De Fukushima a Urda va una sola palabra: Hansei.
En mi primer trabajo serio trabajé como responsable en una factoría de automóviles poniendo en marcha uno de los primeros JIT puros en España.
En mi equipo casi todos eran japoneses mientras duró la implantación del sistema, y recuerdo que tras un inicio desastroso motivado por las diferencias entre el rigor procedimental de la cultura japonesa y la nuestra, paramos la cadena de producción provocando pérdidas significativas a la compañía.
Aquella mañana recibí un correo con el asunto: hansei-kai.
Al preguntar por el significado de la palabra me indicaron que no tenía una traducción literal al español y que significaba autocrítica y autorreflexión hacia atrás en una especie de ¿Qué podría haber hecho yo para que no hubiera ocurrido?
La verdad es que fui a aquella reunión sin tener ni idea de su contenido y tras sentar al equipo en sillas formando un rondo, Niwa, el jefe, se colocó justo en el centro y empezó uno a uno a preguntarnos qué habíamos podido hacer a título individual para que la planta no hubiera parado.
Recuerdo que me quedé mirando al resto del equipo y me dije… a ver, la culpa es de este tipo de ahí que la ha cagado con la planificación de la cadena de pintura y hemos parado por desabastecimiento de piezas pintadas en un color concreto.
Uno a uno todo el mundo fue diciendo qué podría haber mejorado como parte del proceso pero nadie citó a aquel tipo.
En el informe se recogieron todas las ideas y de aquella reunión surgieron las bases para asentar un protocolo mucho más robusto. Por supuesto el nombre del verdadero responsable no se mencionó ni sancionó.
Si hubiera ocurrido lo mismo en un equipo formado por españoles probablemente el culpable habría tratado de colgarle el marrón a otro y todos le hubieran señalado de alguna forma. Creo que eso tiene algo que ver con la estigmatización que existe en occidente con la culpa, como se expía y lo que significa debido a nuestra tradición religiosa
Cuando ocurrió el terremoto en Japón en 2011, una de las estructuras más afectadas fue la central nuclear 1 y 2 de Fukushima.
Pese a deberse a un desastre natural (como los incendios en España este verano) se llegó a la conclusión de que se podría haber evitado por una serie de factores:
1. Subestimación de la fuerza del terremoto y el tsunami posterior.
2. Pésimo diseño y ubicación de los sistemas de emergencia.
3. Falta de preparación para un "apagón total" prolongado.
4. Vulnerabilidad en el diseño del reactor.
5. Fallos de regulación y complacencia por una mala praxis en la cultura de la seguridad.
El país se sumió en una depresión terrible, el peor golpe a la nación desde la Segunda Guerra Mundial, pero todo Japón en conjunto realizó un Hansei global.
Nadie señaló a nadie, nadie pidió la cabeza de nadie, nadie insultó o faltó al respeto y todo el país realizó un ejercicio de autorreflexión y autocrítica conjunto para salir reforzados de aquella crisis y, a día de hoy, sus sistemas de detección y prevención de tsunamis son los mejores del mundo.
Imagino que llegados a este punto entenderéis el sentido de la publicación.
Ayer me habría gustado levantarme en un país en el que toda la oposición se hubiera puesto a disposición del Gobierno. Me hubiera gustado ver las noticias con todas las fuerzas del país remando en una sola dirección.
Me habría gustado escuchar a Feijóo diciendo que quizás también durante su mandato no dotaron con suficiencia los fondos para el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria. Escuchar a mi Presidente y al ministro reconocer que quizá deberían haberse centrado en crecer de forma más moderada en cuanto a kilómetros de vía y balancear mejor el presupuesto que, siendo mayor, no se destinó suficientemente al mantenimiento. Y me habría gustado escucharles emplazándose a firmar un plan nacional de infraestructuras y analizar el por qué una inversión aprobada y dotada para cambiar el principal elemento de seguridad como es el sistema inteligente de frenado automático se ha demorado hasta el último plazo posible de su aplicación.
Creo que nos hace falta a todos replantearnos algunas cosas. Para empezar qué país queremos ser y cómo vamos a lograrlo. Porque está claro que no podemos seguir así ni un minuto más.
Nuestros políticos deberían realizar un Hansei Kai y preguntarse qué podrían haber hecho para que este accidente no ocurriera. Desde el primer miembro del ejecutivo hasta el último de la oposición. Esa es la única manera de poner las bases para que no vuelva a ocurrir algo así y salir reforzados de esta crisis. Es el mejor homenaje que podemos hacer a las víctimas y a sus familias.
Hansei. Podemos hacerlo mucho mejor como país, como comunidad e individualmente. Yo el primero.
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