Y yo no quiero ser tan amable conmigo mismo
quiero pero al mismo tiempo, no quiero
quiero porque me gusta la gente amable
la que te habla con respeto
y no por ser un pobre viejo
sino porque eres un ser humano que se está haciendo viejo
esa misma que te dice si te has equivocado y sin pasarte la
mano por el hombro
la que te enseña el rastro que has dejado
y que a veces te demuestra lo equivocado que estabas
y que en otras, te apoya en todo y sin decirte nada.
es gente que no se enfada contigo fácilmente
y porque considera que tiene la paciencia que hay que tener.
Es ese tipo de personas que en silencio espera a que le llegue su
turno
y porque ella sabe lo que es esperar
ha esperado tantas veces a lo largo de su vida
que una más ¿qué le va a importar?
la que te dice las cosas a la cara y sin tapujos
ni adornos, ni florituras
y en pleno directo y a la vista de todos
y sin filtros ni malos modos
con las palabras justas saliendo de su boca
y ni una más ni una menos
y que con su tono amable te las presenta suavemente
y te pueden estar diciendo
ojalá te mueras
pero tal y como te lo dicen
sólo escuchas el ojalá
y el te mueras, será para otro
que por supuesto, no soy yo
es tal su capacidad para decir cosas amables
que cuando está diciendo una maldad
esa maldad sigue sonando a música celestial.
te lanza un gancho a la mandíbula.
Me gusta ese tipo de gente que por encima de todo,
es y se proclama amable
que lo es y le gusta sentirse así,
reivindica su amabilidad
y si tiene algo que compartir
lo hará con los ojos cerrados
que sí se siente de esa manera
es porque lo necesita
es ese tipo de gente, no hace ni quiere enemigos
y porque los enemigos serán para otros,
pero no lo son para mí
y es verdad
que no se le pueden pedir peras al olmo
pero a éste tipo de personas
sí que se las puedes pedir
y porque el poder de su magia es tan inmenso
que cuando vuelvas a casa
verás como en el jardin
hay un olmo dando peras.

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