YO ESCOGÍ ÉSTE OFICIO

 

Yo escogí éste oficio,
digo, lo de ser médico,
pues lo de escribir... vino después,
mucho después,
fue tanto después...
que no me acuerdo del tiempo transcurrido,
sé que han pasado décadas y puede que siglos,
y yo era joven cuando estudié medicina
y ahora soy un viejo escribiendo lo que puedo,
y digo lo que puedo,
y no digo lo que me dejan,
pues hace tiempo que he pasado de imposiciones y leyes sin
sentido,
yo prefiero los intercambios de lenguas
y el descubrir cuevas interiores,
yo soy de calidez extrema
y me gusta arrebujarme como un niño perdido,
me gusta la calidez de lo humano
y esos dedos que recorren mi espinazo
y que al llegar al borde de mi culo se quedan extasiados y
paralizados,
y me encanta retozarme al suave y tibio sol del invierno,
como un lagarto que necesita calentar su cuerpo,
además de encaramarme a la piedra más alta
y desde allí otear el horizonte,
me atraen las vistas lejanas y sin limitaciones,
como el rayo verde en una puesta de sol,
como tus ojos verdes en un día de sol,
como los míos,
cuando me miro a través del espejo que tengo ante mí.





















TENGO NOMBRE DE SUEÑO


Malena tiene nombre de tango
y yo tengo nombre de sueño.
Me encanta el nombre de Bruno,
que no es mío y porque fue adoptado,
pero según la declaración de los derechos humanos
todos podemos cambiar de sexo y hasta de personalidad
............y.............
¿y porque no de nombre?
no todo tiene que acabar en frontera,
en zonas acotadas, en alambradas...
yo quiero ser del país de nunca jamás
porque no hay amores eternos,
ni hay nombres perpetuos,
ni las ansiedades son permanentes
ellas fluctúan como bancos de hielo en la densa neblina
que a veces cae sobre nuestra existencia.
Hay algo evolutivo dentro y fuera de nosotros,
la piel se descama y se transforma en piel más suave y sensible
los párpados caen como persianas cansadas de tanto intentar ver,
los huesos se deslustran como esponjas de mar porosas,
y todo,
se hace más ciego, más cansado y desgastado
todo se viste de gris sepia y de insondables vacíos rotos,
mis fotos son así (las que yo tengo ahora)
rotas por el paso del tiempo,
carcomidas por ratones hambrientos,
amarillentas por tanto intentar comprender.
Y en cualquier esquina de una de esas fotos,
aparezco yo...
como escondido en un rincón,
como medio borrado por tanto querer olvidar,
como si mi cara fuera volátil y evanescente
y como si de mis hombros nacieran alas de algodón...
En fin y concluyo
Malena no tiene nombre de tango
y yo tengo nombre de sueño
y además,
cualquiera tiene un día malo o peor.























ALBERT CAMUS

 

"Para comprender el mundo es preciso a veces apartarse de él".




DANTE ALIGHIERI (LA DIVINA COMEDIA)

 

"El más oscuro rincón del Infierno está reservado para aquellos que conservan su neutralidad en tiempos de crisis moral".























 


DONDE UNA VEZ LAS AGUAS DE TU ROSTRO (Dylan Thomas)

 

Donde una vez las aguas de tu rostro

Donde una vez las aguas de tu rostro
giraron impulsadas por mis hélices, sopla tu áspero fantasma,
los muertos alzan la mirada;
donde un día asomaron el pelo los tritones
a través de tu hielo, el viento áspero navega
por la sal, la raíz, las huevas de los peces.

Donde una vez tus verdes nudos hundieron su atadura
en el cordón de la marea, allí camina ahora
el vegetal destejedor,
con tijeras filosas, empuñando el cuchillo
para cortar los canales en su origen
y derribar los frutos empapados.

Invisibles, tus mareas medidoras del tiempo
irrumpen en las camas galantes de las algas;
el alga del amor se vuelve mustia;
allí en torno a tus piedras
sombras de niños van, que desde su vacío
lloran ante el mar colmado de delfines.

Secos como la tumba, tus coloreados párpados
no serán aherrojados mientras la magia se deslice
sabia sobre el cielo y la tierra;
habrá corales en tus lechos,
habrá serpientes en tus mareas,
hasta que mueran todos nuestros juramentos del mar.



















