ATARDECIENDO. Karmelo C. Iribarren

Frente al mar,
con un libro, en un banco.
A mi espalda,
un jardín viejo, descuidado,
otoñal...
Más allá,
como el mundo alejándose,
el ruido del tráfico.
Cierro los ojos.
Lo dejo ir.

AHORA, NO HAY NADA...

 No apuesto ni por mí

ni sé cual va a ser mi futuro

el mañana es una quimera utòpica

y en donde no sé si al final, 

estaré de cuerpo presente.

El presente está en mi mesa

el ayer pertenece a otro

el futuro es una palabra extraña

que se pasea por la acera de enfrente

y eso que salgo a la ventana para saludarlo

pero igualmente acaba pasando de largo.

¡No hay futuro! 

tal y como se decía en mis viejos tiempos

pero ahora es distinto porqué:

¡no hay futuro, no hay pasado, no hay presente!

no hay nada que más me moleste

que no haya nada en el horizonte.

Ahora estoy yo y mis cuatro cachibaches,

la mesa, el flexo, el ordenador y mi presidenta

que es la estufa de leña.

Ella ahora

preside la estancia

y eso que de momento está apagada

y cuando necesite tirar de ella

entonces sí que podré decir

¡arderá hasta Roma!

8 ACTIVIDADES...

 8 cosas o actividades que se pueden hacer a los casi 60 años y para quitarte del medio: el tedio, el aburrimiento, la desgana mal sana y la apatía del día a día. Y ahora que estoy en los 70 años sigo pensando exactamente lo mismo pero como si fuera todo más necesario que nunca:

1- Darse una vuelta a la manzana y sin ir a pasos muy acelerados. Las prisas no llevan a ningún lado.
2- Jugar a la play station y en el modo "pa los viejos".
3- Cambiar los dodotis regularmente y sí por lo que sea, tienes necesidad de ahorrar, pues tendrás que ponerlos a secar.
4- Disfrutar de lo que tienes porque ya te queda muy poco tiempo.
5- Cuidar de los nietos y sino los tienes, juega con las muñecas, pero no con las hinchables.
6- No ver pelis guarras, porque eso altera la Próstata o la Patata y te puedes matar a pajas.
7- Darle un repaso a fondo a la dentadura postiza y quitar la mala hierba que ha crecido desde la última vez.
8- En fin, llamar al sartre para que te vaya tomando las medidas para la caja de pino.
Conclusión: que no hay motivos para quejarse, que la vida es bella y todas esas mariconadas que siempre se dicen para adularla. Vivir es lo que hay que hacer y para vivir no hay viejos, ni jóvenes, ni lechoncitos, sólo hay personas que se suman a la causa y hay otras que se quedan al margen. O sumas o restas y no hay más que decir.

UN DÍA ME DIJISTE ADIÓS

Cuando cierro los ojos, te noto, te siento.
cuando los abro, aún te siento más.
cuando te pienso, te veo en tres dimensiones
cuando te miro, ya no te encuentro...
ya no, porque el viento te llevó hace un tiempo
ya no, porque la lluvia nubló lo poco que veía
ya no, porque un día me dijiste adiós
y como mi memoria es selectiva
me olvido de lo que nos pasó.
Ya está, ya pasó todo
y cada uno se ha situado en su mundo
tú, sigues esparciendo sentimientos
y mientras yo, los sigo recogiendo
y porque estoy seguro
de que vendrán épocas de hambre.

FRIDA KAHLO

 “Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú".

SI YO TUVIERA PODERES...

Si yo tuviera poderes, ya sabéis de lo que hablo...de poderes especiales, tocaría con mi varita mágica por ejemplo a una fuente y aparte de agua potable y cristalina, beberíamos ideas frescas y relucientes...Después nos sentaríamos para hablar y negociar, a decir yo pienso así y tú piensas lo contrario y no pasaría nada...porque ¿qué puede pasar con dos ideas distintas?, que primero choquen y que después, se entiendan, que primero se retuerzan y que al final, se estiren y se acaben enredando entre ellas. Vamos, que yo me presento voluntario para hablar con el contrario, ahora sí, sin fanatismos patrioteros, sin artículos 155 y demás mierdas, sin represión pero también sin tanto teatro por el contrario...digamos que hablaría desnudo o con lo puesto y bueno, no nos íbamos a comer la boca, pero quizá sí que nos entenderíamos mejor que los que nos representan, salvo claro está, con el facha de turno y porque su ideología se basa en aniquilar a tíos como yo y a otros cuantos más que se mueven alrededor de mi onda...

MIGUEL HERNÁNDEZ. "Tristes, tristes".

 


José Antonio Pérez Tapias

Recordando a Weber... Si el Estado tiene el "monopolio de la violencia legítima", esa legitimidad se va erosionando cuando, p ej, a la violencia policial le acompaña el ensañamiento. Cuidado, pues es sabido que la violencia engendra violencia. Y lo estamos viendo en otros muchos lugares.

