En estos días, olvido cosas todo el tiempo, las pierdo
pierdo mi pluma, no encuentro mis lentes,
hace un segundo, en algún sitio, vi el color azul,
ahora no sé a dónde se ha ido.
Olvido responder cartas, pagar mis deudas,
darles a mis amigos un hola y un adiós,
lamentando que mis manos sigan llenas de trabajo
que poco tiene que ver conmigo.
A veces, habiendo olvidado algo,
no puedo recordar siquiera olvidarlo.
Mamá solía decirme que fuera a los lugares
donde me había quitado, había visto o guardado esas cosas
por última vez.
Así las encontraba normalmente, emocionado.
Mamá solía decir que estas cosas, dondequiera que estén,
crean un lugar propio y no lo sueltan fácilmente.
Ahora Mamá ya no está conmigo,
sólo queda su lugar.
Las cosas se pierden pero sus lugares permanecen,
se mueven con nosotros toda nuestra vida.
Nosotros nos vamos a otra parte, abandonando nuestras casas, a nuestra gente,
el agua, los árboles,
como una piedra que tenía, que el agua arrastró de una montaña;
esa montaña aún ha de conservar un mínimo lugar.
Mientras tanto, mi ciudad fue sumergida por una presa enorme.
Han creado en su lugar otra ciudad
pero yo dije: ésta no es, mi ciudad es ahora un sentimiento vacío.
Las cosas suceden y luego pasan
pero donde pasaron, esos lugares se acumulan,
esos lugares van conmigo,
recordándome todo lo que he olvidado
y todo lo que he perdido.
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