PIEDRA Y HIEDRA

 

Antes de decir que sí o que no,
se debe, o es prudente, o es aconsejable...
ver toda tu película anterior,
porque puede ser que cambies de idea,
porque puede que valores que por ahí es mejor que no o que sí,
o porque te das cuenta
que hay que salir por la tangente y cuanto antes mejor,
o porque sabes que necesitas un tiempo muerto o
un tiempo añadido,
claro que,
debes tomar una decvisión sin demasiada dilación,
no conviene aplazar en exceso,
y dejar que una decisión se enroque
y se convierta en un círculo vicioso y en un callejón sin salida,
no hay que dejar que el paso del tiempo
se convierta en nuestro peor enemigo
hay que actuar... hay que decidir...
hay que sobreponerse y nunca reincidir,
lo peor que nos puede pasar,
es recaer en lo que nunca se debió hacer,
la reincidencia nos convierte en seres débiles y predecibles,
desde otros mundos muy lejanos nos observan
y saben que cada uno hará esto y no lo otro,
que tú dirás las mismas palabras que un día no debiste decir
y ante los mismos o parecidos hechos,
ellos saben que tropezarás con la misma piedra de siempre,
amor, se llama esa piedra
y no somos capaces de entender,
que esa misma piedra se cubrirá con hiedra
pero debajo de la hiedra sigue estando la misma piedra.

 

























MARTES 6 DE AGOSTO


Aquí estamos nuevo. Sé que sigo vivo porque estoy escribiendo, a no ser que se pueda escribir desde el otro lado de la película y como un puto zombi todo podrido. Pero bueno, acabo de llegar a mi santa casa (por supuesto, recién salido de guardia... hoy no iba a ser menos), he cagado muy plácidamente, me he dado una ducha de las buenas y nada más salir de la ducha me he puesto a sudar como un cerdo y desde esa no he parado de sudar ni un segundo. Estoy como para ir dando abrazos asquerosos y pegajosos, los cuales tengo exclusivamente reservados y con todo mi cariño de hiena, a mis peores enemigos. A mis amigos no les doy abrazos de oso en tiempos veraniegos, se los reservo para cuando llegue el otoño o el crudo y duro invierno. Mirar, voy a decir una máxima y porque con perdón, porque me sale de los cojones: en verano no hay cariño ni amor posible...Puede haber amor en la distancia, besos que se dan al aire y que a continuación, se soplan, caricias que se sueñan pero que nunca tocan y como mucho, se puede hablar de amor y con el ventilador a tope. Además en verano, no se está para realizar congresos de pareja y tú ¿porqué hiciste esto y no lo otro?...y yo diría... yo hago esto, porque en verano sudo como un cerdo y porque no soporto el intercambio de fluidos y sudores. Otros no soportan otras cosas y nadie les dice nada.
Pues hoy es Martes y día 6 de Agosto y ya he pasado mi ecuador de guardias. Por tanto hagamos algo por ser positivista y en cambio de ver la botella medio vacía, tendré que verla media llena y en consecuencia, sólo me queda media botella por llenar. Ya conocéis y sino lo conocéis... yo os lo cuento con sumo gusto y mucho cariño, el ejemplo del ahogado que se ha bebido medio mar (y que por eso está muerto y tieso), pues el positivismo nos dice...que a ese fulano le quedó medio mar por beber y a lo mejor el siguiente ahogado se bebe más de medio mar (y eso es muy positivo para los positivistas de mierda). Mi objetivo es acabar el Martes de la semana que viene ad integrum y sobre todo, con mis condiciones humanas (neurológicas, psíquicas y físicas) lo más intactas posibles. O sea, que por lo menos me quede algo entero y vivo dentro de mi, una raíz, un capullo (esto es más probable), un brote verde, una flor, una planta, un árbol, un poco de ternura y ya está. Tampoco hay que ponerse demasiado tonto y meloso con esto, un poema vale, dos poemas también, pero toda tu vida haciendo poemas, va resultar como demasiado empalagoso y blandito. Mi tema es otro, mi tema es un poema y a continuación, una ostia dialéctica y de esa guisa es como yo funciono.
¿Y que si así me va bien? y yo que sé...Yo sólo sé que me va y que más bien me va tirando a mal, pero a éstas alturas de mi vida no pretendo cambiar y hacerme un Bruno nuevo. El chasis ya lo tengo hecho y reforzado y es a partir de él, como yo me construyo y deconstruyo, pero el chasis está hecho y acabado y lo único que puedo corregir son los flecos y partes sobrantes y añadir los trozos que me faltan. Y mi esencia es mi chasis y esa casi no ha cambiado a lo largo de mi puta vida. Soy el mismo Bruno con 14 años que el Bruno de ahora, el que ha cumplido 63 primaveras y que precisamente no fueron celebradas en el corte inglés y fueron celebradas cuando llegué a tiempo de acordarme de que era la fecha de mi cumpleaños. Casi siempre me paso de fecha y me acuerdo días o meses después. Total que más da celebrar tu puto cumpleaños un 5 de Febrero que un 28 de Abril...y ¿da igual o no da igual?.






















