Yo me enamoré bajo todas las condiciones y bajo todas
las situaciones
y hasta hubo una vez,
que me enamoré temporalmente
de la forma de hablar de una tía.
Era uruguaya por sus cuatro rincones
y hablaba de una forma que yo al escucharla
la elevaba a categoría de diosa.
Era tan afable, tan amable
y tan entrañable lo que salía por su boquita
que a mí me hacía sentir como si estuviera enamorado de ella
y de sus maravillosas cuerdas vocales.
Me elevaba al cielo
con esa suave tonalidad de sus palabras
y yo pensaba
si ahora me hablara en susurros
lo de estar enamorado se me quedaría excesivamente corto.
Los dos y más personas
íbamos a una especie de comité de solidaridad con américa
latina
(COSAL, creo que se llamaba)
y cuando empezaba a hablar la tía
era mejor que el mundo dejara de dar vueltas
y porque yo sólo quería oírla hablar
y dijera lo que dijera
ella tendría mi aplauso y por supuesto, mi voto.
Por su voz estaba completamente entregado a ella
y si me dijera bésame los pies
yo se los besaría ipso facto.
Más tarde y pasado ese tiempo de embelesamiento,
quedamos para vernos alguna vez que otra
y ahí pude comprobar
que si ella no hablaba se jodía todo mi encantamiento
y por eso le pedía que hablara todo el tiempo.
Pero claro, no podía estar hablando todo el tiempo
y en esos pequeños silencios yo pensaba
¿como me había enamorado de una forma de hablar?
y cuando al rato volvía con sus disertaciones envolventes
me volvía a enamorar de ella.
Y así una vez y otra
y hasta que un día se rompió todo el encanto
y porque se enfadó de verdad con su hermana delante de mí
y aquella voz melosa, cariñosa y extraordinariamente amable
alzó su tono con tanta potencia y con tanta agresividad
que casi explotan mis tímpanos y mis neuronas sensitivas
y cuando volvió a usar su tono normal
yo dejé de oír su voz como una voz celestial
y desde ese mismo momento me dí cuenta
que tenía una voz tan humana como la mía.
Y entonces, fin del enamoramiento y fin del encantamiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario