VIAJES (Pedro M. Martínez)

 

Viajes.

 

Kazuo Shiraga 

Viaje de ida con cifras a la espalda, sangre, sudor y lágrimas por carreteras que corren por pueblos diminutos, montañas envueltas en membrillo de nubes, escarcha de nombres, azucenas amansándose en la garganta, los recuerdos que afloran, tímidos primero (el chalet ahora abandonado, que nos metíamos en la cama el viernes por la noche y no nos levantábamos ni para comer; las persianas de las ventanas que daban al camino, cerradas; el culo empinado de E. cuando se asomaba para ver los peces rojos tiritando en el cauce transparente del arroyo bajo la cocina; nuestros cuerpos dándose calor; juegos desnudos; mi niña E. que dio vuelta a mi vida, que la llenó de amarillos pétalos de diferencia, etcétera), el pantano detenido, con juncos helados, pellizco de árboles blancos, frío en las orejas aguzadas por el silencio, tanto olvido, aroma de nada, calma en mis manos cóncavas que reciben cuchilladas de la nostalgia, creciendo (que tenía MC tanta necesidad de amor que se entregaba sin medida a nuestra impaciencia; que se perdía su caudal de Caperucita equívoca por bosques absurdos; que enfrentaba mi razón y mi instinto; que nunca fue; que murió de forma trágica después de una vida trágica; justo paso ahora por la casa donde nos vimos por última vez, etcétera) soledad de campos con aves de paso acurrucadas en el vacío, caseríos salpicados por las laderas, unas ovejas mudas, un caballo, un gato que huye por los charcos, una bicicleta en un balcón, el coche del panadero, el camión del butano, mi coche atravesando el ahora y el ayer, mi memoria arrodillada (A, su padre desaparecido; su madre vestida de rencor; ella y yo entrelazados en la torre, jadeantes mientras B nos miraba, excitada, desde la puerta; la única vez que he amado sin deseo; que era un engaño aquella pasión; que los dos queríamos otra cosa; que me sentía sucio, confundiéndola, traicionándome; etcétera) la ermita destacando entre los pinos, suena una campana que acaricia mis oídos como una hebra de luz, me duelen las costillas de recordar, lástima de vida que corre tan rápido, que me deja atrás en esta mañana brumosa que se mece por carreteras que había olvidado, por nombres que me muerden como perros negros, que se me abren las heridas y también fui ese, viaje de vuelta.


 

LAS MANOS DE MI PADRE (Cysko Muñoz)






LAS MANOS DE MI PADRE


Las manos de mi padre
están hechas
de tierra seca
y agua de acequia.

De puño de azada
y manojo de esparto
de un millón de surcos
de barro
secándose al sol.

Las manos de mi padre
nacieron viejas
cultivadas entre
fanegas de injusticia
y de miseria,
pero siempre supieron
plantarle cara a las lágrimas
con un golpe en la mesa.

Las manos de mi padre
no tienen destino en las líneas,
nunca existió el futuro
para quien lo ha de pelear
cada día...

Y aún así
las manos de mi padre
siempre huelen a
tomillo en el monte
y a frío en el alba
y siempre tienen
trigo en las palmas
y siempre bailan
con un fandango
de voz antigua y quebrada.

Por eso no entiendo que hoy,
en la comodidad distraída
de esta gran ciudad,
cuando la tierra hace
tiempo que yace olvidada
- pero sus dedos aun son
ramas de olivo -
que hoy, haya reconocido

de repente sus manos
en el contorno de mis nudillos.

Las manos de mi padre están en mi.

Cysko Muñoz

PASO DEL TIEMPO

 


Hoja que caída sobre el cristal.

Liviana, exhausta, palidecida,

debilitada, anémica otoñal.

Y cada hoja que cae...

es un granito menos de arena en nuestra existencia.


Yo lo noto: como cada año que  pasa

me vuelvo más etéreo,

mas volátil, más versátil,

más anodino, más heterodoxo,

menos hábil,

más dolorido,

mucho más dolorido,

más tranquilo y menos inquieto,

más amable, más cariñoso,

más transparente y traslúcido,

con menos luces

pero cuando se me enciende una

lo celebro mucho más que antes.


EN LAS AFUERAS DE LA REALIDAD

  








En las afueras de la realidad,

viven libres nuestros fantasmas y monstruos.

De vez en cuando les dejamos entrar

para que puedan comprobar el estado de nuestra ansiedad.