EL TERCERO DE LA FOTO (Juan Forn)



El tercero de la foto.


Todos conocemos la imagen: se ha vuelto ícono e incluso estatua, sólo que en la estatua se eliminó a uno de sus tres protagonistas. No es una crítica ni una denuncia: también nosotros eliminamos mentalmente de la foto a aquel flaquito pelirrojo que parecía estar de prestado en la escena. El año era 1968: la masacre de MyLai en Vietnam, el Mayo francés, los asesinatos de Martin Luther King y Bobby Kennedy en Estados Unidos, los tanques rusos acabando con la Primavera de Praga, la matanza de Tlatelolco y, apenas unos días después, empiezan las Olimpíadas, precisamente en México, con la sangre de los estudiantes muertos todavía fresca. En la final de los 200 metros llanos, el podio es ocupado por dos atletas negros norteamericanos y un australiano, bastante más bajito y esmirriado que ellos. Los dos negros suben a recibir sus medallas descalzos y con un guante negro cada uno, y cuando suena el himno americano bajan sus cabezas y alzan el puño enguantado, haciendo el saludo de los Panteras Negras (iban también descalzos, en alusión a sus hermanos de raza de los algodonales de Luisiana, que no tenían derecho a usar calzado). La foto dio la vuelta al mundo: en el reino de la confraternidad ecuménica a través del deporte, hacía su fulminante ingreso la protesta política. Casi medio siglo después me escribe un lector, uno de esos lectores exigentes que es una bendición tener, y me pide que cuente la historia de la foto y del blanquito que aparece en ella de prestado: el australiano Peter Norman. Yo tenía ocho años en 1968, y había sido educado en los valores del Barón de Coubertin: me acuerdo todavía de la consternación que despertó aquel episodio pero, como el resto del mundo, lo ignoraba todo sobre Peter Norman.
Los velocistas negros Tommie “Jet” Smith y John Carlos sabían, desde principios de 1968, que tenían chances seguras de ganar medalla: sus tiempos eran cada vez más mejores, no tenían rivales a la vista, el oro estaba entre los dos. También eran miembros de un grupo de atletas que habían creado el OPCR (Programa Olímpico por los Derechos Civiles) que apoyaba la lucha contra la segregación racial. Ante el desdén del Comité Olímpico por sus pedidos decidieron que, al subir al podio, portarían un distintivo de la organización como protesta. Smith había nacido en Texas, el séptimo de once hermanos, era hijo de un peón de los algodonales. Carlos era de Harlem, hijo de un zapatero remendón. Ambos tenían en claro por quién corrían. En las rondas preliminares arrasaron con sus rivales y en la final también picaron ambos en punta, Carlos a la cabeza y Smith mordiéndole los talones hasta que en el sprint de los últimos cincuenta metros superó a su colega y ya estaba alzando los brazos cuando vio por el rabillo del ojo al australianito Norman, que había hecho toda la carrera en sexto lugar, achicando a trancazos la distancia hasta instalarse como una cuña entre ambos.
Para entender cabalmente la escena hay que decir que Norman medía casi veinte centímetros menos que los dos afroamericanos: cada tranco de ellos era tranco y medio para él. Sin embargo algo le había pasado desde su llegada a México: no paraba de mejorar sus tiempos. Hasta entonces no alcanzaban a hacer sombra a los de Smith y Carlos, pero ahora estaba ocurriendo lo imposible. Norman hizo los 200 metros en 20.07, una marca que nadie había logrado hasta entonces. Obligó a “Jet” Smith a dejar la vida en esos últimos metros y convertirse así en el primer atleta en el mundo en bajar la barrera de los veinte segundos (clavó la aguja en 19.86). Carlos quedó en tercer lugar, con sus 20.10.
En el vestuario antes de subir al podio, Smith y Carlos encararon a Norman y le avisaron lo que iban a hacer. El australiano venía de una familia de “salvos” (así llamaban en su país a los voluntarios del Ejército de Salvación). Cuando Smith y Carlos le preguntaron si creía en los derechos civiles y en la igualdad ante Dios, contestó:
