SÁBADO

 Sábado.

Otoño con tiempo otoñal.

Sábado, nunca reconocido como tal

y por estar entre dos orillas

la una, la del viernes, que hace nada acabas de dejar

y cuando te levantas el domingo

entonces comprendes

que no habías hecho nada nuevo

la misma resaca de todos los domingos

el panorama demasiado nublado

una cefalea colosal

unas náuseas y unos vértigos siderales

y unas inmensas ganas de volver a la cama

y dormir hasta que la vida no te haga sufrir más.

Si tuviera que escoger el mejor día de toda la semana,

sería un Sábado. 

Lo tengo claro

y aunque ya sea bastante tarde

estoy obligado a hacerle un homenaje

en señal de reconocimiento.

Manuel Vicent, "Viajes, fábulas y otras travesías".


 "¿Quién no estuvo en Amsterdam alguna vez en medio de aquella fiesta? Llegaban de todas partes. Sucesivas oleadas de jóvenes vistiendo harapos magnéticos habían elegido la pequeña explanada del Dam como punto de cita antes de levantar el último vuelo hacia las faldas del Himalaya. En un lugar de California alguien había abierto la jaula y la fuga acababa de convertirse en una estética. Durante esos años de jubileo, las aves migratorias venían huidas de Nueva York, bajaban de Estocolmo, subían desde París, llevaban una flauta de indio en el pico, y el macuto radiactivo, que albergaba el Evangelio según Kerouac, les servía de cabezal en los verdes sueños de Vondelpark. Entonces comenzaba a reinar la marihuana y las risas de la adolescencia aún eran candorosas en el viejo caserón de Paradiso, una iglesia neoclásica habilitada por el Ayuntamiento para que ellos jugaran. En el coro ejecutaban actos de amor sobre petates de paja, allí se intercambiaban deseos, itinerarios y ladillas, hacían sonar instrumentos musicales de diversa índole hasta transformar aquel recinto sacro en un gran establo lleno de baladas y relinchos.

Primero fueron los beatniks, nueva orden de mendicantes que hizo filosofía del camino. Aquellos muchachos estaban poseídos por el rigor de las modernas visiones, iniciaron el viaje interior a bordo del ácido luminoso y externamente nunca cesaron de andar. En sus botas putrefactas germinaron los hippies, cuya investigación era más superficial, sin duda más dulce; pero todos cantaban, bailaban, flotaban en Amsterdam y por aquel tiempo una emisora de radio daba diariamente las cotizaciones del mercado de la droga con una inocencia preternatural. Holanda había acogido a los peregrinos sellando una flor en cada pasaporte, la policía no preguntaba el origen de nada, se compartían los equipajes anónimos en la Estación Central, se multiplicaban las comunas y aquello tenía un cariz de puerto franco para extraterrestres".

PARA QUE DESPUÉS DIGAN...

 Sabéis algo de aquél país que se llamaba: Envidia. Pues está en tu mismo pueblo o barrio,o comarca, sólo que cuando quiere se hace pequeñito y se camufla dentro dela normalidad de la gente. Pues si señor, envidia tienen los que le falta criterio o una idea clara y transparente y humana y válida y ellos y como decía la Biblia, se comerán los ojos de los más débiles y de postre, las tripas caramelizadas con un poquito de sabor a frambuesa fermentada. ¡He dicho!. Cuando éramos pequeños y un poco salvajes, nos hablaban de su existencia y nosotros pensábamos, que esos adultos eran una panda de amargados (que lo eran) y que sólo querían joder nuestra santa inocencia de niños inocentes e inmaduros. El país Envidia que lindaba con otro país que se llamaba Odio y a su mano derecha había otro que se llamaba, Rabia.

En todos ellos mandaba el tipo más cruel de la tribu, el que más veces había torturado y matado, el más bestia y cruel y un simple estornudo tuyo sería para él un motivo más para destriparte en medio de la plaza del pueblo y así dar un aviso al pueblo de lo que le puede pasar a cualquiera que se rebele ante el poder establecido o que simplemente le lleve la contraria. Nos quisieron domar cuando éramos pequeñitos y desde aquellas nunca dejaron de intentarlo y ahí entraron los padres, los profesores, los curitas con su sotana negra, los catedráticos, los periodistas y hasta una gran parte de tus compañeros de trabajo participaron en ese asedio ideológico intenso y constante. Envidia, Rabia, Odio y Fuerza bruta y Violenta. Y alguno de nosotros pensando que ya pertenecían a nuestro pasado y en cambio ¡aquí están de nuevo!. Para que después digan que en la vida no hay que luchar constantemente.

Discurso atribuido a Miguel de Unamuno

"Acabo de oír el grito de ¡viva la muerte! Esto suena lo mismo que ¡muera la vida! Y yo, que me he pasado toda mi vida creando paradojas que enojaban a los que no las comprendían, he de deciros como autoridad en la materia que esa paradoja me parece ridícula y repelente. De forma excesiva y tortuosa ha sido proclamada en homenaje al último orador, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. El general Millán Astray es un inválido de guerra. No es preciso decirlo en un tono más bajo. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no se tocan ni nos sirven de norma. Por desgracia hoy tenemos demasiados inválidos en España y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología a las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes se sentirá aliviado al ver cómo aumentan los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray no es un espíritu selecto: quiere crear una España nueva, a su propia imagen. Por ello lo que desea es ver una España mutilada, como ha dado a entender.

Este es el templo del intelecto y yo soy su supremo sacerdote. Vosotros estáis profanando su recinto sagrado. Diga lo que diga el proverbio, yo siempre he sido profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España."

TARDE OTOÑAL

 Tarde otoñal  y por sus cuatro costados. Tarde nublada vestida con su traje gris plomizo tarde no cansina ni aburrida porque el aburrimient...