ANNE CARSON


 

LOLES LEÓN


 

Ida Domimijani


 "La inversión de las causas y los efectos ha sido siempre uno de los pilares del discurso sobre la violencia política. En una jornada entera, no he oído ni una sola vez —con dos excepciones: Massimo Cacciari y Daniele Vicari— mencionar la guerra, el rearme y la catástrofe climática entre los factores violentos y generadores de violencia de nuestro tiempo. (Como mucho, alguien balbucea algo sobre la inflación y el coste de la vida). Mucho menos se mencionan las políticas represivas de los gobiernos (en Italia vamos ya por el octavo decreto de seguridad). O la descomposición de la UE, presentada durante veinte años como el faro luminoso de la novela de formación de la «generación Erasmus» y las siguientes.

La violencia social nunca nace de la nada: nace siempre como respuesta a la violencia del Estado —política, económica y, hoy en día, también militar— y al cierre de las perspectivas de futuro.
Lo que sorprende, más bien, es la sorpresa ante la explosión de lo que está explotando. Pero ¿de verdad alguien pensaba que todo esto podía pasar sin consecuencias? ¿Que el encarecimiento de la vida, de la gasolina y de la vivienda, la descomposición de la escuela, la militarización de Europa, el genocidio de Gaza, el calor asesino del verano pasado y la capa de contaminación que cubre las ciudades podían transcurrir sin más?
¿De verdad alguien piensa que el contraste flagrante entre la riqueza obscena y el empobrecimiento progresivo no iba a encender la mecha de las expropiaciones en los salones del lujo? ¿De verdad alguien pensaba que todo esto podía permanecer comprimido y reprimido, o expresarse en formas educadas y respetables?
¿Y de verdad alguien se sorprende de que un debate público degradado a niveles nunca vistos en la historia de la República pudiera no generar formas de violencia juvenil muda, sin articulación lingüística ni política?
Luisa Muraro llamaba, sin la menor intención de denigrar o despreciar, «cuerpo social salvaje» a aquello que vive, y que a veces estalla, en los márgenes o fuera de la síntesis social. A partir de ahora, haríamos bien en intentar descifrar, con un poco de humildad, el vocabulario de la revuelta"

Lo único que uno debe hacer, es vivir

 Lo único que uno debe hacer

es vivir 

y no mal vivir

ni arrastrarse por el suelo en plan baboso

ni mostrarse sumiso y complaciente

ante el que le pisa o le oprime

y decir que sí, cuando es no

o decir te quiero

cuando ya has dejado de querer

y me da igual por el motivo que sea

y porque yo no estoy aquí escribiendo

para indagar en el porqué de sus actos

ni de quién tiene o no, la razón

ni siquiera si has actuado correctamente

y porque lo hecho, hecho está

y a mí ahora

me importa el día a día

y lo que pasará al día siguiente

y porque al mes, puede que ya no esté

y al año, puede que esté bajo dos metros de tierra

y entonces ¿para que ver más allá?.

Hoy me siento luciérnaga sideral

emito energía positiva por donde voy

y hasta me siento un ser dotado de luz propia

y no entiendo muy bien ¿porqué me pasa eso?.

Dormí como casi siempre

bien en horas y mal en sueños o pesadillas

me desperté como muchas veces me pasa

totalmente envuelto en un sueño

y me costó y mucho, salir de él

y el día amaneció lloviendo

la lluvia repiqueaba en la claraboya del tejado

el tono de luz estaba amortiguado o casi borrado

y el gris era el tono dominante.

Pensé varias veces

que estaba en mi tierra gallega

y que ese tono de luz medio apagado o medio encendido

iba a durar más o menos lo que dura un mes

y que el otoño daría paso

a un invierno muy largo

y que un día cualquiera y entre la bruma de la mañana

se abriría paso una primavera preciosa.

Y yo que me siento un ser entrañable y otoñal

estoy preparando mi nido

ya pienso en setas y castañas

en leña para mi estufa de leña

y en la manta y en el sofá

y en poco más

y porque en todo esto

el escribir siempre está y estará presente.

ROBERTO FONTANARROSA