Dí, que cuando nos muramos
nos seguiremos viendo.
Porque en ésta vida no nos vimos demasiado
unos cuantos años cuando aún te crecían las tetas
y a mí se me ponía voz grave de hombre
pero de repente todo se quebró
y porque nada era como imaginábamos que iba a ser
porque confiar en alguien ciegamente
era una burda y puta mentira
y cuando hasta aquél momento,
había sido uno de los pilares de nuestra vida.
Y así se cayó el primer telón.
Y sin darnos cuenta
empezamos la carrera de la maldad
primero, aprendimos a mentir sonriendo,
a poquitos y de vez en cuando
segundo, adornamos la mentira con un caparazón teórico
y para justificar lo injustificable
y le añadimos fuegos artificiales para que todo esto pareciera
un mundo feliz.
En tercero, aprendimos a reírnos
del que se iba quedando atrás
y nos insistían siempre con el mismo tema
no puede ser que te hayas quedado colgado de esa persona
y de esa manera tan bestial
y mira a tu alrededor
hay cientos como ella o mejores.
Al final de carrera
y después de haber pasado por cientos de relaciones
te daban el título honorífico de tío maduro
pero aquella persona a la que en su día realmente quisiste
ya no estaba allí y porque la habías dejado escapar.

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