Permítame usted, Pérez, que hoy le hable de Jon Echeverría (el pimpollo cuyo careto le adjunto), candidato de la banda bandolera de extrema derecha Partido Popular al Congreso por la circunscripción de Gipuzkoa en las elecciones legislativas en las que nos vamos a jugar no solo nuestras pensiones, sino también el futuro de nuestros hijos, el próximo 29 de noviembre.
Quiero hablarle hoy de este mozalbete que, a sus 22 años, se ha convertido en todo un ejemplo de esa cultura del esfuerzo de la que tanto alarde hace la famiglia del PP. Un muchachote que se afilió a la banda con 17 años y al que, a los cinco minutos, designaron candidato del partido a la alcaldía de la localidad de Zumarraga, lista municipal que votaron los papás del candidato, el tonto del pueblo y un primo de este que quiere heredar.
Este joven patriota acumula, a su temprana edad, una amplia experiencia en medios de comunicación, ya que, de un tiempo a esta parte, nos lo han vendido desde las tertulias en todos los burdeles mediáticos fascistas, opinando de lo humano y lo divino, como todos los tertulianos fascistas, inventando datos y acomodando el relato a su interés partidista, al margen de la realidad.
Un esforzado contribuyente que no ha cotizado ni un solo día, pero que ya aspira a colarse en el Parlamento para estar a sueldo de los españoles el resto de sus días, jodiendo, encima, a los españoles. Un cachorro involucionista que asegura que los pensionistas viven como maharajás con 1.000 euros y que ya está bien de ese abuso; que, por culpa de ese altísimo nivel de vida de los jubiletas, la juventud española está condenada a pasar fatigas y padece un atraco fiscal cada vez más salvaje. Un político con la vida resuelta un futuro de opulencia, que opina que las pensiones son insostenibles. Un jeta al que los pensionistas de hoy y los de mañana van a votar entusiasmados, seducidos por su discurso vacío, su nulo argumentario y su apostura de niño bien, eso si.
Un sujeto que, en una ponencia sobre calidad democrática en el Parlamento Vasco -lo invitó a dar la brasa el PP-, calificó la democracia vasca de <<grave anomalía>> en Europa por la falta de alternancia. Se ve que al mozalbete no le gusta eso de que a su partido, en el País Vasco, un pueblo con memoria, no lo voten ni para ir al bar. Y ya sabemos que, para los patriotas, si no gana la banda bandolera de extrema derecha Partido Popular es porque no hay democracia. Recuerde usted, Pérez, que es por eso por lo que en España vivimos en esta atroz dictadura sanchista.
Es el pimpollo Echeverría un gaznápiro que apenas ha salido del cascarón fascista pero que ya asume su argumentario como si fuese todo un veterano de los años de plomo, hablando mucho del infierno vasco de ETA, a pesar de que, cuando ETA desapareció, el gaznápiro tenía siete años.
En fin, Pérez, que tenía yo ganas de hablarle de este mocoso que ya se perfila como una de las jetas más fotogénicas de las que arroparán al jeta Feijóo si, por su mala cabeza de usted, Pérez, al amigo de los narcos gallegos le da esta vez por querer ser presidente.
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