrido más que disfrutado, nunca entendió el significado del "oye perdona, me había equivocado" y porque su argumento se basaba "en no me jodas tío, han pasado años y décadas".

Pero como siempre digo y pienso, vida sólo hay una y es bueno que antes de quedarte tieso te enteres que tu amigo de aquellos viejos tiempos te está pidiendo el más sincero de los perdones y porque a éstas alturas de la vida que gano yo haciéndome el bueno de la película.




















PRAZA DA QUINTANA


 Mi querida praza da Quintana de Santiago de Compostela. A un lado se ve el muro de un convento (que nunca he sabido de que coño de congregación era) y de si realmente dentro de sus muros vivía alguien con aspecto de humano. En la parte superior se puede observar la casa de la parra (claro, la que tiene la parra) y a su lado, lo que hoy es una galería de arte (eso creo) y en el medio y presidiendo la foto, está la famosa escalinata da praza da Quintana, donde los estudiantes nos hacíamos los remolones y al mínimo rayo de sol aquello se llenaba de estudiantes con todo su bullicio. La foto está sacada desde el tejado de la catedral de Santiago, uno de los más hermosos sitios o lugares que yo he visto a lo largo de mi vida.

A. Muñoz Molina, "La dama y el unicornio"

"Los gatos y los unicornios son los dos animales más hermosos que haya inventado nunca la literatura. De los unicornios, tenues criatur...