“Creo que todo hombre tiene derecho a beber la misma agua. Creo en lo que creen ustedes”. Y a continuación señaló el distintivo del OPCR y preguntó si tenían uno para él. Otro atleta norteamericano le dio el suyo. Smith y Carlos se preguntaban de dónde había salido ese blanquito que pensaba más en lo que estaban por hacer que en su medalla de plata. En el revuelo descubrieron que se les había perdido un par de guantes. “Que cada uno use uno”, sugirió con practicidad Norman. Desde el podio no pudieron apreciar del todo lo que pasaba en las tribunas: el estadio entero en silencio cuando, con los primeros compases del himno, Smith y Carlos alzaron su puño enguantado.
Ambos fueron desafectados y expulsados de la Villa Olímpica en cuanto bajaron del podio (al atleta que le dio el distintivo a Norman también lo suspendieron). Apenas volvieron a casa empezaron los problemas. Uno de ellos terminó lavando autos en Texas, el otro cargando bolsas en el puerto de Nueva York. Les escribían insultos en la puerta de sus casas, cada noche sonaba el teléfono con amenazas anónimas. Debieron pasar más de diez años hasta que pudieron volver al mundo del atletismo, ya como entrenadores, y después como portavoces de la igualdad en el deporte.
Para Norman fue peor. En Australia, las minorías raciales sufrían una forma más silenciosa pero igual de cruel de discriminación (en el censo nacional de 1968 se contaron las ovejas pero no los aborígenes). Expresar apoyo a la equidad racial fue condenarse al ostracismo. No sólo se le hizo difícil seguir corriendo; tampoco conseguía quién le diera trabajo. Repetidas veces lo invitaron a pedir perdón por el episodio de México, pero él se negó, y siguió entrenando por las suyas y logrando tiempos superiores a sus rivales. En los cuatro años siguientes batió trece veces la marca de calificación en los 200 metros para ir a las Olimpíadas de Munich en 1972, pero no lo convocaron al equipo nacional y, por primera vez en la historia de los Juegos, Australia no tuvo sprinter en las finales de 100 y 200 metros. Norman intentó dedicarse al fútbol australiano profesional pero una lesión en el tendón de Aquiles lo puso al borde de perder la pierna por gangrena. Se hizo adicto a los calmantes que le recetaban, luego alcohólico, luego se recuperó y empezó a militar en el sindicalismo y trabajar en una carnicería.
Usaba su medalla olímpica para trabar la puerta de su departamento.
Cuando se anunció que Australia organizaría los Juegos en el 2000, se ilusionó con que lo incluyeran en los festejos. Los organizadores de Sydney invitaron a todos los medallistas olímpicos australianos a desfilar el día de la inauguración, pero a Norman no sólo lo excluyeron del desfile: ni siquiera le mandaron entradas para ir al estadio. Era el mejor velocista de la historia australiana pero no existía. Incluso en la estatua que se había erigido en el campus de San José, California, conmemorando aquel podio de México 68, el segundo lugar estaba vacío.
Murió sin que nadie le pidiera perdón, el 9 de octubre de 2006. Los ya sexagenarios Smith y Carlos viajaron hasta Melbourne y llevaron el féretro en el funeral. La banda que acompañaba el cortejo tocaba “Carrozas de fuego”. El sobrino de Norman, Matt, había hecho un documental sobre su tío: no consiguió financiación en su país, pero logró terminarla igual. Después de colarla en el circuito de festivales y cosechar media docena de premios, el Comité Olímpico declaró el 9 de octubre Día Mundial del Atletismo. La marca de 20.07 sigue sin ser superada en Australia hasta el día de hoy. Ningún otro record en el atletismo mundial ha durado tanto.

TARDE OTOÑAL

 Tarde otoñal  y por sus cuatro costados. Tarde nublada vestida con su traje gris plomizo tarde no cansina ni aburrida porque el aburrimient...