VOLAR Y LLEGAR A TOCAR EL INFINITO

 


Y yo que caminaba como si estuviera pisando huevos

e intentando ser más liviano que una hoja caduca mecida por

 el viento

cosa que me resultó imposible de realizar

y porque ahora en la vejez el cuerpo pesa más del doble que

 antes

la báscula te puede marcar los mismos kilos

pero la báscula no tiene en cuenta

todo el peso que llevan tus ideas y pensamientos

y todos los resquemores y sin sabores que fuíste acumulando

y por eso uno no flota como antes lo hacía.

Y yo me acuerdo 

cuando iba por las rocas del mar y saltando de una en una

o de dos en dos o mismo de tres en tres

y no había quién me hiciera caer

era un puto mago sin alas que no tenía tantas preocupaciones

o era una bestia que volaba sin alas

y era como esas tantas personas

que pueden volar sin tener alas.

Alas nunca tuve

pero dentro de mi cabeza

las tuve varias veces

y por eso a veces me escapaba cuando me sentía más atrapado

 o yo dejaba a mi cuerpo de cuerpo presente

mientras mi cabeza se iba con sus alas desplegadas.

Es un don que tenemos algunos

nos desdoblamos en dos mundos

en uno nos vamos volando y hasta el infinito

y hasta más allá de todo lo imaginado

y en el otro, tenemos que aguantar el chaparrón.

Está claro, 

que yo prefiero volar y llegar a tocar el infinito.














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