Sábado.
Otoño con tiempo otoñal.
Sábado, nunca reconocido como tal
y por estar entre dos orillas
la una, la del viernes, que hace nada acabas de dejar
y cuando te levantas el domingo
entonces comprendes
que no habías hecho nada nuevo
la misma resaca de todos los domingos
el panorama demasiado nublado
una cefalea colosal
unas náuseas y unos vértigos siderales
y unas inmensas ganas de volver a la cama
y dormir hasta que la vida no te haga sufrir más.
Si tuviera que escoger el mejor día de toda la semana,
sería un Sábado.
Lo tengo claro
y aunque ya sea bastante tarde
estoy obligado a hacerle un homenaje
en señal de reconocimiento.







