Y justo antes de huir y definitivamente, hacen cantos de sirena sobre la amistad y se autohalagan diciendo los buenos amigos que han sido siempre y además, intentan convencerte que la amistad es una cosa para siempre o para toda la vida. Y porque al fin y al cabo lo que a tí te pasaba era que tú observabas como iba el percal de esa amistad y viendo lo que había o lo poco que quedaba de aquella vieja amistad, habías decidido cortar con ese asunto que no iba ni para un lado ni para el otro y que estaba completamente estancado desde hacía años. Y una amistad, como con todo, no vive si no se trabaja con ella y no se le presta la requerida atención.
Si lo descuidas durante un largo tiempo, todo se acaba muriendo y hasta te puede pasar contigo mismo. Y ya no solo no te reconoces ante el espejo, sino que hasta dentro de tu alma y de tu mente, eres otro ser que resultas totalmente irreconocible. Pero claro, eso solo te pasa si te has descuidado totalmente y te has dejado llevar por el día a día y al pasado lo has dejado totalmente abandonado en la cuneta y sin hacer una selección previa de lo que merece o no merece la pena y así poder salvar sus cosas buenas o sus cosas malas que merecen la pena ser rescatadas. No somos putas máquinas de consecuencias y previamente habrá que asumir eso, que no somos perfectos, que no todo lo hacemos bien, que metemos la pata miles de veces, que a veces decimos lo contrario de lo que estamos pensando o que en ese determinado momento, no nos supimos explicar bien y de ahí vinieron los primeros malentendidos y que en cambio de parar en ese justo momento, dejamos que la cosa prosiguiera y aquél malestar tan primario y tan simple, dejamos que se convirtiera en un monstruo de dos cabezas y que ahora mismo, es imposible que podamos con él.

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