PSIQUIATRAS Y DEMÁS

 Vamos a ver, tampoco hagamos sangre con lo infeliz que he sido. Porque primero y hablando en general he sido más feliz que infeliz o por lo menos así yo lo percibo, aunque por el camino hubiera voces con cierto peso, que me querían convencer de lo contrario y porque a lo largo de mi vida, he tenido momentos que eran para echarse a llorar y alguno de estos buitres quisieron aprovechar ese momento de debilidad y para cebarse conmigo. Y como no, solían ser psiquiatras de cierto prestigio local y algún que otro psicólogo que también se añadía a la merendilla y hasta hubo veces, en se sumaron los dos juntos y para repartir y compartir su festín. Me ponían de vuelta y media y porque ellos pensaban que todos mis problemas eran creados por mi mismo, por mi propia maldad, porque era un mentiroso patológico y porque disfrutaba engañando a los demás. Y claro y si uno partía de esas previas premisas ¿pues que coño iban hacer?. Pues ir con toda su artillería a por mí y lo primero que hacía, era empastillarme hasta las cejas y así anularme como persona y convertirme en un guiñapo de trapo. Después y posteriormente te seguían embutiendo de todo tipo de pastillas y hasta conseguir una dependencia total hacia algunas de esas pastillas y entonces daban por concluído la primera parte de ese proceso. Ya me tenían en sus manos y totalmente esclavizado debido a las pastillas y si te portas mal, no te daremos más de esa pastillas y si te portas bien, pues te las seguiremos dando. Tengo conmigo la sensación de que ni uno de estos profesionales de pacotilla, nunca me escuchó lo que decía o lo que yo pretendía transmitir y por eso al final, el resumen  de todo esto, era te voy a dar pastillas de éstas y te quito alguna de las otras y vamos a probar unas nuevas que dicen que son la rehostia y quedamos para la semana que viene y me cuentas como te han sentado. Nadie se ha parado conmigo demasiado tiempo y si se ha parado un poco era para diagnosticar mi estado mental y una vez claramente clasificado, pues el tema resultaba ser mucho más fácil y éste caso en concreto, tiene éste tratamiento y sólo habrá que ir ajustando las dosis. 

Sólo hubo un psiquiatra entre todos los que ví, que me escuchaba un poquito y tengo su cara guardada en lo más profundo de mi alma y de mi memoria. Quedábamos y hablábamos y sobre todo, nos escuchábamos y por eso y de cada vez, yo me sentía más partícipe de los cambios que podía dar para mejorar mi estado mental... Pero por diversas circunstancias de la vida, nuestra relación profesional duró muy poco o eso me pareció a  mí. No llegamos ni a un año y una cita de una hora cada 15 días, siempre me parecieron demasiado poco. Me daba la medicación mínima e imprescindible para que no entrara en una crisis psiquiátrica. No me ponía ciego hasta las cejas, ni me hacía dormir 12 horas seguidas y levantándote con una resaca que te cagabas patas abajo. Era muy buena persona y mejor profesional y yo lo admiraba hasta la extenuación. Y faltaría más que yo no lo hiciera y sobre todo después de haber pasado por 10 payasos que decían que eran psiquiatras. Me acuerdo de varios que cumplían con todos los tópicos que de aquellas tenía el típico prototipo de un psiquiatra: barba espesa y larga pero tampoco demasiada larga y con un cierto toque a descuidada pero sin pasarse, gafas redondas que a su vez, iban cambiando su posición sobre la nariz a demanda de su dueño, fumadores de pipa y con su asqueroso olor a pipa, pantalón de pana marrón, azul oscuro o negro, camisa a cuadros y con los codos desgastados (parecidas a las de un leñador), mirada siempre huidiza y un tanto desconfiada y como si estuvieran buscando algo que nunca habían encontrado y os puedo asegurar que al paso que iban, jamás la iban a encontrar. Nunca se levantaban a saludarte y para darte la mano y yo creo que lo hacían para mantener una distancia terapéutica, pero para mantener ese tipo de distancia, no hacía falta ser un maleducado. Les gustaba sentirse poderosos y por eso te miraban con esa especie de desprecio que el poderoso tiene hacia el débil y tú entrabas en su despacho sintiéndote que eras un mierda y el tío te hacía sentir que eras más mierda todavía. Y de su despacho salías hecho un gusano o una larva y que aún te hacía sentir más asco hacia ti mismo.

Me acuerdo de uno en concreto que tuve la desgracia de tener que soportar en mi última estancia en un psiquiátrico y lo tuve que sufrir durante el mes que allí estuve encerrado. El menda era Argentino y para que así se complieran todos los tópicos sobre los psiquiatras y los argentinos. Pues el tío era un pedazo de hijo de puta con todas las letras. En principio odiaba a todo tipo de pacientes psiquiátricos y no desperdiciaba ni una, para machacarnos y humillarnos y nos trataba como si fuéramos delincuentes, además de violadores. Que tipo más asqueroso y yo pensando como podría quitármelo de encima e hice un ligero amago y para hablar con la directora de aquél psiquiátrico, pero pude observar que su actitud ante el tema, era cerrarse en banda y que no iba mover ni un sólo dedo. O sea que tuve que dar marcha atrás y me obligué a tener que pensar en positivo: sólo era un mes de encerrona si te portabas bien y ver a ese ser tan despreciable durante una hora a la semana y cambiando de táctica, a lo mejor la cosa no sería tan grave. Y así fue y a partir de ahí hablé con él en monosílabos y obvié cualquier discusión posible y porque sólo tenía una idea en mi mente y era salir al mes y que le fueran dando al puto psiquiatra de mierda.

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