Apología de la soledad. Daniel Chaparro
“Triste es la soledad que espanta, pero más triste todavía, es la soledad de dos en compañía”.
Estos versos de Campoamor, adquieren una profundidad diferente con el paso de los años.
Cuando tenía cuarenta y pico, podía interpretarlos como una reflexión poética sobre las relaciones humanas, ahora, a los setenta y ocho, se convierte en una verdad vivida, abonada por la experiencia y enriquecida por mi memoria.
La soledad suele ser presentada como una condición indeseable, casi como una derrota personal.
La sociedad moderna exalta la compañía permanentemente, las reuniones, los vínculos constantes y la necesidad de estar siempre divirtiéndose rodeado de amigos.
Cuando concurro a un restaurante y me siento a cenar solo, tengo la impresión de que desde el resto de las mesas me observan en forma diferente.
Sin embargo, la experiencia enseña que no toda compañía es sinónimo de bienestar.
Existen presencias que alivian y enriquecen la vida, pero también existen compañías que generan distancia emocional, incomprensión o indiferencia. En esos casos, compartir un mismo espacio con otra persona no evita la soledad; por el contrario, la hace más evidente y dolorosa.
En tales circunstancias, el silencio compartido pesa más que la ausencia.
Frente a esa realidad, la soledad elegida adquiere un significado distinto.
Ya rumbo a los ochenta y después de haber recorrido muchos caminos, construido relaciones, convivido por muchos años con esposa y cuatro hijos, celebrado encuentros y sufrido pérdidas y despedidas, la decisión de vivir en soledad se ha transformado en una elección consciente y serena.
No se trata de aislamiento ni de renuncia, sino de una manera de habitar el tiempo con autenticidad.
La soledad voluntaria ofrece recompensas que suelen pasar inadvertidas para quienes la observan desde fuera.
Permite disfrutar de la tranquilidad, ordenar los pensamientos y reconciliarse con uno mismo. Brinda la posibilidad de leer, recordar, aprender y contemplar sin interrupciones.
También favorece una mayor independencia emocional, aprendes a encontrar satisfacción en la propia compañía y a valorar las relaciones por su calidad y no por su cantidad, ni siquiera por la distancia a la que se encuentran tus afectos.
Con los años, además, la soledad puede convertirse en una forma de libertad.
Libre de obligaciones sociales innecesarias y de los inevitables conflictos cotidianos generados por las negociaciones nuestras de cada día.
Esa libertad no excluye el afecto ni la amistad; por el contrario, permite que los encuentros sean más genuinos y menos impuestos por la costumbre o la conveniencia.
Por supuesto, la soledad elegida no está exenta de desafíos.
Hay momentos en los que la nostalgia visita al recuerdo y trae consigo nombres, rostros y situaciones que ya no volverán.
Haber creado y sostenido esta Página recordando el Paraná de los 70’s es prueba de ello.
Esa nostalgia es agridulce, forma parte del patrimonio emocional acumulado durante una larga vida y a su vez es el precio inevitable que debo pagar por haber amado, compartido y vivido intensamente.
Por eso, al recitar aquellos versos a los setenta y ocho años, la reflexión ya no se reduce a una simple observación poética.
Se convierte en la convicción de que la peor soledad no es la ausencia de compañía, sino la ausencia de conexión humana, cualquiera sea su forma de manifestarse.
Para mí, la soledad elegida, la que he asumido con serenidad y en plenitud, se ha transformado en un espacio de paz, libertad y silenciosa sabiduría.
Lejos de ser motivo de depresión ha llegado a ser una de las recompensas más valiosas de esta etapa de madurez, aunque existan días en que, al mirar fotos en las que estoy rodeado de mis hijos cuando eran pequeños, resbale una lágrima por mi mejilla.
Alejandra Pizarnik
"Estuve pensando que nadie me piensa. Que estoy absolutamente sola. Que nadie, nadie siente mi rostro dentro de sí ni mi nombre correr por su sangre. Nadie actúa invocándome, nadie construye su vida incluyéndome. He pensado tanto en estas cosas. He pensado que puedo morir en cualquier instante y nadie amenazará a la muerte, nadie la injuriará por haberme arrastrado, nadie velará por mi nombre. He pensado en mi soledad absoluta, en mi destierro de toda conciencia que no sea la mía. He pensado que estoy sola y que me sustento sólo en mí para sobrellevar mi vida y mi muerte. Pensar que ningún ser me necesita, que ninguno me requiere para completar su vida".
