Manglesh Dabral

En estos días, olvido cosas todo el tiempo, las pierdo
pierdo mi pluma, no encuentro mis lentes,
hace un segundo, en algún sitio, vi el color azul,
ahora no sé a dónde se ha ido.
Olvido responder cartas, pagar mis deudas,
darles a mis amigos un hola y un adiós,
lamentando que mis manos sigan llenas de trabajo
que poco tiene que ver conmigo.
A veces, habiendo olvidado algo,
no puedo recordar siquiera olvidarlo.
Mamá solía decirme que fuera a los lugares
donde me había quitado, había visto o guardado esas cosas
por última vez.
Así las encontraba normalmente, emocionado.
Mamá solía decir que estas cosas, dondequiera que estén,
crean un lugar propio y no lo sueltan fácilmente.
Ahora Mamá ya no está conmigo,
sólo queda su lugar.
Las cosas se pierden pero sus lugares permanecen,
se mueven con nosotros toda nuestra vida.
Nosotros nos vamos a otra parte, abandonando nuestras casas, a nuestra gente,
el agua, los árboles,
como una piedra que tenía, que el agua arrastró de una montaña;
esa montaña aún ha de conservar un mínimo lugar.
Mientras tanto, mi ciudad fue sumergida por una presa enorme.
Han creado en su lugar otra ciudad
pero yo dije: ésta no es, mi ciudad es ahora un sentimiento vacío.
Las cosas suceden y luego pasan
pero donde pasaron, esos lugares se acumulan,
esos lugares van conmigo,
recordándome todo lo que he olvidado
y todo lo que he perdido.

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