MARÍA EUGENIA PAZ Y MIÑO. BOLAÑO, ALLENDE Y LA BOHEMIA LITERARIA (miniensayo)

En estos días volvió a circular en redes la vieja frase de Bolaño sobre Isabel Allende: "es una escribidora". Se repitió mucho, se analizó poco. El presente escrito intenta ponerle contexto.
La apreciación de Roberto Bolaño sobre Isabel Allende se remonta a una entrevista dada por él a la revista CRÍTICA, en el año 2002, cuando todavía pervivía una idea de masculinidad construida desde la bohemia literaria.
Era un concepto de bohemia que se había extendido en el siglo XX, como una vivencia ligada a lo intelectual y lo artístico, al rechazo de las convenciones sociales, a las tertulias en cafés y bares. Un mundo nocturno donde lo masculino se construía tanto en la vida como en los textos.
Julio Cortázar se empapó de esa bohemia y la reflejó en su cuentística del París de los cincuenta y en RAYUELA, de 1963. Algo similar ocurrió con el resto de escritores del boom. A ellos les sucedieron, por cronología generacional, escritores como Bolaño, que tenía diez años cuando se publicó RAYUELA, y que experimentó en carne propia ese territorio de lo existencial, del vivir al límite, en el underground. Siempre con amor absoluto por la literatura.
Bolaño tuvo una actitud y un discurso de respeto a los derechos de la mujer, de solidaridad y equidad. Sin embargo, su literatura también refleja esa bohemia como bastión y razón de ser de los escritores varones. Su cuestionamiento a Allende no nacía de un prejuicio de género, sino de una intransigencia ética contra la comercialización de la literatura. No obstante, la mitificación de la bohemia como único espacio legítimo para crear alta literatura, se revelaba como aspecto cultural de una sociedad donde el protagonismo literario seguía reservado a los varones. Eso no le resta potencia ni grandeza a Bolaño ni a los del boom, pero vale tomar en cuenta que en esa bohemia el protagonismo estaba reservado a pintores, escritores y músicos varones. Ese era, en general, el mundo que se presentaba como literatura.
Por eso, las mujeres escritoras, al no responder a ese modelo en el cual se construía el escritor y el escrito mismo, no podían ser aceptadas de igual a igual. No era necesariamente una actitud consciente, sino la manifestación de condiciones sociales y culturales en un momento en que las mujeres latinoamericanas estaban en mayor desventaja en el ámbito público. Durante casi todo el siglo XX, el canon editorial había estado monopolizado por varones hasta que, recién en la década de los ochenta, se consolidó una irrupción masiva de escritoras con mayor presencia en la narrativa —y no solo en la poesía, género hasta entonces más aceptado para las mujeres—, que además marcaron récords de ventas y definieron nuevas propuestas estéticas.
La bohemia heredada por Bolaño conllevaba una ética que se oponía a la burguesía y a la riqueza acumulativa. Este dato es importante porque Bolaño argumenta eso en Allende, pero no solo en ella. También, el mismo año 2002 y en la misma entrevista, cuestionó a Laura Restrepo, quien publicaría dos años después DELIRIO, novela que ganaría el Premio Alfaguara 2004 con un jurado presidido por José Saramago.
En ambos casos había una objeción a la línea del realismo mágico de García Márquez, que Bolaño consideraba una fórmula agotada. De hecho, Bolaño también polemizaba sobre García Márquez y el éxito de Vargas Llosa.
Bolaño rechazaba sobre todo la comercialización de la literatura y sus críticas iban dirigidas al éxito comercial. Paradójicamente, en 1998 ganó los prestigiosos premios Herralde y Rómulo Gallegos por LOS DETECTIVES SALVAJES, que lo consagraría también en ventas.
A los ya criticados se suman los chilenos: Diamela Eltit, a quien cuestionó, en crónicas como EL PASILLO SIN SALIDA APARENTE, no por comercial, sino por el espacio académico e institucional que la rodeaba; Antonio Skármeta, de quien ironizaba por estar a expensas de la televisión y del mercado; José Donoso y los jóvenes de la "Nueva Narrativa Chilena". Con todos se distanció y estos a su vez lo atacaron.
En cuanto a Isabel Allende, su rivalidad se expresó en un contexto particular de Chile. El país había superado en parte el trauma de la dictadura y, con Ricardo Lagos se percibía una bonanza económica que había permitido que muchos exiliados y autoexiliados —como la propia Allende y Bolaño— tuvieran las puertas abiertas para volver.
En ese clima se iba a entregar el Premio Nacional de Literatura de Chile del año 2002. Isabel Allende era una de las postuladas con mayor aceptación y Bolaño, desde España, la rechazó de forma mordaz, aduciendo una mercantilización de la literatura.
Fue entonces cuando Bolaño soltó la frase que hoy ha sido desempolvada después de que Allende obtuviera el Premio Planeta 2026: "Me parece una mala escritora, simple y llanamente, y llamarla escritora es darle cancha. Es una escribidora". Al parecer influyó en el veredicto, aunque eso no se puede comprobar. Ese año el premio lo ganó Volodia Teitelboim, de 86 años. Isabel Allende lo recibiría después, en 2010.
Tras la muerte de Bolaño en 2003, el diario argentino LA NACIÓN recogió que Allende, para defenderse, adujo el "odio" del escritor e indicó que sus libros le aburrían. Luego, con el tiempo, ha tenido una posición conciliadora, al expresar que las polémicas del pasado no deben juzgarse con criterios actuales y que valen más las obras que las rencillas personales.
En múltiples entrevistas, Allende ha señalado que los escritores del boom funcionaban como un club cerrado donde las mujeres no participaban y que había un menosprecio intelectual hacia las escritoras. Era cierto, y ha sido ratificado desde los estudios de género.
Las mujeres escribían sin necesidad de vivir en esos contextos de bohemia intelectual y, por eso, los escritores varones, al entender que la literatura de calidad solo podía producirse dentro de esa bohemia, no las aceptaban. Bajo esa óptica de exclusión se midió a las autoras del continente.
En Ecuador la vivencia de la bohemia se mantuvo intacta. Se alimentó una literatura de masculinidad ruda, con arquetipo de héroe mítico, donde los personajes femeninos no eran intelectuales; eran las amadas, las musas, las amantes, con roles pasivos al servicio de protagonistas masculinos.
Y aquí se me viene a la mente el caso de Alicia Yánez Cossío. Una escritora que ha publicado como quince novelas de alta calidad y que, sin embargo, fue separada del grupo de quienes se constituyeron en las "vacas sagradas" de la literatura ecuatoriana, para quienes resultaba casi una afrenta aparecer en antologías junto a mujeres, como si fueran ellos los únicos que hacían literatura ecuatoriana y la obra de las escritoras fuera simplemente "literatura escrita por mujeres".
En un momento las propias mujeres y el feminismo reivindicaron esa categoría de "literatura escrita por mujeres" para visibilizar una escritura que había sido ignorada y excluida. Esa categoría, nacida de una necesidad legítima, terminó siendo el justificativo para que, en Ecuador, ese pequeño círculo de escritores varones “consagrados”, considerara que solo lo suyo era la "verdadera" literatura ecuatoriana y que lo demás era algo aparte y de menor valía. Funcionaban también como un club, como decía Allende del boom: con sus lealtades internas y sus dinámicas de poder desiguales con las escritoras y, en algunos casos, con formas reprochables de machismo.
Por suerte, estos criterios ya están en desuso en las nuevas generaciones, que entienden que la literatura es una sola y que escribir equivale a arriesgar la vida en un país donde los escritores —y las escritoras en particular— somos menos que parias y donde la literatura ecuatoriana sigue siendo desconocida para los propios ecuatorianos, cuyos índices de lectura y de educación de calidad están por los suelos.

