Y yo era de ese tipo de personas que pensaba
" qué todo se puede arreglar"
que nadie ni nada me podía apartar de esa idea fija
esa idea que siempre tuve dentro de mi cabeza.
Hasta en mis peores momentos personales
y hasta cuando estuve en medio de una relación totalmente
rota y destrozada
llegué a pensar lo contrario
y porque esa falsa esperanza es tan inhumana
y tan de otro mundo
que esa misma idea me llevaba tan lejos y me elevaba tan alto
que cuando miraba hacia abajo
ya no podía ver los pequeños detalles del día a día
y eso me hacía, perder perspectiva
y de nuevo volvía a seguir montado sobre mi idea fija.
Yo siempre pensé
que mi sangre no estaba hecha de horchata
y que tenía más de utopía pura y dura que de glóbulos rojos
pero nunca dejó de ser una suposición
y porque esa idea nunca salíó en ninguna analítica
y para que así adquiriera un cierto barniz científico
y que me pudiera basar y apoyar en la evidencia.
Mi idea de como era la vida era tan de cuento
que ni yo mismo
me lo llegaba a creer.
Pero aún así
esa seguía siendo mi idea
mi propia idea de cuento incomprendido.
Y a base de palos que me fueron dando
o que yo provoqué para que me los dieran
nada de todo esto, me hizo cambiar de guión
y yo seguí a lo mío y con esa persistencia que tanto me
caracteriza
y fuí recibiendo más palos
y fuí haciendo álbumes coleccionables con todos ellos,
algunos se acompañaban de fotos
y otros, eran corazones rotos que no se acompañaban de
ninguna foto.
Nuna me gustó sentirme veleta de nadie
y ni siquiera de mi amado viento,
no puede ser que el viento me imponga su rumbo porque sí y
porque le apetece
y que cuando se calme, me deje clavado en la nada de un
desierto.
Y como ya he dicho anteriormente, yo amo al viento.
Pero desde mi punto de vista
amar no significa sumisión.
Es como si ahora
hubieran pasado siglos por el medio
y que gran parte de todo este tiempo
yo persistiera en la misma idea
y hasta que llegó un día y así de repente
yo caí de mi propia burra
y me dí una hostia que no veas
y al cabo de un rato algo cambió dentro de mi cabeza
y entonces pensé que me había equivocado con mi premisa
esa misma que había presidido gran parte de mi vida
y ya dejé de pensar en que todo se puede arreglar.
Casi 70 años de mi vida han pasado
y para que uno se diera cuenta
que no todo se puede arreglar.

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