Lorena Larrañaga. "Lo que sostiene el aire"
Hay una hora en que la casa se llena
de caballos que nadie ha llamado.
Sus crines recorren los pasillos
como agua
peinada por una madre muerta.
Yo pongo la mesa para ellos,
un plato hondo de sombra
y una cuchara de escarcha,
porque lo que llega sin peso
también tiene hambre.
Mi cuerpo fue una jarra
donde alguien vertía
despacio
la mitad de un nombre.
Yo no recuerdo haber pedido tanta transparencia.
El agua de la jarra me mira toda la noche.
Sabe que puedo derramarme
antes que ella,
que basta el aleteo de una polilla
contra la ventana
para que yo cambie de forma,
como cambia la harina en el aire.
De hecho, hubo un tiempo
en que pesé lo que pesan los armarios
cuando guardan abrigos
de personas que siguen vivas.
Ahora los pájaros hacen su nido
en el hueco exacto
donde tuve la costumbre de estar.
No me quejo.
Hay una dulzura en ser
el vapor de la sopa de otros,
en dejar sobre las sillas
una tibieza que las visitas atribuyen
al sol.
Además, los caballos han empezado a comer
de mi plato de sombra
y les crece dentro una niña
por cada cucharada.
Afuera, el mundo ata sus barcas
a los tobillos de los vivos.
Yo desato la mía,
la empujo con el aliento
y la barca se aleja llevando mi vestido,
mis llaves,
mi manera de decir agosto.
Flota como flotan los huesos de las aves
dentro de las aves.
La casa queda escuchando.
En la mesa,
el plato de sombra sigue caliente.
ADORO EL OTOÑO
Hoy es Sábado y todo el día. Y hoy es Sábado 14 de Septiembre y va a ser mi primer día de reingreso en el trabajo después de 14 días de vacaciones (que por supuesto, han sabido a demasiado poco). Hoy estoy localizado por el móvil y por si me tengo que llevar en el avión a alguien jodido y bien jodido y al hospital de la Isla mayor (Mallorca). Esperemos que no y porque eso indicaría que hay otro nuevo ser humano que está bien jodido y con necesidad de ser trasladado a un Hospital de más rango que éste de Menorca. Se me entiende ¿no?. O estoy demasiado espeso, denso, nublado y patoso...Denso estoy y porque hoy dormí de esa forma en que nunca se debiera dormir y me desperté 100 veces y en unas escuchaba como la lluvia atizaba con fuerza y destreza las tejas y en otras, oía al poderoso viento dando portazos y silbando canciones para los que no duermen, como yo y entre medias yo meando como un descosido, meadas que no eran humanas y eran de animales prehistóricos (por lo menos de dinosaurios), porque creo que ésta noche de autos he meado los dos Riñones, la Uretra, la Vejiga y el Hígado.
Aún no logro entender de donde coño ha salido tanto líquido y con ese chorro tan prolongado en el tiempo. A veces no sé, ¿no tenéis la impresión de haber meado mucho más que lo bebido e ingerido?. Pues yo esa misma preocupación la tuve ésta noche y volvía a la cama y no paraba de darle vueltas a ese asunto. Estaré meando los Pulmones y después, vendrá el Cerebro diluido en medio de una balsa enorme de urea, ácido úrico y ácido clorhídrico.
Hoy es Sábado y es un Sábado atípico y porque así lo he decretado. Hoy según los vaticinadores del tiempo tendría que ser un día despejado y así como el otro día rompí una lanza a su favor y porque dije que en general aciertan con sus pronósticos del tiempo, pues hoy va a ser que no. Hoy, día nublado y lluvioso. Día caluroso de denso sudor. Hoy observé como las primeras hojas empezaban su proceso de transformación hacia ese color que amí me resulta maravilloso que es el denso ocre amarillo otoñal. Claro que se acerca el día 21 de septiembre que era cuando yo decretaba la llegada del otoño y ya podíamos estar a más de 30º C (en Galicia no, pero en Cádiz a esas alturas del mes, era fácil que eso ocurriera)...que a mi me daba exactamente igual. Yo encendía mi chimenea y así quedaba inagurada la temporada otoñal. Claro que al rato, había que abrir todas las ventanas y puertas de la casa y porque del calor que hacía, no se podía ni respirar. Tengo que decirlo claramente, a veces (yo creo que muchas y demasiadas veces) me pueden las ganas. Y mis ganas porque llegue y de una puta vez el otoño, son especiales y son especialmente impulsivas y compulsivas. Adoro el otoño tanto que si me preguntaran ¿en que estación quieres vivir?, la respuesta sería demasiado fácil, en un otoño perpétuo y anúlame al resto de estaciones.