CARMINUS (Amalia Bautista)

 Amalia Bautista (Carminus)





CARMINUS



No es una pesadilla y no es un dulce sueño.
Empieza a amanecer, camino sola
por calles de un lugar que no conozco
en el que no me siento extraña ni extranjera.
Aun así me sorprende cada cosa,
la luz que va llegando a las paredes,
el eco de mis pasos, el olor de los patios
con naranjos y fuentes y azulejos,
el temblor que me agita en una esquina
(quizá el frío, quizá la negra vida).
Abiertos los zaguanes a mis ojos,
su frescor, su penumbra, parece que me hablan
en un idioma antiguo que mi sangre recoge.
Tantas puertas abiertas como bocas,
pero tu voz no sale de ninguna.
Y ninguna me llama por mi nombre.


Amalia Bautista

CAMINO INCLINADO (Leopoldo María Panero)

 Leopoldo María Panero (Caminho inclinado)






Marcho inclinado, mirando al suelo
lleno de peces que sudan
como mi barriga
llena de cerveza que sube y que baja
sobre la acera, al compás de mis pasos: elefante
mirando al suelo, grasa de ballena, rostro
reflejado en las risas de los hombres.
Casanova era así, de viejo,
me digo
para no insultarme: apedreado
por niños al crepúsculo.
Marcho inclinado, mirando al suelo;
los muertos están boca abajo. Sin duda
moriré en la calle.
Entro en el bar y el cervecero
ya está, como siempre, la copa en la mano
anunciando mi muerte.



LEOPOLDO MARÍA PANERO
Últimos poemas

EL SUR



¿Cuántos kilómetros de playa me decías que tenía esto?,

no sé, son muchos...

casi todo es línea de playa y se juntan la una con la otra,

y forman

una larga e inmensa sonrisa de arena fina y blanca...


Dicen que cuando llega la noche

se ponen a descargar fardos de hachís...


Porque aquí se vive algo del turismo,

otra parte pequeña de la pesca

y el resto, vive de lo que puede

y ahí entra turismo, pesca ilegal y fardos de costo,

en fin, te tienes que buscar la vida como mejor puedes.


Aquí no hay industria

ni grandes fábricas como hay en el norte,

aquí sólo están los astilleros

que de cada vez más están con el agua al cuello

y porque dicen que no se encargan barcos hechos en España,

dicen los armadores, que le salen más caros

y por eso los traen desde la India o desde Corea

o desde la misma China...


Ahora se les tiene fabricando armas para exportar...

sí, he dicho armas

y fijaros como es la vida de cabrona,

los trabajadores fabrican armas que sirven para matar

pero coño...

 quieren mantener su puesto de trabajo por encima de todo

y aunque sea a base de que se maten otros.


Manos encallecidas

pero manchadas de sangre.


Esto es el Sur,

el Sur de España,

el Sur del continente europeo,

el Sur que linda con Marruecos,

el Sur que mira al norte con cara de hambre.

COMO UN VIEJO (Leopoldo María Panero)

 

2.6.19

Leopoldo María Panero (Como um velho)





Como un viejo chupando un limón seco
así es el acto poético.
El caballo con su espada
divide la vida en dos:
a un lado el placer sin nada
y al otro, como mujer vencida
la vida que despide mal olor.


Leopoldo María Panero


HIJOS DE LA BONANZA (Rocío Acebal Doval)

 

HIJOS DE LA BONANZA UN POEMA DE ROCÍO ACEBAL DOVAL

 

 

 

 

HIJOS DE LA BONANZA

 

 

 

Mi infancia son recuerdos de un piso a las afueras

y un huerto descuidado en la ventana;

mi juventud, veinte años de cuaderno de inglés.

 

Conseguirás —dijeron—

mucho más que tus padres y sus padres:

estudia cuatro años y tendrás un trabajo,

trabaja y vivirás siempre tranquila;

trabaja y serás digna de un futuro.

Asentí, como todos —hijos de la bonanza—.

 

No atendimos a aquel presentimiento,

aquel olor a pólvora —aún distante—

que asomaba en voz baja

como un eco de angustia a puertas de palacio.

 

De aquel país ajeno a las fronteras

solo guardo el recuerdo de la luz

y una aversión a la palabra patria.

 

 

 

Rocío Acebal Doval

Hijos de la bonanza

Pink Floyd - Dark Side Of The Moon

TARDE OTOÑAL

 Tarde otoñal  y por sus cuatro costados. Tarde nublada vestida con su traje gris plomizo tarde no cansina ni aburrida porque el aburrimient...