Y TÚ TÍO ¿DE QUE VAS?


Y hace ya tiempo alguien me preguntó: Y tú tío ¿de que vas?. Y de vez en cuando esa pregunta ¿De que voy? regurgita y rebota entre las 4 paredes de mi Cráneo. Yo simplemente voy: voy de cara, voy sin tapujos, voy de riesgos, voy de quedarme sin nada o con todo y para ir de eso, no necesito maquillaje, ni montarme falsos objetivos, ni prometer a nadie que lo mío es lo mejor y porque ni yo mismo me creo esa historia. Voy y punto. Riesgos los tiene, pero en la balanza de riesgos y ganancias, ganan éstas últimas, pues me ahorro el tener que aguantar a muchos ladillas que se disfrazan de personas y que te hablan en uno tono suave y hasta podíamos decir, que cariñoso y que poco a poco te van embaucando y al final, pasan por ser parte de tus amigos, pero lo son mientras a tí te vaya bien y en cuanto te empieza a ir mal
escapan como ratas de ese barco que ellos consideran que está en pleno naufragio.

Y justo antes de huir y definitivamente, hacen cantos de sirena sobre la amistad y se autohalagan diciendo los buenos amigos que han sido siempre y además, intentan convencerte que la amistad es una cosa para siempre o para toda la vida. Y porque al fin y al cabo lo que a tí te pasaba era que tú observabas como iba el percal de esa amistad y viendo lo que había o lo poco que quedaba de aquella vieja amistad, habías decidido cortar con ese asunto que no iba ni para un lado ni para el otro y que estaba completamente estancado desde hacía años. Y una amistad, como con todo, no vive si no se trabaja con ella y no se le presta la requerida atención.

Si lo descuidas durante un largo tiempo, todo se acaba muriendo y hasta te puede pasar contigo mismo. Y ya no solo no te reconoces ante el espejo, sino que hasta dentro de tu alma y de tu mente, eres otro ser que resultas totalmente irreconocible. Pero claro, eso solo te pasa si te has descuidado totalmente y te has dejado llevar por el día a día y al pasado lo has dejado totalmente abandonado en la cuneta y sin hacer una selección previa de lo que merece o no merece la pena y así poder salvar sus cosas buenas o sus cosas malas que merecen la pena ser rescatadas. No somos putas máquinas de consecuencias y previamente habrá que asumir eso, que no somos perfectos, que no todo lo hacemos bien, que metemos la pata miles de veces, que a veces decimos lo contrario de lo que estamos pensando o que en ese determinado momento, no nos supimos explicar bien y de ahí vinieron los primeros malentendidos y que en cambio de parar en ese justo momento, dejamos que la cosa prosiguiera y aquél malestar tan primario y tan simple, dejamos que se convirtiera en un monstruo de dos cabezas y que ahora mismo, es imposible que podamos con él.

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