HAY MÁQUINAS...
Hay máquinas del tiempo
que además del paso del tiempo
miden el destiempo
y también, las ganas de querer...
HAY OTROS QUE...
Yo no sé si todos lo perciben así, así como yo lo percibí por primera vez hace unos años y desde esa época, no hago más que confirmarlo. Y es el tema del que viene de fuera y se queda a trabajar aquí y por el motivo que sea y en éste sentido, yo me siento incluido. Vamos a ver, aquí vienen peninsulares de todo tipo, andaluces, gallegos, asturianos y demás y en principio es eso, ellos vienen, pero vienen a una pequeña isla perdida en el Mediterráneo y entonces puede pasar dos cosas. Una que vengan porque están hasta los huevos de vivir en grandes ciudades o que estén hartos de su pueblo y vienen con una idea clara, se vienen al culo del mundo y a disfrutar de ello, estos señores no suelen ser molestos y se adaptan sencillamente a lo que hay, insisto ellos saben a lo que vienen. Y la otra es que vengan porque no les queda otra, es decir no tienen otro sitio en el que puedan currar y entonces ya no se viene de igual manera, pues es venir a la fuerza y el que viene forzado viene de mala gana y les suele acompañar una buena dosis de desprecio. Es decir como vienen al culo del mundo o ellos lo piensan así, vienen creciditos y suele pasar que están acomplejados hasta la médula.
Entonces ellos se consideran los amos del cotarro y vienen aquí porque nos hacen un favor, pues ellos allí, de donde proceden, eran los mejores profesionales de toda la comarca y allí se hacía así y esto ya lo vi allí, y todo es mejor allí que aquí. Estos personajes suelen tener la tendencia de engordar sus curriculum con mentiras burdas, y trabajaron muchos más años de los reales, pasaron por sitios que son mentira y sólo producto de su portentosa imaginación y vamos que en definitiva, el mundo se les que quedó pequeño y tienen la osadía de decirte, que por eso llegaron aquí. Es el complejo de superioridad, el que yo soy la hostia y vosotros unos paletos. Para mi destacan dos prototipos que por su número en la Isla destacan sobre los demás: los Mallorquines, que alguno viene, trabaja y sin más se va en cuanto puede y se vuelve a su querida Isla de Mallorca y ya está y por tanto, no suelen hablar mal de los isleños de Menorca, ni de los que nos quedamos a vivir aquí. Pero otros muchos no funcionan así, muchos vienen a regañadientes y por que no les queda otro remedio, vamos que vienen para dar el salto o sea que Menorca le sirve de plataforma de paso para volver a su isla y con el puesto y el lugar deseado. Es como un trampolín, sólo que para ellos el trampolín está en Menorca. Y en Palma de Mallorca se hace así y nosotros ya vimos esto hace mucho tiempo, vamos que vienen con aires de gran ciudad enseñando a unos paletos menorquines.
Después están los Catalanes y que también de todo hay. Los hay que viene aquí como podían estar allí o sea con sencillez y a disfrutar. Pero también los hay que vienen porque no les queda otra y entonces vienen de mala gana. A estos también y rápidamente se les ve el plumero, es decir se sienten como castigados por tener que venir a una maldita isla, que se llama Menorca. En Catalunya se hace así y se organiza de ésta manera y donde va que lo llevamos haciendo así,... Y no critico que aporten datos o experiencias de allí, lo que critico es como las aportan, es decir con ese aire de superioridad o de prepotencia o como se llame. Me recuerdan a los madrileños cuando hace muchos años iban de veraneo a mi Galicia natal, que poco menos había que extenderles la alfombra roja y porque ellos venían de la capital y su obligación era despreciarnos como pobre paletos que éramos. Pues aquí y ahora, pasa igual con los catalanes y no con todos, repito, y su relación con Menorca.
Bueno el que quiera entender lo que he dicho, que lo entienda sin más y el que no quiera entenderlo y tenga mala baba, pues que siga teniéndola, pues éstas letras no van con mala hostia, pues por suerte hay muchas excepciones a la regla y por tanto hay mucha gente currante y sencilla, que sólo vienen a currar y al mismo tiempo, a disfrutar y yo me siento incluído en estos últimos y en los que hay además muchos catalanes y mallorquines y tan legales como el que más. Pero hay otros que...sería mejor, darles de comer aparte.
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