FERNANDO PORTOLÉS REBOUL


 El primer verano que Vero no fue al pueblo, acompañaba siempre a mi abuelo a la taberna para pasar por delante de su puerta buscando el coche grande y azul de sus padres.

- A lo mejor llega mañana - me decía por la noche mirando el cielo desde la cama.
A través de los lilos del jardín se veían las estrellas formando una tupida malla plateada. Y si me asomaba un poco, se atisbaba en la esquina una nube de mosquitos volando de forma loca alrededor de la única farola de la calle, como cuando soplaba con el fuelle las cenizas de la chimenea.
Cuando mediaba ya el mes de julio, me convencí de que ya no iría. Y por alguna razón intuí que no volvería a verla nunca. Durante dos veranos, Vero y yo habíamos compartido charlas y silencios a dos metros del suelo. Yo, en la rama de mi tilo y ella en el techo de la furgoneta vieja llena de macetas con flores que había en su jardín, pegada a la medianera.
Un día fui con mi padre y con mi abuelo a buscar piñas para el fuego al puerto de Canencia. Nos encantaba aquella umbría junto al río. Yo iba delante con mi abuelo y mi padre iba detrás haciéndole fotos a todo.
A veces se oía un golpeteo constante y rítmico entre las ramas más altas.
- Son los carpinteros, que golpean las cortezas de los pinos y abedules - me explicó mi abuelo hablando en voz baja.
Asentí y seguimos caminando en silencio. Cuando aquellos pájaros dejaban de golpear los árboles, sólo se escuchaba el borboteo acharolado de las aguas del río y nuestros pies crujiendo en el suelo.
- En agosto, cuando estés en la playa, te habrás olvidado de Vero - dijo él de repente.
- Quiere ser pintora, como su padre y su abuelo - le respondí yo, como si eso explicara algo.
- Eso está muy bien - respondió mi abuelo mientras miraba hacia arriba.
- A lo mejor no me olvido- dije yo.
- El camino de la infancia se hace a pasitos cortos - dijo sin más.
Me quedé pensando en el significado de esa frase mientras caminaba mirándome la puntera de los zapatos.
De repente se mezclaron en el aire el graznido de los arrendajos con el canto menudo de los herrerillos buscando las últimas semillas de la temporada.
Mi abuelo tenía razón. Llegó agosto y nos fuimos al mar. A la casona de techos altos y suelos de arlequín de mi abuela de Málaga. El olor a fritura y el agua gorda que salía por el grifo. Y los chanquetes, y los cañizos, y las biznagas, y el cine de verano...
Y la infancia, con sus pasitos cortos.
Feliz día.

