Y no me escuches
ni me digas nada
nada de lo que después te puedas arrepentir
mantegamos la distancia
la escrupulosa distancia
que nos ha mantenido alejados
y tú estás al otro lado de la frontera
y yo, estoy en éste lado
o al revés y porque me da exactamente igual
de que lado esté cada uno
y porque me importa todo un rábano o un pepino
y no sé como decirlo
pero digamos que ese tiempo ha pasado
y no hay posible solución para nosotros
en realidad, nunca la hubo
y porque antes de empezar con lo nuestro
la moneda ya estaba echada
y cuando tocó suelo
todos sabíamos que había salido cruz
y habíamos escogido cara
y por tanto, nos hemos tenido que comer la cruz
y comerla y digerirla poco a poco
y hasta por fin, poder cagarla en punto de cruz.
Nos la jugamos a una cara de la moneda
fuímos al 50% de posibilidades
y no tuvimos suerte
o sí que la tuvimos
y porque visto lo visto me alegro un huevo
que hubiera salido cruz.
Que fácil es hablar cuando las cosas han pasado
o como también se dice, a agua pasada
y ya sabemos que el agua pasada no mueve molinos
y menos va a mover sentimientos
y también que difícil es adivinar el futuro
y por eso uno a veces
se queda con el presente y porque es el que tiene delante
y además, está de cuerpo presente
y porque al final, el presente y en teoría, no debería tener
ningún fallo estrepitoso y demasiado escandaloso
pero claro le falta ese aliciente o esa pregunta sin respuesta
o ese interrogante que a tantos nos gusta resolver.
Vamos, que pasa lo de siempre
y la curiosidad de lo que nos puede pasar o no pasar
es el verdadero motor que nos mueve
y nos hace dar un paso hacia delante
y después, ya veremos lo que nos pasa.
Es alucinante pensar
que la curiosidad es el motor que nos mueve hacia delante o
hacia atrás.

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