OTOÑO...

Yo soy más de Invierno, mejor dicho soy más Otoñal que otra cosa y porque llegado el Otoño (del cual solamente llevamos un día) poco a poco va cambiando mi filosofía vital y si ya antes era un ser solitario, pues ahora es como si viviera en una isla desierta dentro de mi propia casa. Del Otoño me gusta todo o casi todo. Me gustan sus olores a tierra mojada o a tierra húmeda y además, me encanta como se viste con esa inmensa variedad de musgos, de setas y de helechos y para que hablar de sus colores...sus colores son hechos por los dioses, esa marrón suave y tierno, ese amarillo pajizo, ese verde oliva recién mojado, ese azul cielo o ese gris amenazante. Y además, llueve o suele llover y todo se limpia y hasta mi alma se limpia de malos pensamientos, aunque es verdad que hay algunos que no se le limpia ni lloviendo lejía, pero por suerte y de momento, entran dentro de las excepciones o casos raros.
Me gusta el calor de mi estufa de leña y su aroma a madera quemada y hay quien dice que el inconveniente que tienen las chimeneas y estufas de leña es que la leña ensucia. Y yo les digo, que si se ensucia habrá que limpiarla y porque no hay mejor calor en el mundo, no hay calor más entrañable y confortable. En otoño mis dos grandes ilusiones son:
- Encender la estufa de leña.
- Ir a por setas. Que ya hace tiempo que no voy y por impedimento físico. Pero eso no quita que deje de tener esa ilusión.
- Y podía añadir un tercer deseo: escribir con su tenue y amable luz ocre.
Creo que yo me haría de la secta del otoño perpetuo o bueno y para no pasarse dos o tres pueblos, erradicaría de la faz de la tierra al Verano y simplemente se lo añadiría al Otoño y por tanto serían 6 largos meses de Otoño y los otros 6 se los dejaría al Invierno y a la Primavera. Yo, a éstas alturas de mi vida, no puedo con el Sol y sus ardentías y sudores, vamos a ver...yo puedo con el Sol cuando está suave y tierno, cuando te acaricia con sus dedos fríos o templados la piel que me envuelve. Y cada año que pasa me es más difícil de aguantar su calor veraniego y pegajoso. Y quién sabe y quién sabe si dentro de 3 o 4 años, uno será capaz de reproducir con una impresora 3D las estaciones que uno quiere y así meto en la impresora algunas setas, un poco de musgo verde y amarillo, unas cuantas hojas secas y marrones, unos trocitos de leña (no muchos, no vaya a ser que se joda la impresora) y ¡zasca! y ya tenemos un lindo y maravilloso Otoño.

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