REJAS (Batania)



REJAS



Ni el amor
ni la familia
ni la escuela
ni la iglesia
ni el estado
me dieron
ninguna libertad.

Y sin embargo,
puestos a elegir rejas,
prefiero
las
tuyas.


Batania

EL TEDIO (Ángel Crespo)






El tedio a veces es como el amor;
mana de las cavernas
del pecho, se dilata,
atraviesa la estancia y los cristales
y se difunde hasta perderse
de vista.
Y, barnizado
con su color distinto,
es más íntimo el mundo.


Ángel Crespo

DEMASIADO TARDE



Ahora sí que pienso que no me va a dar tiempo

de hacer lo que nunca hice

pero que siempre supe que tenía que hacer.


Se me está haciendo demasiado tarde

para emprender semejante tarea.

Y reclamo más tiempo,

más disciplina,

más ilusión

y más ganas de comerme el mundo.


 

MI ESPACIO

 






Me gusta contemplar la vida

desde el ángulo más inverso posible,

verle el culo y su almorrana,

la espalda, los omóplatos, el cóccix, el sacro,

su hueco poplíteo

y por supuesto, su tendón de aquiles.


Me gusta la vida vista del revés,

con óptica de agujero negro,

con perspectiva de cámara oscura

y observar como se acercan o se alejan

sus curvas de mujer incomprendida.


A mis años...

 las curvas se difuminan 

entre la bruma de la mañana

y las cataratas que cuelgan de mis ojos

y al final, ese va a ser mi espacio,

entre mis pestañas 

y las telarañas que cuelgan desde mis cejas.


 

EL SILENCIO (Mario Benedetti)






EL SILENCIO



Qué espléndida laguna es el silencio
allá en la orilla una campana espera
pero nadie se anima a hundir un remo
en el espejo de las aguas quietas

Mario Benedetti

VIENTO DEL NORTE

 

No hay nada más odiado

que un café descafeinado al despertar

me parece ñoño como un coño desvaído y deprimido.


No hay nada más mierda

que el engaño disparado a quemarropa.


No hay santos, ni bendiciones,

hay arrugas y piel reseca por el tiempo,

hay aire contaminado por falta de vicio

eran otros tiempos... los nuestros

(cuando había vicio y deseo)

tiempos donde aliento y viento procedían del mismo túnel del tiempo,

donde la brisa fresca corría por tu camisa azul celeste

y por donde mis dedos trazaban autopistas al cielo...


Estábamos condenados al fracaso,

y por eso afirmo que no hay peor fracaso

que el fracaso intuido por el olfato

y que por suerte o por desgracia,

aún conservo

y más cuando sopla viento del norte.


Y es que entonces, lo veo todo más claro.

TRES POEMAS DE QUIÉN HABLA (José Fernández de la Sota)







AUTOFAGIA


Pero ahora con toda la vida por detrás es la vida
la que te empuja. El desgastado
reloj de sangre. El alimento
de tu propia lengua.



LAGO DE TIZA


Los recuerdos se crean,
se inventan.
Las biografías mienten.
Los libros de poemas se fabrican
con sentimientos falsificados,
trampantojos
e ilusiones ópticas: un lago
hecho con tiza en el asfalto
donde
poder ahogarse.



POEMA DEL ESPEJO


El poema no sirve para nada.
Espejo muerto de la nada —dijo
un poeta hace mucho tiempo. Se llamaba
Josef Waskiewitz. Se llamaba
sin voz. No encontraba. Hablaba
de lo que no sabía ni podía saber.
Hablaba sin querer. Soñaba sin cesar.
Sabía que nada sirve para nada
menos el poema, espejo roto, aguja
aguda de la nada. Todo empieza
y nada acaba porque todo cabe
en el poema del espejo —dijo
Josef Waskiewitz hace mucho.

Entonces
cerró los ojos y empezó a escribir.


José Fernández de la Sota – Quien habla

ANGELUS (Mario Benedetti)






ANGELUS



Quién me iba a decir que el destino era esto.

Ver la lluvia a través de letras invertidas,
un paredón con manchas que parecen pronombres,
el techo de los ómnibus brillantes como peces
y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo,
aquí no hay horizonte.

Hay una mesa grande para todos los brazos
y una silla que gira cuando quiero escaparme.
Otro día se acaba y el destino era eso.

Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:
siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,
y, claro, está prohibido llorar sobre los libros
porque no queda bien que la tinta se corra.


Mario Benedetti

EL SILENCIO (Federico García Lorca)

 Federico García Lorca (O silêncio)






EL SILENCIO




Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.


Federico García Lorca

LORENA LARRAÑAGA

  Nadie recuerda el instante en que comenzó a existir, ni qué oscuridad precedió a la primera conciencia. La vida sucede sin pedir permiso, ...