UNA RELACIÓN TÓXICA

 Y en ese pequeño período de tiempo (al final, fueron 3 o 4 años), esperaba que llegara el viernes y como si se me fuera la vida en ello. Siempre pensaba que no era yo el ser que podía caer a un nivel tan bajo. Pero sí era yo y por si acaso me iba al baño y para poder verme frente al espejo y confirmar, que realmente era yo. Me entraba vergüenza ajena al verme así y de esa manera tan deplorable. Yo, que había sido un soñador empedernido, que vivía de mis ideales y causas y que no había casi nada que me doblegara, de repente y en un par de años me había convertido en un ser débil, dependiente, adicto y sobre todo, borracho. 5 o 6 días a la semana soñando que llegara el fin de semana y para ponerme ciego hasta las cejas y cuando llegaba ese día, al cabo de una hora ya me había pasado tres pueblos y medio. Había acabado medicina hacía unos pocos años. Compartía piso con otros elementos médicos como yo. Tenía mi pequeño grupo de amigos y unos más lejos y otros más cerca y otros más o menos fluctuantes. Vivía en una ciudad preciosa y que además daba al mar. En principio tenía novia y ahora pienso, que no tenía nada y que me hubiera ido mejor si no me hubiera colgado de ella.

 Aunque todo hay que decirlo, poco o muy poco tiempo duró esa colgadera. Pensaba que había amor en donde no había nada, pero por miedo a perder una relación inexistente hasta cambié mi propia realidad y me puse novia y pedí que me quisiera y que me quisiera mucho y a cambio ¿qué recibí?. Pues, un simple sucedáneo de novia de papel cartón y sangre fría, de sangre muy fría y ojos marrones feos y aburridos. También le sudaban y mucho, las palmas de sus manos, pero como apenas me acariciaba, tampoco sufría demasiado por mi parte. Al principio no le sudaban, aunque la verdad es que no lo sé muy bien y porque al principio de esa especie de pseudorelación, la tenía instalada en un pedestal y por eso no sé muy bien determinadas cosas de ella. y después de que se acabara aquella falsa relación, nunca más quise saber de ella. Me la comí con o sin patatas y su digestión no fue nada fácil y porque en realidad era bastante indigerible, pero yo erre que erre y porque para terco y cabezota, estoy yo y unos cuantos especímenes más que hay por el mundo. No muchos.

Qué fácil es opinar cuando estás bien o mejor o a pasado el tiempo más que suficiente, para poder tener una perspectiva totalmente distinta a la que en aquellos tiempos tenía. Yo, siempre defendí que había que estar allí y en aquellas condiciones de no sentirte persona y entonces habría que ver como salía uno de aquél embrollo ideológico y sentimental. Porque ese era el problema de fondo, yo mismo me consideraba un mierda que estaba muerto de miedo. No era capaz de ver y sentir una virtud por mi parte, ni de apreciar una fortaleza en mi forma de ser y de estar por la vida y ella era todo mi apoyo emocional y que en aquél momento, era totalmente destructivo. Sin ella, era un tío blandito, triste, apocado y no reunía ni de lejos, el valor necesario para dejar aquella relación de mierda. Hasta que ella un día me dijo: lo quiero dejar y pasé unos días que para qué contaros, pero pasados esos siniestros días de vil sufrimiento, todo fue cambiando y volví a sentir el sol en la cara y los días de lluvia (que de aquellas eran casi todos) volvieron a ser hermosos y el olor a leña volvió a ser mi aroma favorito. En fin, volví a sentirme persona humana que disfrutaba de todo lo bueno que tiene la vida. Pasé un tupido velo sobre ella y sobre todo cambié lo que había supuesto para mí. Si alguien no sabía lo que es una relación tóxica, pues a partir de ahora ya sabrá lo que es.

BENJAMÍN PRADO