Antes de ser tal y como soy ahora
he sido muchas cosas, antes
a veces las he sido a la vez y al mismo tiempo
en otras, he sido guiado por el caos de mi propio universo
y en algunas otras, he sido demasiado estúpido
y he creído a alguien que sabía que me estaba mintiendo
pero tenía tanta necesidad de sentir su sinceridad
qué ¿porque no?
y ¿porque no darle otra oportunidad a alguien con un gramo
o un miligramo de humanidad?
y porque hay veces en que la humanidad se lleva tan
escondida
que ni el mismo sabía de su existencia.
Y he aquí, uno de mis grandes fallos
yo lo intuía
y ese era mi único argumento de peso,
la simple intuición.
Y claro con todo ese argumentario a cuestas
llevé palos por todos lados
me dieron hasta en el paladar blando
me partieron el alma y como si fuera un jarrón de cristal
cuando cae al suelo
me dijeron de todo
y hasta lo que no tiene nombre
me condenaron al ostracismo más vil
pero aún así, yo seguí allí
vivo pero jadeante,
disimulando hasta mi propia respiración,
sintiendo cada bofetada en mi cara
y esperando una debilidad por su parte.
Todo en ésta vida tiene su momento
y hasta el enemigo más poderoso
baja la guardia en un determinado instante
y ahí, entras tú
tú con tu pequeña guerrilla de alucinaciones
a paso ligero
pero hiendo al centro neurálgico de sus operaciones
y entonces cobra sentido todo:
tanto tiempo de espera en silencio
tanto tragar saliva ante tantas humillaciones.
Y es cuando te dices
¡ha merecido la pena!
y al mismo tiempo
te calientas las manos con el calor que desprenden sus llamas.

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